Utilizar el potencial de la mente

"La mente lo es todo: te conviertes en lo que piensas"                        Siddharta Gautama (Buda)

 

Cultivar la mente

Cultivar la mente no es difícil

Aguzar el intelecto

En el esfuerzo de una persona para mejorar la capacidad de “gestionarse” efectivamente a sí misma, el hábito del fortalecimiento intelectual es primordial. Si los logros de nuestras actividades son “la producción” (Covey, 1996), la mente es parte importante de la “capacidad de producción”(*) y el mantenimiento de ésta es necesario para tenerla funcionando adecuadamente.

El mantenimiento significa para cada individuo, además de estar permanentemente actualizado en sus competencias, agregar conocimiento y destrezas que le permitan tener una visión más completa del mundo que le rodea.

Desafortunadamente, mucha gente está demasiado ocupada en obtener los recursos que le permiten mantener su nivel de vida, por lo que fortalecer su intelecto no ofrece una remuneración a corto plazo y lo pospone.

Las capacidades cognitivas, lingüísticas y sociales que tenemos los seres humanos han permitido crear y transmitir todo el bagaje cultural del que dispone la civilización actual. En cuanto pertenecemos a esa civilización somos depositarios del conocimiento colectivo de la sociedad en la que actuamos y debemos contribuir con lo mejor de nuestra capacidad a enriquecer ese legado.

En la práctica esta responsabilidad significa hacer lo posible por aprender algo cada día, mantener la salud mediante la alimentación adecuada, el ejercicio y el entretenimiento sano, dedicar algún tiempo a la meditación, la música, el contacto con la naturaleza y cultivar las relaciones con los demás.   

El aprendizaje permanente es hoy en día sólo una cuestión de interés y motivación: existe una inmensa oferta de cursos por internet, la publicación de libros es enorme y se consiguen sobre cualquier tema que se nos ocurra. Escribir –aunque sólo sea para uno mismo- es una satisfacción disponible para todo el mundo.

El cerebro tiene una inmensa capacidad, pero hay que utilizarlo hábilmente. La cantidad de aspectos que requieren atención en la vida actual puede ser un obstáculo para el pensamiento efectivo.

La adquisición de información diversa sin método, el aprendizaje sin una estrategia, atender a varias cosas al mismo tiempo sin concentrarse en una, son sólo algunos de los errores que pueden reducir sustancialmente el poder de la mente.

Dos herramientas importantes en el aprendizaje y la reflexión son la focalización y la concentración. La focalización –un concepto que puede definirse como “atención centrada”- es la habilidad para prestar atención a un solo estímulo a la vez. La concentración, en cambio, es la habilidad para sostener el enfoque durante el tiempo necesario. Ambas son generadas por algún tipo de motivación.

En mayor o menor grado, la focalización y la concentración son habilidades que todos poseemos. Pueden  mejorarse, mediante disciplina y con la práctica. Los atletas, por ejemplo, que requieren una gran concentración para lograr un buen desempeño, están motivados por el deseo de ganar o de mejorar su actuación, lo que les lleva a pensar solamente en su reto y concentrarse en la búsqueda de su logro.

La focalización y la concentración se aprenden practicándolas. Puesto que es un esfuerzo racional, hay que proponérselo: identificar o definir el aspecto que se va a analizar o considerar, escribir una descripción resumida, considerar todos los ángulos de enfoque posibles, la naturaleza del asunto, sus componentes, sus ramificaciones, establecer comparaciones y relaciones.

Para ampliar los horizontes de la mente hay que leer libros buenos, filosofía, obras sobresalientes de la literatura, biografías de sabios e intelectuales, historia, etc. En relación con este tema, es necesario enfatizar la importancia del manejo del idioma. Un dominio apropiado del lenguaje permite pensar y comunicarse a nivel superior, manejar el pensamiento abstracto e interpretar complejas teorías o elaborados planteamientos intelectuales

En el mundo actual se enfatiza la necesidad de un balance entre el uso del cerebro, la buena alimentación y la actividad física. Numerosos especialistas subrayan cómo el ejercicio ayuda a prevenir enfermedades degenerativas del sistema nervioso y contribuye a mantener la memoria y las habilidades cognitivas con el paso de los años.

El desarrollo de la espiritualidad es tomar consciencia del “yo” más profundo de cada uno. Mucha gente lo hace mediante la religión, pero también se puede aproximar al espíritu mediante la música, la poesía, el pensamiento de grandes pensadores y la meditación.

Por otra parte, las relaciones sociales son inherentes a la condición humana, no sólo porque cada uno de nosotros individualmente no tenemos la capacidad para producir todos los bienes que necesitamos para sustentar nuestra existencia, sino porque mantener relaciones armoniosas con los miembros de la familia, los amigos y otras personas con las que se tiene contacto es beneficioso para el individuo y para la sociedad.

 

(*) Varias de las ideas resumidas en esta lección están basadas en el 7° hábito de Stephen Covey (1997), “Afilar la sierra”.

 

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Conoce al autor

Jose Ramón Solano

Master of Engineering Management

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