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Lección 28 ª

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 LECCIÓN 28:

EL PUNTO DE EQUILIBRIO (II)

 

CASOS PROPUESTOS.

Para que practique y desarrolle sus habilidades numéricas, le planteo los siguientes casos de cálculo del punto de equilibrio. Las formulas a utilizar son las planteadas en la lección anterior. ¡Éxitos en su desarrollo!

 

Caso 1:

Una empresa que elabora refrigeradoras, tiene costos fijos de $1,750,000; Costos de Venta unitarios de $300 y Precio de Venta de $550.

 

Se le pide lo siguiente:

·        ¿cuál es el punto de equilibrio de la empresa?

 

Caso 2:

Una empresa dedicada a la fabricación de computadoras personales posee los siguientes datos financieros:

        Costos Fijos Totales= $50,000

        Precio de Venta Unitario= $350

        Punto de Equilibrio en Cantidad (Q) = 500 computadoras.

 

Conociendo estos datos, se le pide lo siguiente:

  • ¿Cuál es el costo de venta unitario?
  • ¿Cuál es el ingreso que debe tener la empresa para “no ganar ni perder”?

 

Caso 3:

Un emprendedor desea iniciar su negocio de prestación de servicios de rutas turísticas en todo el país, y según sus cálculos, tiene estimados los siguientes valores:

        Costos Fijos Totales = $3,500

        Costo de Venta Unitario = $ 12

        Punto de Equilibrio en Valores monetarios ($) =  $ 8,750 dólares.

       

Conociendo estos datos, se le pide lo siguiente:

  • ¿Cuál es el precio al que el emprendedor debe vender los paquetes por turista?
  • ¿Cuál es el ingreso que debe tener para “no ganar ni perder”?

 

Quiero cerrar este tema de las finanzas, con la siguiente narración que he tomado del libro “Padre Rico, Padre Pobre” de Robert Kiyosaky.

 

La inteligencia financiera se forma de estas cuatro principales habilidades técnicas:

 

1. Especialización financiera. La habilidad de interpretar los números.

2. Estrategias inversoras.  La ciencia del dinero generando más dinero.

3. El mercado. El resultado de aprovechar una oportunidad creada por el mercado. Alguien compraba, alguien vendía.

4. La ley.   El     conocimiento      de     las    normas      y reglamentaciones contables, corporativas, estatales y nacionales. Yo recomiendo jugar dentro de las reglas.

 

Es esta base elemental, o la combinación de estas habilidades, que se necesita para ser exitoso en la persecución de la riqueza, ya sea través de la compra de pequeñas o grandes propiedades; compañías, acciones, bonos, fondos    comunes,   metales     preciosos,  elementos coleccionables de valor, o lo que fuere.

 

El punto que quiero resaltar es que las inversiones van y vienen, los mercados  suben  y  bajan,  las  economías  mejoran  y  quiebran.  El mundo siempre nos acerca oportunidades, todos los días de nuestra vida, pero demasiado a menudo no logramos verlas. Pero allí están. Y cuanto más cambian el mundo y la tecnología, más oportunidades habrá para permitirle a usted       y su familia estar seguros financieramente por las generaciones por venir.

 

Así que, ¿por qué molestarse desarrollando su inteligencia financiera? Una vez más, sólo usted puede responder a eso. Yo sé porqué yo continúo aprendiendo y desarrollándome. Lo hago porque sé que hay transformaciones por venir. Prefiero dar la bienvenida a los cambios que aferrarme al pasado. Sé que en el mercado habrá auges y quiebras.

 

Deseo desarrollar mi inteligencia financiera permanentemente porque cada vez que haya un cambio       en     el mercado, algunas personas estarán de rodillas implorando por sus empleos. Mientras tanto, otras tomarán los limones que la vida les dé, y a todos nos da limones ocasionalmente, y los convertirán en millones. Eso es inteligencia financiera.

 

Personalmente, utilizo dos vehículos principales para lograr crecimiento financiero: bienes raíces y acciones de pequeñas empresas. Uso los bienes raíces como mi base. Cada tanto, mis propiedades me proveen de flujo de dinero en efectivo y ocasionales aceleraciones de crecimiento en el valor. Las pequeñas acciones son utilizadas para un crecimiento más rápido.

Si la oportunidad es muy compleja y no comprendo la inversión no la hago. Matemática simple y sentido común es todo lo que necesita para ir bien financieramente.

En 1989, yo solía salir a correr a través de un encantador vecindario en Pórtland, Oregon. Se trataba de un barrio compuesto por casitas de madera como salidas de un cuento. Eran pequeñas y adorables. Casi me hacía imaginar que aparecería Caperucita Roja dando brincos por la acera yendo a la casa de Abuelita.

Había carteles de “EN VENTA” por todas partes. El mercado de la madera estaba terrible, el mercado de acciones acababa de colapsar, y la economía se encontraba desactivada. En una calle, vi un cartel venta que llevaba allí más tiempo que el resto. Lucía envejecido. Un día pasé haciendo jogging y tropecé con el dueño, quien se mostró preocupado.

“¿Cuánto está pidiendo por su casa?” le pregunté.

 

El propietario se dio vuelta y apenas sonrió. “Hágame una oferta”, “Ha estado en venta por más de un año. Ni siquiera viene ya nadie a verla”

“Quiero verla”, le dije, y compré la casa media hora más tarde por $20.000 dólares menos del precio que él solicitaba.

 

Era una linda casa de dos dormitorios, con decorados de casita de cuentos alrededor de sus ventanas. Era celeste con detalles en gris, y había sido construida en 1930. Dentro, había una hermosa chimenea de piedra, como también dos diminutos dormitorios. Era una casa para poner en alquiler.

 

Le di al dueño US$ 5.000 de anticipo por una casa de US$ 45,000 que realmente valía US$ 65.000, excepto que no había nadie que quisiera comprarla. El dueño se mudó en una semana, feliz de estar libre, y mi primer inquilino que se fue a vivir allí, era un profesor universitario de la localidad. Luego de pagar la cuota de la hipoteca, expensas, y gastos administrativos, me quedaban el bolsillo menos de 40 dólares al final de cada mes. Nada excitante.

 

Un año más tarde, el inactivo mercado inmobiliario de Oregon había comenzado a mejorar. Los inversores de California, forrados con dinero proveniente de su mercado de bienes raíces aún en expansión, se estaban moviendo hacia el norte comenzando a comprar en Oregon y Washington.

 

Vendí la casita en US$ 95.000 a una joven pareja de California que pensó que era una ganga. Mi ganancia de capital, de aproximadamente US$ 40.000, fue protegida por el diferimiento de impuestos por permuta, y salí a buscar alguna propiedad en la cual invertir mi dinero. Y la historia de la inversión sigue y sigue….

 

 

 

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