Jefes, Supervisores y Gerentes

Muchos pseudo gerentes, jefes o supervisores están convencidos que tienen autoridad porque se les ha dicho que la tienen.
 

Va de cuento: En este pueblo mágico (esperamos que no le quiten el título) la mayoría de los que integran el ayuntamiento son personas que no cuentan con el perfil ideal para ocupar los puestos que ocupan.

Por ejemplo (este ejemplo es hipotético): el regidor de turismo es una persona que a lo sumo cuenta con una licenciatura y no tiene la mínima idea de lo que su puesto significa. Pero eso sí, ya tiene el poder y automáticamente puede decidir, opinar y tomar decisiones en el área de turismo.

Es una persona “contaminada” políticamente y lo único que le queda claro es “jugar al juego que le dicen que tiene que jugar”. Los ciudadanos, el pueblo, las comunidades; son cosa aparte. Primero es el partido, luego yo y mis cuates.

Erich Fromm dijo, entre otras cosas: “Que terrible es dar un poder extraordinario a una persona ordinaria”. Lo que es lo mismo: ¡Nacos con poder!


4 son los tipos de autoridad que se necesita cualquier persona, para convertirse en líder de verdad y no meras caricaturas de líderes, gerentes, supervisores, o jefes:

1) Autoridad Formal: es la que se obtiene por un nombramiento que le brinda una empresa pública o privada y puede ser «por dedazo».

2) Autoridad Técnica: ¿sabe o no sabe?

3) Autoridad Moral: Sabe, es cuate, comprensivo y buena leche.

4) Autoridad Carismática: Don de DIOS; pocos lo tienen. No se deje engañar por las apariencias de un falso líder empresario o político.

 

Los verdaderos líderes tienen estas características:

1) Les gusta la gente.

2) Se comprometen.

3) Buscan responsabilidades.

4) Son innovadores (no quieren seguir “comiendo pan con lo mismo”).

5) Son justos (Dar a cada quien lo que le corresponde).

6 Aceptan las críticas.

7) Hacen equipo con todos sus subalternos.

8) No les gusta la mentira.

9) Cumplen lo que prometen.

10) Tienen autoridad Formal, técnica y moral.

 

Va de cuento: Siendo representante médico vendedor durante 2 años en la ciudad de México, fui escogido para ascender al puesto de supervisor de ventas.

Me nombraron supervisor de la zona “donde lloran los valientes”: Monterrey, Muzquiz, Palaú, Barroterán, Nueva Rosita, Piedras Negras y por supuesto Monterrey, N.L.

Muy contento y con mis tarjetas de presentación que decían Supervisor de Ventas, me dirigí a Monterrey. Estando en el terreno de los hechos, me pude percatar que me faltaba autoridad técnica y por lo mismo no pude obtener los resultados que se esperaban de mí.

Pasados 3 meses, me vi obligado al regresar derrotado a la ciudad de México, donde me convertí en el  hazme reír de todos mis compañeros representantes, que se alegraban de verme vencido y humillado.

Mi futuro me ponía dos sopitas;

1) Renunciar e irme a otro laboratorio para empezar una nueva vida profesional.

2) Quedarme, demostrarme y demostrar que sí podía con el puesto de supervisor.

Opte por la última opción; sabía que tenía que partir de menos cero y lo acepté:

Trabajé y me capacité por mi cuenta con la ayuda de muchos y diversos libros sobre el tema, y después de 2 años más obtuve nuevamente el puesto de supervisor en la ciudad de México.

Poco me duró el gusto ya que a los 6 meses me nombraron Gerente de Entrenamiento de Representantes Médicos (un puesto jerárquica y económicamente más alto que el de supervisor).

Ese fue el principio del comienzo para hacer una carrera ascendente que me dejó grandes satisfacciones que aún, hoy día, me provocan felicidad.

Aprendí que todo mundo llega a su límite de incompetencia si no se sigue preparando, si no sigue estudiando; si se conforma con lo que ha aprendido y no busca lo más reciente, lo más nuevo para aplicarlo en su vida y en su negocio. En todo lo que hace.

 

Colofón de este capítulo: “Camarón que se duerme, amanece en coctel”.

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Conoce al autor

Reynaldo Andres Serrano Becerril

Profesor de Mercadotecnia, ventas y atención y servicio al cliente en Universidad Anáhuac 1985-2010

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