Mercado laboral y género

El hablar de mercado laboral tiene sentido en un sistema económico capitalista. El trabajo se une al salario, es decir, se intercambia la fuerza de trabajo por ingresos económicos que se precisan para desarrollar la vida: pagar alimentos, vivienda, luz, etc.

El mercado de trabajo o mercado laboral hace referencia al lugar-espacio (en estos tiempos no físico) donde confluyen la oferta y demanda de trabajo. Es decir, lo formarían las personas que, desde su rol de trabajadoras ofertan sus fuerza de trabajo y/o conocimientos, y las empresas (grupos de personas, aunque hoy día son entes sin personificar) que demandan el trabajo que pueden ofrecer las personas.

Esta es la idea más contemporánea, occidental y capitalista del trabajo. Oferta-demanda. Aunque, actualmente esta es una visión demasiado simplista, ya que ese mercado laboral está conectado con un mercado financiero. Una macro y micro economía interdependiente.

interconexión

Este mercado se supone neutro, es decir, se parte de que hay unas ofertas que se cubrirán con las personas más adecuadas para ellas. Se piensa que los méritos permiten ascender y ocupar los puestos que merecemos, "si no nos han escogido es que no somos las mejores para ese puesto".

Si trabajamos y nuestra productividad es buena nos darán la recompensa que nos corresponde. Esto está lejos de ser lo que ocurre.

Así por ejemplo, en el estudio que Emilio J. Castilla realiza sobre una compañía concreta, pone en evidencia que “las puntuaciones de rendimiento de las mujeres son estadísticamente más altas que las de los varones […]; sin embargo, los niveles más altos de rendimiento de las mujeres son descontados luego más tarde” (Castilla 2010, 95).

De forma que, por un lado, encontramos estudios como el señalado que hablan de una desigualdad existente por razón de género y etnia (en el caso del ejemplo). Es decir, ante igualdades condiciones de productividad y de cualificación, un hombre blanco tiene más privilegios que una mujer, que un hombre negro o que una mujer negra (donde confluyen dos identidades discriminadas).

Por otro lado, están los datos internacionales, como los de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), que ponen en evidencia la brecha de género en cuanto a empleos y salarios.

Presentación del informe de la OCDE (2016).

Nota: en su página se puede encontrar más información, y de otros años.

 

Es claro que el género produce marcas distintivas en el mercado laboral que llevan a las discriminaciones de las personas a causa de ser mujeres, ser negras, o tener diversidades funcionales, entre otras

Hay que ser conscientes del lugar del que procedemos, y escritos como estos evidencian cómo se dieron los pasos en relación al trabajo asalariado:

Obreros: solo en caso de absoluta necesidad, mandaréis vuestra mujer a la fábrica. Si no tenéis hijos haréis lo posible para que vuestro sueldo le permita  quedarse en su casa; su salud será más robusta, aun la vuestra, pues las comidas preparadas con esmero, más apetitosas, os incitarán a mayor alimentación. No pensaréis en ir a la taberna, teniendo la doble satisfacción de un estómago satisfecho y la vida agradada por la vivienda y el aseo. (Pérez-Fuentes 2000, 196)

En la actualidad, aunque las diferentes legislaciones obliguen a un trato igualitario, se incurren en muchas discriminaciones indirectas. Esto es debido a que el sistema en sí se sustenta sobre unas bases desiguales. Un sistema patriarcal que prioriza el producir a los cuidados de las personas, aunque sin cuidados no se pueda producir.

También se potencia la competitividad agresiva desde la idea de “que gane EL mejOR”, por encima de aprovechar las diferentes potencialidades de las personas. El trabajo remunerado ha pasado a ser la prioridad para las personas, dejando de lado otros intereses, espacios de calma, etc. Hemos de producir para poder consumir y así vivir.

Esta sería una buena imagen del referente de éxito: hombre blanco, buena situación social, que asciende en el mercado por sus méritos y genialidad. Eso  le permite tener acceso a los cuerpos de las mujeres, al exceso, al control, al poder.

el lobo

Todo esto hemos de tenerlo en cuenta a la hora de comprender cómo funciona el mercado laboral, y las discriminaciones que dentro del mismo se producen.

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Conoce al autor

Ana Valero Rey

Experta en estudios de género y perspectiva feminista

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