Habilidades necesarias para la negociación: Normas y límites

Es preferible que existan pocos límites, bien definidos y en los que se pueda mantener una coherencia, a que se establezcan muchos límites ambiguos o variables, que llevarían a la confusión y perderían su utilidad. Por ello, se aconseja poner límites sólo en aquellos temas que se consideren realmente importantes.

Antes de transmitir los límites a los hijos, es importante que ambos miembros de la pareja estén de acuerdo sobre dónde y cómo establecer estos límites, qué consecuencias tendrá el hecho de que su hijo no cumpla un determinado límite o norma, comunicándoselo al niño. Esto ayuda a los hijos a percibir coherencia, consistencia y seguridad en su proceso de aprendizaje de hábitos de comportamiento y de respeto a lo establecido, y fomenta también que vayan desarrollando competencias emocionales de autorregulación del comportamiento.

Es aconsejable que las consecuencias sean lógicas o tengan alguna relación con la falta realizada (por ejemplo, pueden ir dirigidas a la restauración del daño ocasionado al saltarse la misma). También deben ser proporcionales a la falta hecha, ya que si se aplican grandes consecuencias a pequeñas faltas, faltarán procedimientos cuando se produzcan faltas más graves.

Hay que expresar reconocimiento y gratitud cuando el niño se comporta como se le ha pedido y ha respetado una norma o límite que se le había propuesto (por ejemplo, si ha llegado a casa a la hora acordada).

Una vez establecido un límite hay que mantenerlo, siendo constantes en el tiempo  y coherentes, porque si se aplica arbitrariamente creará confusión. Un niño necesita sentir que sus padres saben lo que le piden y lo que le permiten y, además, que se lo transmiten con seguridad. Al mismo tiempo un niño dejará de insistir y oponerse a una norma con mayor probabilidad si percibe que sus padres no están dispuestos a ceder.

Los padres deben ser modelos válidos a seguir para los hijos. No es aconsejable pedir algo a un niño que alguno de los progenitores no es capaz o no está dispuesto a  cumplir (por ejemplo, no se le puede pedir que no grite si alguno de los padres suele hacerlo habitualmente).

Es necesario fomentar una buena comunicación, estando dispuestos a revisar y flexibilizar la validez de los límites con el paso del tiempo y los avances del niño (sobre todo los relacionados con la hora de llegada a casa, la hora de acostarse, etc.). Es de utilidad permitir que el chico, sobre todo a partir de la adolescencia, participe cuando se fijen nuevas normas o se pacten nuevas condiciones, ya que este hecho le dará la oportunidad de aprender a negociar y, a la vez, será más fácil que éste se implique y se responsabilice en el cumplimiento de las mismas.

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