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Tasa de Interés Nominal (TIN)

[19/04/2017] Ubicado en: TIN, interés, porcentaje

La Tasa o Tipo de Interés Nominal (TIN), también conocido como Interés Nominal, es la rentabilidad que proporciona una operación financiera por capitalización simple en un tiempo determinado y teniendo en cuenta solo el capital inicial aportado.

Para calcular cuál será el capital total resultante de una operación que se realiza mediante el Interés Nominal, utilizaremos la siguiente fórmula:

Cf = Co (1 + n * i)

Donde Cf representa el capital resultante en el periodo de tiempo que vendrá expresado por n.

Co representa el capital inicial.

i es el porcentaje aplicado y expresado en tanto por uno.

Ejemplos:

  • 3% mensual de 1000 euros.

Cf = 1000 (1 + 1 * 0,03) = 1030       

  • 2% semestral de 1000 euros.

Cf = 1000 (1 + 1 * 0,02) = 1020

Obsérvese que el tiempo no tiene que ser necesariamente un año natural.

No confundir el Tipo de Interés Nominal con el Tipo de Interés Real. La diferencia radica en que el Interés real es la diferencia entre el TIN y la inflación. La inflación, no nos olvidemos, es una pérdida de valor real del dinero que hay que descontar como si fuese un gasto.

Hasta hace muy poco, cuando se hablaba de Interés Nominal, siempre se consideraba como un valor positivo porque no se conocían los intereses negativos. A partir de ahora, ya conocemos lo que es un interés negativo pero desconocemos sus consecuencias reales.

Del mismo modo, el Interés Real también se puede posicionar en negativo: porque el interés sea negativo en sí o porque la inflación se convierta en deflación (inflación negativa).

Ejemplo de interés negativo:

-1% anual de 1000 euros

Cf = 1000 [1 + 1 * (-0,01)] = 990

Interés simple y compuesto

El interés es el rendimiento que produce un capital siendo proporcional al volumen del capital inicial, a la duración de la inversión y al tipo de interés. Se diferencian dos tipos: el simple y el compuesto.

Interés simple y compuesto
Interés simple y compuesto

 

INTERÉS SIMPLE

En este caso los intereses que se generan en un periodo de tiempo no se agregan al capital para el cálculo de los intereses del siguiente periodo.

Su fórmula es la siguiente:

Interés simple = Capital * i * n

siendo “i” el interés nominal en tanto por uno (al expresarse habitualmente en tanto por ciento basta con dividir entre 100 para pasar a tanto por uno) y “n” el número de periodos.

La operación inversa al interés simple es el descuento simple que tiene mucha utilidad cuando invertimos en deuda pública o en pagarés, por comentar alguno de sus usos.

 

INTERÉS COMPUESTO

Al contrario que en el interés simple, los intereses se acumulan al capital para producir conjuntamente nuevos intereses al final de cada periodo de tiempo.

Algo mágico debe de tener el interés compuesto que el propio Albert Einstein, que de tonto tenía lo justo, lo consideraba como “la octava maravilla del mundo al ser la fuerza más poderosa del Universo”. Y algo de cierto debe de tener porque la base de todas las inversiones se basa en dejar que el tiempo haga crecer nuestros ahorros de manera exponencial reinvirtiendo lo ganado.

Su fórmula es la siguiente:

Interés compuesto = Capital * [(1 + i) n – 1]

siendo “i” el interés nominal en tanto por uno y “n” el número de periodos.

El porcentaje o interés

[19/03/2017] Ubicado en: Formación Financiera, interés, porcentaje

El interés se puede definir como el pago por el arrendamiento del dinero. Siendo así, en finanzas, es un índice que se utiliza para medir la rentabilidad del ahorro, la rentabilidad de una inversión o, por ejemplo, calcular el costo de un préstamo.

