Síntomas físicos

En la lección sobre la ansiedad sana ya comentamos que pueden aparecer para activar una alerta y ayudar al sujeto a reaccionar.

En los trastornos de ansiedad este umbral de reacción no se podría considerar como una ayuda ni una respuesta lógica.

Las respuestas físicas se mostrarían como una reacción involuntaria del organismo que el sujeto no puede controlar. Por tanto, el sujeto las viviría como desagradables y desproporcionadas. Este tipo de sintomatología responde a una activación automática del sistema nervioso.

Como ya hemos visto, se puede movilizar ante estímulos que se perciben como amenazantes, pero también se pueden accionar por pensamientos, imágenes, emociones, etc.

De todos los tipos de síntomas, los físicos son los que frecuentemente el sujeto interpreta com más molestos.

En ocasiones, el sujeto puede llegar a confundirlos con la presencia de una enfermedad física y pedir ayuda médica.

El especialista ha de intentar descartar la existencia de un origen físico y detectar si existe un trastorno de ansiedad subyacente.

Por ejemplo, frente a un ataque de angustia, el sujeto podría interpretar que su corazón no funciona de forma adecuada y acudir al médico por sentir palpitaciones, sudores, mareos y taquicardias.

En los departamentos de urgencias es habitual que se presenten personas que creen estar sufriendo un ataque al corazón, ya que el sujeto puede confundir los síntomas con una enfermedad de origen físico.

En un ataque de angustia los síntomas físicos son muy intensos
 
 
Los síntomas físicos más frecuentes en los trastornos de ansiedad son:
  • Sudoración, sofocos, escalofríos.
  • Tensión muscular.
  • Palpitaciones.
  • Opresión en el pecho.
  • Taquicardias.
  • "Nudo" en el estómago.
  • Náusea o vómito.
  • Hiperventilación (respirar demasiado deprisa).
  • Hormigueo o adormecimiento en brazos y piernas.
  • Temblores.
  • Alteraciones digestivas.
  • Dificultades respiratorias o falta de aire.
  • Vértigo.
  • Tensión y rigidez muscular.
  • Dificultades para tragar.
  • Dolores de cabeza.
  • Sensación de mareo.
  • Cansancio y fatiga.
  • Micción frecuente.
  • Sequedad de boca.
  • Alteraciones del sueño.
  • Alteraciones de la alimentación.
  • Alteraciones de la libido sexual.
 
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Conoce al autor

Roser González

Licenciada en Psicología. Terapeuta Clínica. Master en intervención social y comunitaria.

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