El Estado y el poder (Continuación)

El Gobierno

Hay ocasiones que los términos Estado y Gobierno se usan indistintamente, sin embargo tienen significados diferentes.

 

El Estado es perenne, mientras que los gobiernos cumplen un ciclo que varía de acuerdo al sistema de gobierno vigente.

 

Los sistemas de gobierno pueden ser: autoritarios o democráticos. Entre los últimos existen aquellos gobiernos que son: presidencialistas, semipresidencialistas y parlamentarios.

 

En toda América prevalece el sistema presidencialista: el Poder Ejecutivo (Presidente y gabinete), el Poder Legislativo (Parlamento) y el Poder Judicial (Justicia), tanto el primer y segundo poder se legitiman por elecciones periódicas.

 

En Europa predominan los sistemas semipresidencialistas y parlamentarios, en los que el Parlamento tiene fuerte influencia en la conformación de los gabinetes.

 

La duración de estas formas de gobierno oscila entre los 4 y 6 años, con posibilidad de reelección de las autoridades que se encuentran al frente.

 

El Estado es poder pero no necesariamente el poder está en el Estado.

La idea tradicional del poder es que este se distribuye de “arriba hacia abajo”, desde el Estado hacia la sociedad, del poder de la Iglesia a sus feligreses, del líder a sus seguidores, de la maestra al alumno, del médico al paciente, etc.

 

Sin embargo, Michel Focault tuvo la sagacidad de plantear la existencia de un poder microscópico, capilar, diseminado por toda la sociedad.

 

La microfísica del poder atraviesa los cuerpos imponiendo, muchas veces inconscientemente, los designios del poder de turno con fuerza como para que sea considerado como un mandato natural.

 

Las relaciones microscópicas de poder se encuentran diseminadas entre las familias y amistades, las costumbres sexuales y las reproductivas; todos estos ejemplos desempeñan un papel de condicionante y condicionado.

 

El aporte de Focault fue doble: (a) sacar al poder de la cúspide; y (b), mostrar que esta diseminación es “económica”, ya que es más conveniente vigilar que castigar, y de esta manera los cuerpos se comportan todo el tiempo como la cúspide quisiera.

 

Esta nueva noción de poder se complementa con otra “perogrullada”: que el saber es poder (y viceversa), y ello ayuda a diseminar el poder de forma inconsciente.

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