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Terapia y sugerencias Saludables y Oportunas

En cualquier sociedad, las personas suelen realizar, por propia determinación y frente a factores perniciosos para el bienestar psíquico, emocional o físico, algunas prácticas benefactoras para la salud, persiguiendo siempre alcanzar el objeto específico de cada una de ellas.

Por ejemplo, millones de personas en el mundo adictas al tabaco51, más allá de las legislaciones de los distintos países en la materia, apelan a la información, a las alternativas terapéuticas disponibles y a su propia creatividad, para elegir o diseñar algún método que les permita liberarse de tal adicción.

En este caso, el esquema es el siguiente: un individuo toma consciencia de los daños provocados por el fumar; se determina por dejarlo; y busca o elabora un procedimiento que le permita conseguir su objetivo; es decir, dejar de fumar.

 

En lo concerniente específicamente a este ensayo (controlar y prevenir el estrés), también es posible esbozar un breve listado de prácticas o procesos saludables, que tienden a conseguir su objeto específico, es decir, controlar y prevenir la afección en cuestión.

En este marco, debe aclararse que en algunos casos, tales prácticas o métodos sugeridos, que específica y primariamente buscarán su objeto propio (el control del estrés), podrán provocar -además- otros efectos saludables no perseguidos pero devenidos igualmente en forma secundaria, por lo que los beneficios obtenidos, por decirlo de algún modo, será múltiples.

En efecto, y para citar la primera sugerencia saludable, conviene señalar que es aconsejable que quienes padecen de estrés, recurran al nutricionista desde el principio mismo del proceso que puedan llevar adelante para tratar de controlarlo y prevenirlo.

La razón es sencilla y tiene que ver con una suerte de círculo vicioso según el cual, una situación prolongada de estrés induce a una mala y desordenada alimentación.

Esto, a su vez, predispone aún más al afectado para que se agrave el cuadro de estrés que ya sufre, lo que termina produciendo un desorden mayor al momento de alimentarse, y así sucesivamente52.

Por otra parte, si bien lo ideal sería recurrir al nutricionista, la experiencia demuestra que no todos pueden hacerlo, por razones laborales, familiares o económicas, entre otras.

Pero, a pesar de ello, el facilitador para el control del estrés no debe pasar este aspecto por alto, y puede interiorizarse satisfactoriamente sobre el tema, o proponerle hacer algo similar al propio afectado.

En cualquier caso, conviene recordar algunas propuestas elementales en materia alimentaria, que gozan de bastante consenso por parte de los nutricionistas, como las enunciadas al pie de esta lección53.

Esta suerte de ‘dieta’ (que en realidad debería traducirse en un cambio de hábitos relativos a la alimentación), favorecerá el control del estrés, pero como se dijo más arriba, conllevará otro tipo de beneficio saludable no perseguido específicamente, como la disminución de un eventual sobrepeso.

 

Una segunda sugerencia guarda relación con la práctica de algunas virtudes singulares, como la generosidad y la hospitalidad.

Puede parecer extraño pero el ejercicio de ambas cualidades54 contribuye positiva y directamente al equilibrio de la dimensión emocional.

La fundamentación antropológica de lo afirmado se sustenta en el hecho de que las personas, para su supervivencia y calidad de vida, necesitan siempre de la interacción social y de alguna forma de colaboración de los demás, toda vez que nadie podría subsistir sin los otros, por una parte; y, por lo mismo, de retribuir lo recibido según los oficios y posibilidades de cada uno, por otra.

 

El estrés, al revelar la cara hostil y agresiva de la realidad en general y del comportamiento social en particular, induce al afectado a cultivar el vicio de mirar casi siempre a su entorno como algo desagradable y peligroso, indigno de ser favorecido por alguna cosa positiva de su parte, por lo que tiende a encerrarse en sí mismo y –cuando más- en su familia como medida de protección; a la vez que, cuando mucho, procura sólo para él y su grupo la consecución de algunos beneficios naturales de la vida en sociedad.

Dicho de otro modo, puede esperar algo de otros pero sin aportarles casi nada.

