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El porcentaje o interés

[19/03/2017] Ubicado en: Formación Financiera, interés, porcentaje

El interés se puede definir como el pago por el arrendamiento del dinero. Siendo así, en finanzas, es un índice que se utiliza para medir la rentabilidad del ahorro, la rentabilidad de una inversión o, por ejemplo, calcular el costo de un préstamo.

Interés
Interés

 

El interés se encuentra ligado a la historia del propio dinero y a los bancos después. Ya en la Biblia encontramos reminiscencias en, por ejemplo, “la parábola de los talentos” de Mateo. Sin embargo, en la Edad Media, la religión cristiana veía como un pecado (la usura) el préstamo con intereses justificando el hecho de que se creaba dinero desde la nada, por el simple hecho de prestarlo. En base a esto, eran los judíos los que se dedicaban al préstamo convirtiéndose en los núcleos del negocio bancario dando lugar a los primeros casos de préstamos y banca. En el Renacimiento, se consideraba como “justa compensación” por el beneficio que obtenía el prestamista. Y, hoy, el interés se establece como algo legal y, además, está regularizado.

Cuando de rentabilidad de inversión hablamos, no lo hacemos hablando de dinero; lo hacemos hablando del interés obtenido, bien sea positivo o negativo. Me explico. Imaginaros la conversación de estos dos amigos inversores:

- Este mes he ganado 1.000€ en la Bolsa –dice uno.

- ¡Qué curioso! Yo también he ganado lo mismo –le responde el otro.

Seguro que os resulta coloquial, y mucho, esta conversación. Si os dais cuenta, no nos aporta nada. ¿Por qué? Porque no sabemos las cantidades iniciales que han invertido. Si ahora aclaro que el primero invirtió 1.000€ y el segundo 10.000€, la cosa cambia. En el primero, la rentabilidad es de un ¡100%! mientras que la del segundo fue del 10% que tampoco está mal.

Con esto quiero decir que si los resultados los expresamos en porcentajes, la claridad es total y nada tiene que ver la cantidad invertida. En finanzas, por lo tanto, el tipo de interés se expresa en valores porcentuales. Por este motivo, ahorradores e inversores domésticos somos todos iguales: podemos invertir como los grandes pero siendo minoristas. Los valores financieros son los mismos para unos que para otros y cuando suben o bajan lo hacen en igual porcentaje para ambos. Las rentabilidades son las mismas, lo único que cambia son las cantidades de dinero invertido.

Por lo anterior, debemos manejar, como nadie, los porcentajes. En las siguientes entradas hablaré del interés simple y compuesto, el interés nominal (TIN), la TAE (Tasa Anual Equivalente) así como cualquier regla matemática relacionada con todo esto, por ejemplo, la regla del 72.

... y luego invertir

Invertir es emplear, gastar, colocar, destinar un capital para la obtención de un beneficio. Ese capital necesario proviene, como decía en una entrada anterior, del ahorro. Por lo tanto, ahorro e inversión van de la mano.

Invertir el ahorro no es un juego, es un riesgo que puede hacer que nuestro dinero se esfume para siempre. Por esa razón, el capital destinado a la inversión debe ser diferente y estar aislado de aquél que se necesite o se pueda necesitar para nuestra supervivencia.

Toda inversión requiere su tiempo. La falta de paciencia es uno de los mayores obstáculos con los que nos vamos a encontrar en este periplo. El “pelotazo” rápido no existe, para eso están las loterías. Poco a poco se irá obteniendo un beneficio de forma recurrente.

La formación y la información serán imprescindibles para evitar el sobrerriesgo que lleva implícito la inversión. La formación es un valor añadido que será incrementado con la información. Unificando ambos criterios evitaremos hacer caso a consejos que no hemos pedido y que, en la mayoría de las ocasiones, no irán en nuestro beneficio. Las decisiones tomadas por uno mismo son las mejores (hablo por experiencia).

Es importante definirnos ante los Mercados Financieros. Es decir, ¿qué tipo de inversor voy a ser?: conservador, moderado o arriesgado. Esto tiene que ser así porque los beneficios serán proporcionales al riesgo asumido. Es muy importante tenerlo claro porque si somos capaces de limitar el riesgo, tendremos asegurado el beneficio. Recuerda que limitando las pérdidas, el resto serán ganancias.

En la actualidad los inversores domésticos tienen un amplio abanico de productos para rentabilizar los ahorros: fondos de inversión, acciones, bonos, ETF’s, Tesoro Público, etc. Es más, dentro de cada producto se abre otro extenso abanico de posibilidades. Un buen seguimiento será suficiente para ver aumentar nuestros caudales.No voy a decir que este mundo sea fácil pero tampoco son necesarios estudios de postgrado.

Los pilares básicos de la inversión, que poco a poco los iré desgranando en esta bitácora, son: formación, información, disciplina, diversificación, selección de activos, plan y horizonte de inversión.

Primero ahorrar...

