Evite ordenes Verbales

Hay una sentencia muy vieja, sobre el amor, que dice más o menos así: “¡Amor, Amor, cuántas locuras se cometen en tu nombre!”

De cara a las empresas yo digo:”¡Empresas, negocios y compañías, cuántas broncas, malos entendidos y errores se cometen por no haberlo hecho por escrito!”

Uno de los errores más frecuentes que me ha tocado vivir como asesor externo de decenas de negocios y empresas de todo tipo es la resistencia de dueños, gerentes, jefes, supervisores y empleados a poner por escrito las cosas que atañen al negocio. Ya Confucio decía: “más vale la más pálida tinta, que la más brillante memoría”.

Tómelo muy en cuenta, nada de palabritas y palabritas cuando se trata de su negocio. “Recuerde que las palabras se las lleva el viento”.

Son muchas las personas que he visto negar lo que dijeron frente a uno o varios testigos.

Si se trata de su empresa o negocio no es un chiste; no permita que por desconocimiento (ahora ya lo sabe) o flojera, omita hacer la mentada minuta en cada reunión de trabajo que haga con su gente.

La minuta (también llamada muy pomposamente por algunos orden del día) es un documento que compromete a empleados y jefes a realizar acciones encaminadas a la obtención de objetivos y a responsabilizarse de sus promesas y sus acciones.

Sea formal, no permita que su empresa sea tratada como un jueguito sin importancia. Es su futuro, el de su familia y el de sus hijos cuando crezcan y se hagan cargo de ella.

 

Va de cuento: La empresa británica Rolls Royce fundada en 1906 y líder en la fabricación de motores de aviones comerciales y automóviles de lujo. En los años 60´s tuvo un director general que se sentía “soñado” y que todo lo podía y todo lo sabía. Pues bien, en cierta ocasión asistió a cerrar un trato (él no era el indicado para hacerlo) en el que una importante línea aérea comercial necesitaba comprarles varias decenas de motores a reacción.

A la junta asistió solo (debería de haberlo acompañado una docena de ejecutivos, de las diversas áreas de la empresa) y se le hizo fácil dar el precio en que les venderían esos motores de avión, sin consultar a sus ejecutivos de venta. Sin más ni más, dio un precio y se firmo el contrato. Craso error de este inflado director; con el precio que dio automáticamente toda la empresa Rolls Royce ¡cayó en quiebra!

Para evitar la catástrofe total, el imperio británico tuvo que intervenir y responder por esta grave irresponsabilidad de un director que quiso jugar al vendedor más grande del mundo. Nada se pudo hacer para reparar el daño o no hacerlo efectivo; el contrato de compra venta había quedado por escrito.

De ahí en adelante la pobre empresa, otrora compañía líder, fue de tropezón en tropezón. Fue comprada por la Ford Motor Company y lejos de hacerle un bien, le partió su mandarina en gajos; otra parte de la misma fue comprada por la firma alemana Volkswagen.

Toda esta triste historia se fraguó por la tontería y prepotencia de un director general que no supo respetar la división del trabajo y a su equipo de trabajo.

 

Colofón de este Capítulo: No bebas agua que no veas, ni firmes escrito que lo leas.

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Conoce al autor

Reynaldo Andres Serrano Becerril

Profesor de Mercadotecnia, ventas y atención y servicio al cliente en Universidad Anáhuac 1985-2010

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