La consecuencia natural de dicho comportamiento, al prolongarse en el tiempo, se traduce en un desequilibrio entre el dar y el recibir, implicados esencialmente en la vida social, lo cual –paradójicamente- lo vuelve más vulnerable al estrés, toda vez que lo priva –incluso- de la expectativa necesaria de mitigar sus dolencias y trastornos, y de reconquistar el confort saludable, ya que en su mente cree contar, para todo ello, sólo consigo mismo y eventualmente su familia.

Desde esta perspectiva, despertar la capacidad de ayudar, colaborar o compartir con los demás, o de entregar gratuitamente parte del tiempo o recursos disponibles a otros, además de constituir en sí mismos hechos virtuosos, agradables y vivificadores (más allá del grado de conciencia que se pudiera tener), hacen las veces de un recordatorio sereno pero contundente del equilibrio que se ha perdido, al tiempo que propician la posibilidad de cambiar la forma un tanto angustiosa, pesimista y depresiva, de enfocar y valorar la propia realidad, la de su entorno y la de la sociedad.

En síntesis, la decisión virtuosa de practicar la generosidad y la hospitalidad constituye, por su propia dinámica, un factor multiplicador de la fortaleza necesaria para afrontar las situaciones de tensión potencialmente estresantes.

 

Otro aspecto a ser tenido en cuenta, versa sobre el rol que puedan jugar la familia y los amigos del afectado55 para que éste pueda sobrellevar mejor el estrés y comenzar a controlarlo gradualmente.

Ciertamente, suele ser difícil que familiares y allegados se comprometan activamente en favorecer la recuperación del afectado. Ello obedece, en la mayoría de casos y como ya se explicó, a que el estrés no es considerado como una afección real, capaz de explicar no sólo los padecimientos internos de la persona y sus eventuales manifestaciones somáticas, sino también sus reacciones y vaivenes emocionales.

Por esto, a menudo, familia y amigos no son capaces de comprender los cambios conductuales negativos y reaccionan –de ordinario- criticando, atacando o tomando distancia del afectado, por hacerlo (con o sin conciencia) responsable de su propia afección y de las consecuencias que ella genera.

En la práctica, esto se traduce casi siempre en un nuevo factor de estrés para todos los involucrados, aunque no se perciba en lo inmediato la retroalimentación de tensiones propias de la dinámica de la afección.

No obstante ello, conviene que tanto el afectado que ya tiene cierta conciencia de la seriedad de su estado, como asimismo el facilitador que lo orienta, convengan alguna manera de abordar el tema frente a los miembros más significativos del grupo familiar (como la pareja) o amical (como el amigo preferido).

Si esto se lograra aportaría, además de un mejor ambiente y comprensión del afectado, un conocimiento mayor del grupo acerca de la naturaleza y consecuencias del estrés, y la posibilidad de que ellos mismos se cuestionen y autoevalúen sobre el modo en que enfrentan sus propios eventos cotidianos de tensión.

Como sea, familia y amigos pueden ayudar al afectado básicamente de cuatro modos que son complementarios entre sí.

Se trata de brindarle contención afectiva, animarlo cuando flaquee su voluntad para continuar con un proceso terapéutico y saludable, procurar vigorizarlo en su sentido de pertenencia56 a un grupo y lugar concretos, y favorecer la verbalización (como una suerte de catarsis57) de sus vivencias y padecimientos.

 

En esta misma línea pero como cuestión al margen, sería aconsejable promover el intercambio de experiencias relativas al manejo de estrés, a través de reuniones grupales.

Sin embargo, pareciera, iniciativas de esta naturaleza no cuentan con el entusiasmo necesario de parte de los propios afectados, ni de sus familiares ni de los propios facilitadores.

 

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(51) El tabaco posee, entre sus múltiples componentes, un principio activo principal que es la nicotina, la cual opera a nivel del sistema nervioso central y posee cierto efecto temporal de carácter antidepresivo y de alivio de la ansiedad, pero genera una adicción progresiva, de tal manera que el fumador termina por sufrir una dependencia física, psicológica y social.