[26/02/2017] Ubicado en: Ahorro, Inversión

Para poder invertir, en cualquiera de sus versiones, primero hay que ahorrar. Aquí es donde surge el primer problema. Ser ahorrador en esta situación actual, reconozco, es sumamente complicado y, por si fuera poco, nos inculcan que debemos ser más consumidores que nunca. Ahorro y consumo se puede decir que son palabras antónimas pero no por eso incompatibles.

Ahorrar es, entre otras definiciones, reservar alguna parte del gasto ordinario o guardar dinero como prevención para necesidades futuras. Si esta definición la convertimos en una fórmula matemática quedaría algo así como que

ingresos – gastos = ahorro

Atendiendo a la fórmula anterior se puede decir que el ahorro no es un extra, es una parte de la administración de los ingresos. Por lo tanto, si ingresos y gastos son valores similares, no existe ahorro. Solo si los ingresos son mayores que los gastos, existirá el ahorro siempre y cuando los gastos no estén condicionados a los ingresos que, por otro lado, es lo habitual. A mi modo de ver, utilizar esta fórmula con el fin de ahorrar es un error porque no es eficaz obtener el ahorro con lo que sobre de los gastos.

El ahorro tiene que formar parte de nuestras principales prioridades y si es la primera, mucho mejor. Bajo esta premisa, la fórmula condicionaría la partida de gastos y quedaría así:

ingresos – ahorro = gastos

Las cantidades destinadas al ahorro deben estar ingresadas en otra cuenta diferente a la que utilizamos para el consumo. A esta cuenta la llamo “cuenta hucha”, pues a modo de hucha la vamos a utilizar. Y este dinero, depositado en esa “cuenta hucha”, debe de tener liquidez inmediata y debe de estar remunerada.

El dinero que vamos a destinar al ahorro debe ser, sin condiciones, el primer recibo que se cargue en nuestra cuenta corriente como si de un recibo de luz, teléfono, coche, etc. se tratase. Como bien observaréis, lo que propongo es justo al revés de lo que pensáis la mayoría y de ahí surge el problema de no ahorrar. Lo habitual es esperar a final de mes y lo que me sobra es lo que destino al ahorro. Esto último, si sois realistas, no funciona. Es más, si me apuráis, cuando llegamos a final de mes, llegamos justos, entonces el dicho generalizado es: no puedo, no llego, es imposible o, simplemente, gano poco para ahorrar. En nuestra economía familiar el ahorro debe de estar en primera fila.

No se trata de ganar mucho o poco, se trata de ahorrar una cantidad acorde con nuestros ingresos. Cada uno, lo que buenamente pueda. Podríamos estar hablando de un 10% que, para empezar, no está nada mal. De la misma forma que gastos son equiparables a los ingresos individuales de la persona, así debe ser el ahorro. De ningún modo podemos gastar más de lo que ganamos, si así actuamos, no ahorramos e irremediablemente iremos a la quiebra.

Puede parecer repetitivo, pero esto mismo lo explican formidablemente dos abuelos de un pueblo de Soria en un vídeo, ya conocido por todos, y que no está de más recordar. Os pongo aquí el enlace.

Trucos para ahorrar hay miles. Usa un buscador web y lo puedes comprobar por ti mismo. Todos son efectivos pero no eficientes. ¿Por qué? Porque no se ponen en práctica. El secreto no está en intentar ahorrar, está en ahorrar.

Formación financiera desde el colegio

[19/02/2017] Ubicado en: Formación Financiera

Algunas veces, según ha ido pasando el tiempo y viendo a mi hijo que está estudiando lo mismo que yo estudié en su momento, me he preguntado qué utilidad tiene en la vida cotidiana algunos conceptos que estudié en la infancia y en la adolescencia. La primera respuesta que me viene a la cabeza es que forman parte de mi cultura general y eso ya es importante. Pero dediqué horas y horas en matemáticas, por ejemplo, a derivar e integrar. En física, cinética y dinámica. En ciencias naturales, el aparato digestivo y circulatorio de los insectos. El literatura, leer a los clásicos. En filosofía, descubrir a los pensadores. En lengua e idiomas, lo obvio. En economía y finanzas…, es curioso, no recuerdo haber estudiado nada: la suma y la resta, quizás; o el porcentaje, en el mejor de los casos. Y, mira por dónde, las finanzas están presentes durante toda la vida del ser humano, ¿sin saberlo?

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Por casualidad, ha llegado a mis manos un informe del Instituto de Estudios Financieros (IEF) donde muestra el escaso conocimiento que tienen de economía y finanzas los universitarios ajenos a estas materias. Fijaros, sólo un 10% de ellos saben diferenciar una cuenta corriente de un depósito. El 70% no sabe qué se necesita para contratar una hipoteca. No diferencian un préstamo de un crédito. Y no saben qué es un pagaré. Ante estos resultados, creo que hay que hacer algo por nuestros hijos para que puedan estar inmersos dentro de un plan de conocimientos de economía y que la educación financiera forme parte, como asignatura, en las aulas de la educación obligatoria aunque solo sea. Lo mejor del informe, a modo de moraleja, es que son conscientes de la total desinformación que poseen en economía pero muestran una buena predisposición a recibir toda la información que exista al respecto y que sean capaces de asumir y asimilar.

