De lo universal a lo concreto

Ya hemos visto que para lograr el propósito de nuestras “tres ces”, es necesario tener en mi mente mi trabajo con total claridad. Eso no implica que ya el trabajo esté hecho sino que el recorrido que deseo hacer (y cómo deseo hacerlo) esté organizado: que nuestra mirada apunte a un objetivo claro y concreto.

Por ejemplo, imaginemos que vamos a planificar un viaje. Este podrá realizarse de muchas formas: por mar, en nuestro coche, en bicicleta… Finalmente elegiremos qué tipo de viaje vamos a hacer y cuál va a ser nuestro recorrido hasta llegar al lugar donde queremos ir.

Que el viaje sea planificado por nuestra parte (y no comprado en un catálogo) es lo que hará que ese viaje tenga nuestro propio sello, que tenga un aporte personal y único; pero también será (nuestra propia planificación) la que decidirá si finalmente nuestro viaje ha resultado exitoso o un rotundo fracaso.

Es precisamente esto lo que hará también que nuestros trabajos brillen con luz propia: que el recorrido intelectual que proponemos sea “nuestro recorrido” y que sea nuestra mirada la que sume a todo lo ya citado por otras autoras y autores. Para que esa mirada resulte “exitosa” debe estar clara y prevista dentro de mí porque es la única forma de que el resto también la perciba.

En nuestra planificación no cabrán, pues, las improvisaciones. Si la idea no está clara en la elaboración de nuestro esquema de ideas, es que tenemos que trabajarla más.

Creemos necesario hacer una pausa también aquí en lo referente a la forma en que organizamos nuestras ideas. Lo más importante es que no intentemos comenzar la casa por el tejado.

Un trabajo intelectual bien hecho es un trabajo de fondo y, por tanto, lo ideal es que nuestras explicaciones no se atropellen entre sí y que las argumentaciones tengan el orden que le dará sentido al resto del documento.

¿Cómo logramos ese orden? Independientemente a cómo queramos exponer nuestro tema, hay un punto que debemos tener en cuenta para la elaboración de nuestro esquema de ideas: y es que debemos ir de lo universal a lo concreto.

Esto es, exponer lo que ya está asentado (histórica o teóricamente) sobre el tema que hemos elegido para, luego, hacer nuestras aportaciones y nuestra crítica concreta. En nuestro caso, podemos ver que en el esquema propuesto hablábamos del ideal romántico manejado en la época en este punto y de la concepción del propio Shakespeare sobre el mismo (lo general, lo universal). De ahí, pasábamos a cuestiones concretas sobre el ideal romántico como los personas y la muerte para, posteriormente, decir cuáles con todo lo puesto en relación son mis conclusiones.

Ir de lo universal a lo concreto, hará que nuestro texto sea mejor acogido e irá despertando el interés de quien lo lea. El interés, por tanto, irá in crescendo.

CLAVES DE LA LECCIÓN: Nuestro esquema de ideas y el desarrollo de nuestro texto debe ir de lo universal (lo ya asentado) a lo concreto (la reflexión que quiero hacer y hacia dónde quiero llegar).

Mar Gallego Espejito

Licenciada en Periodismo | Máster en Género, Identidad y Ciudadanía

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