Interés
Interés

 

El interés se encuentra ligado a la historia del propio dinero y a los bancos después. Ya en la Biblia encontramos reminiscencias en, por ejemplo, “la parábola de los talentos” de Mateo. Sin embargo, en la Edad Media, la religión cristiana veía como un pecado (la usura) el préstamo con intereses justificando el hecho de que se creaba dinero desde la nada, por el simple hecho de prestarlo. En base a esto, eran los judíos los que se dedicaban al préstamo convirtiéndose en los núcleos del negocio bancario dando lugar a los primeros casos de préstamos y banca. En el Renacimiento, se consideraba como “justa compensación” por el beneficio que obtenía el prestamista. Y, hoy, el interés se establece como algo legal y, además, está regularizado.

Cuando de rentabilidad de inversión hablamos, no lo hacemos hablando de dinero; lo hacemos hablando del interés obtenido, bien sea positivo o negativo. Me explico. Imaginaros la conversación de estos dos amigos inversores:

- Este mes he ganado 1.000€ en la Bolsa –dice uno.

- ¡Qué curioso! Yo también he ganado lo mismo –le responde el otro.

Seguro que os resulta coloquial, y mucho, esta conversación. Si os dais cuenta, no nos aporta nada. ¿Por qué? Porque no sabemos las cantidades iniciales que han invertido. Si ahora aclaro que el primero invirtió 1.000€ y el segundo 10.000€, la cosa cambia. En el primero, la rentabilidad es de un ¡100%! mientras que la del segundo fue del 10% que tampoco está mal.

Con esto quiero decir que si los resultados los expresamos en porcentajes, la claridad es total y nada tiene que ver la cantidad invertida. En finanzas, por lo tanto, el tipo de interés se expresa en valores porcentuales. Por este motivo, ahorradores e inversores domésticos somos todos iguales: podemos invertir como los grandes pero siendo minoristas. Los valores financieros son los mismos para unos que para otros y cuando suben o bajan lo hacen en igual porcentaje para ambos. Las rentabilidades son las mismas, lo único que cambia son las cantidades de dinero invertido.

Por lo anterior, debemos manejar, como nadie, los porcentajes. En las siguientes entradas hablaré del interés simple y compuesto, el interés nominal (TIN), la TAE (Tasa Anual Equivalente) así como cualquier regla matemática relacionada con todo esto, por ejemplo, la regla del 72.

... y luego invertir

Invertir es emplear, gastar, colocar, destinar un capital para la obtención de un beneficio. Ese capital necesario proviene, como decía en una entrada anterior, del ahorro. Por lo tanto, ahorro e inversión van de la mano.

Invertir el ahorro no es un juego, es un riesgo que puede hacer que nuestro dinero se esfume para siempre. Por esa razón, el capital destinado a la inversión debe ser diferente y estar aislado de aquél que se necesite o se pueda necesitar para nuestra supervivencia.

Toda inversión requiere su tiempo. La falta de paciencia es uno de los mayores obstáculos con los que nos vamos a encontrar en este periplo. El “pelotazo” rápido no existe, para eso están las loterías. Poco a poco se irá obteniendo un beneficio de forma recurrente.

La formación y la información serán imprescindibles para evitar el sobrerriesgo que lleva implícito la inversión. La formación es un valor añadido que será incrementado con la información. Unificando ambos criterios evitaremos hacer caso a consejos que no hemos pedido y que, en la mayoría de las ocasiones, no irán en nuestro beneficio. Las decisiones tomadas por uno mismo son las mejores (hablo por experiencia).

Es importante definirnos ante los Mercados Financieros. Es decir, ¿qué tipo de inversor voy a ser?: conservador, moderado o arriesgado. Esto tiene que ser así porque los beneficios serán proporcionales al riesgo asumido. Es muy importante tenerlo claro porque si somos capaces de limitar el riesgo, tendremos asegurado el beneficio. Recuerda que limitando las pérdidas, el resto serán ganancias.