Niñas contando dinero. Murillo

Las normas básicas de economía forman parte, y así debe de ser, de nuestra vida cotidiana. Entonces ¿por qué no se dedica un poco de tiempo a la enseñanza de esta materia? Pues, siendo sinceros, da la impresión de que a ciertos sectores no les interesa que la sociedad tenga conocimientos, aunque mínimos, sobre finanzas. Siendo así, el terreno está abonado para que proliferen en la sociedad ejemplos de inversiones desastrosas como hemos, estamos y seguiremos viendo aprovechando la ignorancia financiera de los ciudadanos. El bienestar de un país tiene mucho que ver con la economía pero nos encontramos con la gran desgracia de que está regida por unos pocos, sin demasiados escrúpulos, que no les importa demasiado el que las decisiones que tomen pueden tener nefastas repercusiones entre los usuarios más desfavorecidos por no conocer las normas del juego de la inversión y el ahorro.

La gestión financiera es una materia muy reciente en la vida del individuo. Las clases medias se han ido poco a poco acercando a este mundo prácticamente desconocido con anterioridad encontrándose con una serie de productos, fruto de la ingeniería financiera, sumamente complicados y sofisticados. Comprendo que el sistema financiero cada vez está teniendo más adeptos y está adquiriendo una gran importancia entre todos nosotros pero lo más preocupante es que, hoy por hoy, buena parte de la información financiera viene por la vía de la banca. La escuela, como siempre, va unos años por detrás de los avances pero seguro que no tardará en hacerse eco de esta situación y veremos a nuestros hijos estudiando y participando de este pastel que no siempre es dulce.

No cabe duda que en un momento de nuestra vida nos encontraremos con las finanzas. Aparecerán, sin buscarlos, los depósitos, los fondos, los valores cotizados, la deuda pública, la renta fija, las preferentes, el interés fijo y variable, la hipoteca, la inflación, los planes de pensiones…, en fin, seguro que podría rellenar toda esta entrada enumerando productos y, al final, se me olvidaría alguno.

Entendiendo la problemática anterior ¿qué podemos hacer nosotros para que nuestros hijos no cometan los mismos errores? A mi modo de ver, lo primero, es poner en práctica aquello que nos inculcaron nuestros abuelos: “La doctrina sale de la cocina”. Los padres también debemos tomar parte activa en la formación de nuestros hijos, no solo los centros educativos tienen esa obligación. Por lo tanto, no está de sobra inculcarles a nuestros hijos algún tema financiero como el ahorro pues, con unas sencillas pautas, les ayudaremos a apreciar el valor del dinero y la utilidad del ahorro para luego poder explicarles que el dinero es capaz de trabajar para nosotros. Actuando así les haremos responsables de sus pequeñas (ínfimas) decisiones económicas que le vendrán como anillo al dedo para el resto de su vida. El informe que hablé al principio, también comenta que los jóvenes que reciben formación financiera básica son más propensos al ahorro y mucho más eficientes en su gestión que, al fin y al cabo, es lo que realmente interesa.

Las recomendaciones de los psicólogos, en temas financieros, también van enfocadas por este camino: el niño debe conocer el alcance del dinero; con él se pueden conseguir la mayoría de las cosas (no todo) para intentar que resurja en ellos el despertar financiero para que sean capaces de mantener (aunque solo sea en parte) el hábito del ahorro. La primera lección que estos profesionales indican es que la “paga” no es algo que viene del aire, tiene que existir la conciencia de que esa “paga” se les da por algún motivo (porque se lo ha ganado) independientemente de que los padres tengan la obligación legal de mantener a sus hijos y esa lección, debe de incluir también cómo conservar y gestionar por si mismo ese dinero. Recomiendan también la típica partida al Monopoly y las innumerables aplicaciones informáticas y móviles que les enseñan a ahorrar de forma divertida e intuitiva.

Esta bitácora, en su afán de mostrar los diferentes productos bancarios y financieros, también tiene un hueco para los más pequeños y es que, como no podía ser de otra forma, los bancos han ideado productos para ellos, no porque les interese realmente sino más bien porque son, para un futuro, posibles clientes que ya están integrados en sus redes y, no olvidemos, que no es muy habitual que los ciudadanos cambiemos de banco a no ser que sea por alguna que otra causa extrema.

Estos menores, si logran rendimientos, tienen la consideración irrevocable de contribuyentes del IRPF. Por lo tanto, cuidado a la hora de hacer la declaración de la renta pues, en ocasiones, puede salir el tiro por la culata si los padres deciden gestionar directamente el dinero de su hijo como si fuera suyo, utilizando productos que aporten generosos beneficios pues se puede perder el mínimo por descendiente a que tienen derecho los progenitores.

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