Conflictos Propios del Desarrollo Social

Los conflictos del desarrollo social, en niños y niñas de 0 a 6 años, son consecuencia del proceso de evolución que experimentan, y de situaciones en las que hay interacciones conflictivas con los adultos o con otros niños.

El niño, durante su proceso de crecimiento y madurez, adquiere nuevas capacidades, habilidades y destrezas, que le generan conflictos internos y provocan cambios en las relaciones con el entorno social al que pertenece (el reconocimiento y la diferenciación del cuidador primario ( la madre) con respecto a otras personas dificulta las relaciones con otros adultos: por ejemplo si la madre le deja al cuidado de otras personas el niño llora).

En las relaciones establecidas con los adultos o con otros niños hay situaciones en que se produce un choque de intereses, deseos, motivaciones. Generan reacciones de conflicto. En estas edades estas reacciones son frecuentes: un niño empuja, pega o muerde a otro niño o niña porque le ha quitado su juguete o porque quiere el juguete ese, le dan rabietas para imponer sus deseos al adulto...

Los conflictos es algo natural que suceda. Son naturales, normales en esta etapa y edad del niño, y son característicos de distintos momentos o situaciones de su desarrollo. Si son bien resueltos le permiten avanzar en su proceso de evolución.

Es importante y necesario una Intervención Educativa que vea el conflicto como un aprendizaje para el niño, ya que le permite avanzar de manera individual (por ejemplo la etapa  de oposición, el niño se opone a los padres. Si se maneja la situación de forma adecuada, le va a servir para adquirir mayor conciencia de sí mismo y ganar en autonomía) y avanzar socialmente (aprende hábitos y rutinas sociales, asimila normas de convivencia...).

Si los conflictos son mantenidos, o duran más de la edad en la que son propios según evolución, podemos hablar de un Trastorno que requiere un tratamiento especializado. Es decir, si un niño de 5 años sigue teniendo rabietas como recurso para conseguir lo que desea, hay que actuar y tratar ese trastorno. 

Es importante y necesario que conozcamos estos conflictos para poder diferenciarlos de un trastorno, y para comprender las actitudes de los niños ante diferentes situaciones que son consecuencia de su desarrollo. Para poder favorecer y estimular un desarrollo social sano.

En la etapa educativa que estamos estudiando, los conflictos que se relacionan con el desarrollo social son:

  • Ansiedad por separación del cuidador primario: surge o aparece a partir de los 8 meses. El niño ya tiene una relación especial con la madre o persona que le cuida principalmente. Llora y se enfada cuando se va y le deja con otras personas. Este conflicto mal llevado hace que el niño tenga conductas  como: una mayor demanda de atención de la figura de apego, dependencia total, puede impedir que establezca relaciones con figuras distintas al cuidador primario generando dificultades para adaptarse a nuevos contextos... 
  • Oposición al adulto (edad del no y del yo solo): empieza al final de los 2 años de edad. Cambia las relaciones que había hasta ese momento con las figuras significativas. Pasan de ser apacibles y tranquilas a haber enfrentamientos, terquedad, no aceptación de normas y límites... Son manifestaciones de la conducta agresivas, que sino se lleva de forma adecuada pueden durar excesivamente en el tiempo e incluso ser más graves en intensidad. 
  • Conflictos en relación con los iguales: suelen ser interacciones egocéntricas, con poco autocontrol, inestables, muy variables y cambiantes, con frecuencia son conflictivas. Suele tratarse de situaciones de conflicto por juguetes y de invasión del juego del otro con conductas como: morder, pegar, empujar... Son normales  a partir de los 18 meses hasta los 3 o 4 años de edad. A partir de esa edad estas agresiones van a ir disminuyendo mientras el niño adquiere nuevas competencias (lenguaje) y aprende estrategias diferentes para resolver estos conflictos (habilidades sociales).

 

Estos conflictos aparecen por conductas de tipo agresivo. Aunque sean propias del desarrollo del niño, no hay que esperar a que se pasen con la edad, o a que el niño deje de portarse así. Hay que trabajar aspectos como : aprender a esperar o retardar deseos, la adquisición de normas, reconocer límites, el autocontrol... 

Es por ello, que deben ser tratadas desde una Intervención Educativa que pueda prevenir alteraciones de comportamiento futuras y favorecer conductas sociales adaptadas. 

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Conoce al autor

Elena María León Tomás

TÉCNICO SUPERIOR EN EDUCACIÓN INFANTIL

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