Los distintos gobiernos siguen difundiendo masivamente los efectos nocivos del fumar (causante en alto grado de enfermedades como el cáncer de pulmón, la bronquitis o la enfisema pulmonar, por citar), a la par que tratan de limitar su consumo y, en algunos casos, ofrecer un tratamiento terapéutico. Según datos de la OMS, a 2010 ya existían en el mundo más de mil doscientos millones de fumadores.

 

(52) Hoy día, ya son varios los médicos expertos en nutrición que han detectado la relación entre el estrés y el trastorno de la alimentación, y la dinámica circular que define la combinación entre ambas cosas.

Por citar, el doctor José Enrique Campillo, experto en temas de diabetes, nutrición y ejercicio físico, profesor de nutrición y dietética en diversas casas de estudio españolas, Premio Nacional de Investigación 1989 otorgado por la Sociedad Española de Diabetes, publicó a principios de 2014 el libro El mono estresado, en el que aborda, entre otros aspectos, el modo en que se combinan el estrés y la alimentación.

 

(53) Dosificar el total de la comida diaria en por lo menos seis ingesta menores (como ser en el desayuno, a media mañana, un rato antes de almorzar, a principio de la tarde, momentos antes del anochecer y la cena).

Beber diaria y aproximadamente un total de líquidos equivalente a un litro por cada veinticinco kilogramos de peso, repartidos entre agua potable o mineral (mayormente), bebidas sin azúcar, infusiones individuales o convenientemente combinadas (como las de Tilo, Manzanilla, Toronjil o Melisa, Cedrón, Té verde, Valeriana, etc.).

Procurar que las frutas y verduras de distintos colores estén siempre presentes en la mayoría de esas ingestas; incorporar el consumo de porciones de cereales integrales (como la Chía, Avena, o el Germen de Trigo).

Reducir el consumo de sal o recurrir a la sal yodada, y procurar utilizar aceite de oliva; darle preponderancia al consumo de carnes blancas (pescado, pollo, etc) por sobre las carnes rojas; no excederse en el consumo de alcohol, café o bebidas estimulantes, etc.; y si fuera posible, complementar todo esto con algo de deportes o sencillas caminatas cotidianas, de al menos media hora diaria, aunque puedan ser realizadas en dos instancias diferentes (a la mañana y a la tarde), a una razón proporcional del tiempo total.

 

(54) La generosidad, en cuanto acto individual dentro de las posibilidades de cada cual, implica dar algo (cosas, recursos materiales o económicos, tiempo, etc.) sin esperar nada a cambio. La hospitalidad, habitualmente y en cuanto disposición noble de acoger, compartir, o festejar, con amabilidad y gozo, a invitados o extraños, puede ser considerada como una versión especialmente social y familiar de la generosidad individual.

 

(55) Suponiendo una familia funcionalmente adecuada y comprometida con la salud de sus miembros, aún con las dificultades ordinarias y comunes presentes en casi todas, es frecuente que un individuo que padece de estrés rescate (o no) el apoyo que recibe de ésta; como también de amigos y compañeros de trabajo que, a sus ojos, ‘están a su lado’.

 

(56) El sentido de pertenencia es la convicción de ser y sentirse parte de un grupo, de un lugar, una sociedad o una institución, entre otros. Cuando más sólida sea esta certeza, tanto más segura se sentirá la persona, más elevada será su percepción comunitaria y mayor será la comprensión de su propia identidad. La familia, los parientes y amigos, constituyen el grupo prioritario que sostiene el sentido de pertenencia. En el otro extremo (pasando por todas las instancias intermedias), se en encuentran, por ejemplo, el sentido de raza, patria, nación o religión.

 

(57) Más allá del concepto psicoanalítico en sentido estricto, como el que le dieron Freud y Breuer, en la actualidad se suele utilizar el término ‘catarsis’ también para significar el proceso por el cual alguien puede llegar a expresar una experiencia emocional, traumática o no, que fue o es reprimida durante algún tiempo, y que por el solo hecho de compartirla le produce alguna forma de alivio.

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Conoce al Autor/a:
  • WALTER EDGARDO ECKART   Contactar con el Autor
    Estudios de Teología y Filosofía. Escritor. Facilitador para el Control del Estrés

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