Pasarela

  • En el proceso de una pasarela conviven creadores, clientes y modelos en un ambiente de estado de excepción donde se deja claro lo que es capaz de hacer cada uno. De las líneas que desfilan sólo un 20% tiene salida en las tiendas, el resto es un juego de artificio, una llamada de atención a la industria textil para reclamar la atención por parte de los modistos.
  • Es fácil comprender por qué los minutos previos a un desfile son cruciales. Un Diseñador se lo juega en cada colección. Con los ojos clavados en la pasarela tiene los periodistas más influyentes de la prensa especializada. Y a las personas más importantes por su nivel de compras o por el simple hecho de adquirir una nueva línea.
  • Un maquillaje precipitado, un hilo olvidado junto a una costura, un estilismo inadecuado puede dar el traste con el trabajo de muchos meses.
  • La diferencia entre éxito y el fracaso de un desfile se percibe en la atmósfera que se crea en los vestuarios después de acabar el pase. Los abrazos al Diseñador, desmayos de las modelos, champán para todos, presencia de gente famosa, esconden muchas veces un intrincado laberinto de luces y sombras.
  • Al final a esperar la llamada del cliente, la empresa, la cadena de tiendas o los grandes almacenes. Y a soñar con la salida de los mercados extranjeros.
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