El cuidador del enfermo de Alzheimer

El 65% de los familiares que cuidan directamente al enfermo sufrirán cambios sustanciales en sus vidas y una importante merma de su salud física o psicológica, llegando el 20% a desarrollar el síndrome “Burn-Out” o del cuidador quemado.

El perfil típico de cuidador es el de mujer, hijas o cónyuge del enfermo, que actúa generalmente en solitario, ya que es rara la familia en la que sus miembros trabajen de manera equitativa para hacer de cuidadores.

 

Síndrome Burn-Out o del cuidador quemado

 

Consiste en un profundo desgaste emocional y físico que experimenta la persona que convive y cuida a un enfermo crónico incurable como el enfermo de Alzheimer. El cuidador que puede sufrirlo es aquel que le dedica casi todo su tiempo (incluso dejando de trabajar) y en solitario durante muchos años y con estrategias inadecuadas de resolución de problemas.

Se produce por el estrés continuado en una lucha diaria con la enfermedad, con tareas monótonas y repetitivas, sensación de falta de control en el resultado final.

Se desarrollan actitudes y sentimientos negativos hacia los enfermos a los que se cuida, desmotivación, depresión, angustia, trastornos psicosomáticos, fatiga y agotamiento, irritabilidad, despersonalización y deshumanización, comportamientos estereotipados con ineficiencia en resolver los problemas reales, agobio continuado y sentimientos de ser desbordado por la situación.

 

Ayudas para el cuidador

  • Aceptar que estas reacciones son previsibles y normales, pero que necesita apoyo. No olvidarse de sí mismo, el autosacrificio no tiene sentido.
  • Pedir ayuda cuando se notan estos signos, no temer acudir a un profesional (psiquiatra o psicólogo) o grupos de autoayuda.
  • Aprender técnicas de relajación.
  • Solicitar información y formación adecuada sobre aspectos médicos de la enfermedad para incrementar el sentimiento de control.
  • Marcarse objetivos reales a corto plazo y factibles en la tarea de cuidar.
  • Ser capaz de delegar en otros familiares o personal contratado.
  • Mantenerse automotivado y autoreforzarse, no fijarse solo en los fallos.
  • Cuidarse a sí mismo, los propios descansos y la propia alimentación.
  • Dejarse tiempo para asuntos propios, realizar ejercicio, evitar el aislamiento. Obligarse a mantener el contacto con los amigos y otros familiares.
  • Saber poner límite a las demandas excesivas del paciente, saber decir NO.
  • Planificar las actividades de la semana y del día a día, estableciendo prioridades de tarea, diferenciando lo urgente de lo importante, por si se diera falta de tiempo para evitar agobios.
  • Promocionar la independencia del paciente aunque haya tareas que le cuesten un poco más y las realice más lentamente.
  • Usar centros de día, residencias de respiro temporal, o personal contratado de asistencia domiciliaria.

 

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