Primero ahorrar...

Para poder invertir, en cualquiera de sus versiones, primero hay que ahorrar. Aquí es donde surge el primer problema. Ser ahorrador en esta situación actual, reconozco, es sumamente complicado y, por si fuera poco, nos inculcan que debemos ser más consumidores que nunca. Ahorro y consumo se puede decir que son palabras antónimas pero no por eso incompatibles.

Ahorrar es, entre otras definiciones, reservar alguna parte del gasto ordinario o guardar dinero como prevención para necesidades futuras. Si esta definición la convertimos en una fórmula matemática quedaría algo así como que

ingresos – gastos = ahorro

Atendiendo a la fórmula anterior se puede decir que el ahorro no es un extra, es una parte de la administración de los ingresos. Por lo tanto, si ingresos y gastos son valores similares, no existe ahorro. Solo si los ingresos son mayores que los gastos, existirá el ahorro siempre y cuando los gastos no estén condicionados a los ingresos que, por otro lado, es lo habitual. A mi modo de ver, utilizar esta fórmula con el fin de ahorrar es un error porque no es eficaz obtener el ahorro con lo que sobre de los gastos.

El ahorro tiene que formar parte de nuestras principales prioridades y si es la primera, mucho mejor. Bajo esta premisa, la fórmula condicionaría la partida de gastos y quedaría así:

ingresos – ahorro = gastos

Las cantidades destinadas al ahorro deben estar ingresadas en otra cuenta diferente a la que utilizamos para el consumo. A esta cuenta la llamo “cuenta hucha”, pues a modo de hucha la vamos a utilizar. Y este dinero, depositado en esa “cuenta hucha”, debe de tener liquidez inmediata y debe de estar remunerada.

El dinero que vamos a destinar al ahorro debe ser, sin condiciones, el primer recibo que se cargue en nuestra cuenta corriente como si de un recibo de luz, teléfono, coche, etc. se tratase. Como bien observaréis, lo que propongo es justo al revés de lo que pensáis la mayoría y de ahí surge el problema de no ahorrar. Lo habitual es esperar a final de mes y lo que me sobra es lo que destino al ahorro. Esto último, si sois realistas, no funciona. Es más, si me apuráis, cuando llegamos a final de mes, llegamos justos, entonces el dicho generalizado es: no puedo, no llego, es imposible o, simplemente, gano poco para ahorrar. En nuestra economía familiar el ahorro debe de estar en primera fila.

No se trata de ganar mucho o poco, se trata de ahorrar una cantidad acorde con nuestros ingresos. Cada uno, lo que buenamente pueda. Podríamos estar hablando de un 10% que, para empezar, no está nada mal. De la misma forma que gastos son equiparables a los ingresos individuales de la persona, así debe ser el ahorro. De ningún modo podemos gastar más de lo que ganamos, si así actuamos, no ahorramos e irremediablemente iremos a la quiebra.

Puede parecer repetitivo, pero esto mismo lo explican formidablemente dos abuelos de un pueblo de Soria en un vídeo, ya conocido por todos, y que no está de más recordar. Os pongo aquí el enlace.

Trucos para ahorrar hay miles. Usa un buscador web y lo puedes comprobar por ti mismo. Todos son efectivos pero no eficientes. ¿Por qué? Porque no se ponen en práctica. El secreto no está en intentar ahorrar, está en ahorrar.

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