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Transporte

El transporte comprende el conjunto de operaciones de traslado de los residuos, desde el punto en el que se producen o almacenan hasta otro lugar donde se van a depositar, tratar o eliminar. Esta definición hace prever que dentro del esquema de gestión de los desechos, puede haber varias operaciones de transporte (desde donde se produce el residuo hasta un almacén intermedio, desde este a una planta de tratamiento, de esta a un vertedero o una incineradora…). De este modo pude hablarse de transporte primario, secundario, terciario… según cuantos traslados sean necesarios dentro del modelo de gestión.

En esta fase pueden concentrarse los costes más importantes para la gestión de los residuos, que serán mayores o menores dependiendo de factores como:

- El volumen de residuos que haya que mover.

- La cercanía entre los lugares de origen y de destino.

- El medio de transporte empleado.

- El precio de los combustibles.

- Las medidas de seguridad que requiera el residuo trasladado…

Algunas medidas interesantes para minimizar los costes y exprimir al máximo los recursos son:

- Utilizar vehículos con una capacidad de carga adecuada al volumen de residuos a gestionar, y procurar que se acerquen lo máximo posible al límite de su capacidad.

- Aumentar la densidad de los residuos a trasladar mediante operaciones de compactación, desmontaje, trituración, etc. Que permitan aprovechar al máximo el volumen disponible en el habitáculo destinado al transporte de residuos.

- Prever rutas de viaje que permitan prestar el servicio al mayor número de productores posible, estableciendo días concretos para la retirada de un determinado residuo, agrupando a los productores según el tipo de actividad (que suelen producir los mismos tipos de residuos), según los municipios donde habiten (buscando la cercanía entre los puntos de recogida), etc.

- Para poblaciones muy dispersas, prever centros de transferencia comarcales que abastezcan a un único centro de tratamiento final, lo más equidistante posible con respecto a aquellos.

 

gestion

 

A pesar de lo dicho anteriormente, la cercanía de las instalaciones de tratamiento de residuos a los lugares de producción puede encontrar inconvenientes como malos olores, ruidos, perturbaciones en el paisaje… que afectan negativamente a la habitabilidad de las zonas más pobladas y a determinados negocios relacionados con la hostelería, el turismo y los servicios en general.

Por este motivo, aunque desde el punto de vista del transporte lo ideal es acercar lo máximo posible la producción al tratamiento, habrá que tener en cuenta otros factores como los mencionados anteriormente, a la hora de decidir sobre la ubicación de una determinada planta o estación de residuos ya sea de transferencia o tratamiento.

Así, la experiencia muestra como los centros de tratamiento de residuos urbanos se sitúan cada vez más alejados de los centros urbanos, para no producir molestias sobre sus habitantes.

La solución puede estar en integrar en entornos urbanos pequeñas estaciones de transferencia que den cobertura a fracciones importantes de la población y que, gracias a la implantación de medidas preventivas y correctoras de impacto ambiental, permitan esa proximidad al ciudadano que se persigue para optimizar el transporte. En estos centros de transferencia los residuos se almacenarán hasta su traslado definitivo al centro de tratamiento final, para lo cual se emplearán vehículos de mayor tonelaje.

Este modelo de gestión permite a su vez aumentar la eficiencia en las operaciones de transporte puesto que, sin la presencia de los centros o estaciones de transferencia, se puede condicionar una jornada laboral completa para una sola operación de recogida de residuos, bastará con que la planta o el vertedero se sitúe a más de 30 km del lugar de retirada de los desechos. Sin embargo, pequeños vehículos recolectores funcionando toda la jornada en un entorno cercano a la estación de transferencia y un vaciado de ésta semanal o mensual para el traslado de desechos al centro de tratamiento final, permitirá rentabilizar al máximo la actividad.

Pero todo este análisis ha estado orientado al estudio del transporte de residuos urbanos o asimilables a ellos por sus características, mención a parte merece el transporte de residuos peligrosos, que para volúmenes importantes necesita prever medidas especiales de seguridad, ya que cualquier fuga, derrame o accidente puede traducirse en daños graves sobre el medio ambiente y la salud de las personas.

Para este último caso son muchos los países que cuentan ya con leyes y reglamentos al respecto, y muchos más los que abordan este tema dentro del transporte de mercancías peligrosas (pues se entiende que estos residuos también lo son). Casi todos coinciden en que es necesario un control documental de estas operaciones que especifique “quién”, “qué” y “cuánto” se produce, “quién” y “cómo” se transporta y “dónde” se dirigen finalmente los residuos. Para ello se establecen todo tipo de registros (de productores, de gestores, de transportistas…) y se utilizan multitud de justificantes con formatos establecidos (albaranes, recibís, hojas de pedido…).

Además, para el transporte de residuos peligrosos es necesario generalmente el uso de vehículos especiales, que estén equipados para garantizar el máximo aislamiento de los residuos que transportan e impedir así cualquier contacto con el medio exterior. Un caso extremo sería el transporte de residuos nucleares, cuya radioactividad exige medidas excepcionales de prevención.

Así, tenemos el ejemplo del famoso convoy “Castor” que transporta residuos nucleares entre Alemania y Francia, y que recibe ese nombre por el tipo de contenedores que van en ese tren. Se elige así el transporte ferroviario, para reducir al mínimo el riesgo de accidentes, aunque ello no tranquiliza a la multitud de colectivos ecologistas (como Greenpeace) que año a año intentan impedir que este convoy complete su recorrido.

Pero el futuro pasa por el transporte de residuos en el que no media ningún tipo de vehículo, lo cual tiene ventajas muy apreciables como el aumento de la programabilidad del sistema (se sabe cuando se van a recibir los residuos y se puede modular la cantidad máxima admitida de los mismos), la supresión de numerosos impactos ambientales (olores, emisiones, vertidos…), la mejora de la salubridad en la vía pública (impide que aparezcan ratas, cucarachas, mosquitos…) y muchas más. El más famoso de estos sistemas es la recogida neumática de residuos, que se describirá más adelante.

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