En la actualidad los inversores domésticos tienen un amplio abanico de productos para rentabilizar los ahorros: fondos de inversión, acciones, bonos, ETF’s, Tesoro Público, etc. Es más, dentro de cada producto se abre otro extenso abanico de posibilidades. Un buen seguimiento será suficiente para ver aumentar nuestros caudales.No voy a decir que este mundo sea fácil pero tampoco son necesarios estudios de postgrado.

Los pilares básicos de la inversión, que poco a poco los iré desgranando en esta bitácora, son: formación, información, disciplina, diversificación, selección de activos, plan y horizonte de inversión.

Primero ahorrar...

[26/02/2017] Ubicado en: Ahorro, Inversión

Para poder invertir, en cualquiera de sus versiones, primero hay que ahorrar. Aquí es donde surge el primer problema. Ser ahorrador en esta situación actual, reconozco, es sumamente complicado y, por si fuera poco, nos inculcan que debemos ser más consumidores que nunca. Ahorro y consumo se puede decir que son palabras antónimas pero no por eso incompatibles.

Ahorrar es, entre otras definiciones, reservar alguna parte del gasto ordinario o guardar dinero como prevención para necesidades futuras. Si esta definición la convertimos en una fórmula matemática quedaría algo así como que

ingresos – gastos = ahorro

Atendiendo a la fórmula anterior se puede decir que el ahorro no es un extra, es una parte de la administración de los ingresos. Por lo tanto, si ingresos y gastos son valores similares, no existe ahorro. Solo si los ingresos son mayores que los gastos, existirá el ahorro siempre y cuando los gastos no estén condicionados a los ingresos que, por otro lado, es lo habitual. A mi modo de ver, utilizar esta fórmula con el fin de ahorrar es un error porque no es eficaz obtener el ahorro con lo que sobre de los gastos.

El ahorro tiene que formar parte de nuestras principales prioridades y si es la primera, mucho mejor. Bajo esta premisa, la fórmula condicionaría la partida de gastos y quedaría así:

ingresos – ahorro = gastos

Las cantidades destinadas al ahorro deben estar ingresadas en otra cuenta diferente a la que utilizamos para el consumo. A esta cuenta la llamo “cuenta hucha”, pues a modo de hucha la vamos a utilizar. Y este dinero, depositado en esa “cuenta hucha”, debe de tener liquidez inmediata y debe de estar remunerada.

El dinero que vamos a destinar al ahorro debe ser, sin condiciones, el primer recibo que se cargue en nuestra cuenta corriente como si de un recibo de luz, teléfono, coche, etc. se tratase. Como bien observaréis, lo que propongo es justo al revés de lo que pensáis la mayoría y de ahí surge el problema de no ahorrar. Lo habitual es esperar a final de mes y lo que me sobra es lo que destino al ahorro. Esto último, si sois realistas, no funciona. Es más, si me apuráis, cuando llegamos a final de mes, llegamos justos, entonces el dicho generalizado es: no puedo, no llego, es imposible o, simplemente, gano poco para ahorrar. En nuestra economía familiar el ahorro debe de estar en primera fila.

No se trata de ganar mucho o poco, se trata de ahorrar una cantidad acorde con nuestros ingresos. Cada uno, lo que buenamente pueda. Podríamos estar hablando de un 10% que, para empezar, no está nada mal. De la misma forma que gastos son equiparables a los ingresos individuales de la persona, así debe ser el ahorro. De ningún modo podemos gastar más de lo que ganamos, si así actuamos, no ahorramos e irremediablemente iremos a la quiebra.

Puede parecer repetitivo, pero esto mismo lo explican formidablemente dos abuelos de un pueblo de Soria en un vídeo, ya conocido por todos, y que no está de más recordar. Os pongo aquí el enlace.

Trucos para ahorrar hay miles. Usa un buscador web y lo puedes comprobar por ti mismo. Todos son efectivos pero no eficientes. ¿Por qué? Porque no se ponen en práctica. El secreto no está en intentar ahorrar, está en ahorrar.

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