Qué es el TDAH

Bienvenidos al curso sobre Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Es recomendable (aunque no necesario) cursar primero Introducción a la Psicología Infantil, publicado en esta misma plataforma.

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, más comúnmente conocido por sus siglas (TDAH) pertenece al grupo de trastornos del neurodesarrollo, junto con las discapacidades intelectuales, los trastornos de comunicación, los trastornos del espectro autista (TEA), los trastornos motores del neurodesarrollo y los trastornos específicos del aprendizaje. Por supuesto, existen otros trastornos que no están clasificados por diversas causas (los famosos "Otros"). Esta clasificación es la que plantea el DSM-5, que es el manual diagnóstico de trastornos mentales de referencia en todo el mundo, en su edición más reciente. 

Si en el curso Introducción a la Psicología Infantil veíamos lo que es un desarrollo neurotípico, es decir, un desarrollo sin alteraciones, en los trastornos del neurodesarrollo nos encontramos con un desarrollo no neurotípico, producto de alteraciones en la maduración del sistema nervioso o de lesiones madurativas.

trastornosneurodesarrollo
 

El Center for Children and Families (CCF) de la Universidad Internacional de Florida (EEUU) define el TDAH como un patrón de comportamientos en los que el niño muestra niveles de hiperactividad, impulsividad y/o inatención mucho más altos que el del resto de niños de su misma edad, de manera que interfiere en su relación con el entorno, además de generar problemas académicos. Durante muchos años, se asumió que el TDAH era un problema de atención. Sin embargo, parece tratarse de un problema en las funciones ejecutivas, es decir, en los circuitos cerebrales que regulan el autocontrol y la inhibición.

Normalmente, distinguimos tres tipos de TDAH (Barkley, 1997):

  • Tipo inatento (TDAH/I). Predominio del déficit de atención. Los niños que muestran este tipo de desorden tienen dificultades para mantener un nivel de atención adecuado durante la realización de una tarea, pierden objetos con frecuencia, no prestan atención a los detalles, cometen numerosos errores por descuido, etc. Es fácil que se le considere un niño vago o poco inteligente, por lo que puede pasar  desapercibido y no ser diagnosticado.
  • Tipo hiperactivo-impulsivo (TDAH/H-I). Predominio de los componentes impulsivo e hiperactivo. Éste es el tipo de niño que viene a la mente enseguida cuando se habla de este trastorno: no es capaz de quedarse quieto o sentado mucho tiempo, está siempre inquieto, tiene muchos problemas para guardar los turnos, se precipita cuando se le pregunta, no suele esperar a que se termine de darle toda la información para realizar una tarea, salta de una tarea a otra sin acabar ninguna, etc. El comportamiento de este tipo de niños llega a resultar muy molesto y pueden llegar a exhibir agresividad con frecuencia.
  • Tipo combinado.

 

Se estima que entre un 5 y un 8% de los niños del mundo presenta TDAH, además de un 4% de los adultos (Sun et al, 2017), siendo de 3 a 5 veces más frecuente en niños que en niñas (APP, 2001). Aunque en versiones anteriores del manual DSM se sitúa la edad de inicio del trastorno antes de los 7 años, en la última versión, DSM-5, se indica como requisito para el diagnóstico que algunos de los síntomas estén presentes antes de los 12 años. El TDAH además suele presentarse junto con otros trastornos de manera muy frecuente, entre un 40 y un 60% de las veces según los datos de diversos estudios (Departamento de Educación de Estados Unidos, 2008). Aunque el TDAH puede coexistir casi con cualquier otro problema, los más frecuentes son los trastornos del comportamiento, trastornos del estado de ánimo, trastornos de ansiedad, trastornos que cursan con tics, como el Síndrome de Tourette, y los trastornos de aprendizaje. Aproximadamente, un tercio de los niños con TDAH suelen presentar trastornos del aprendizaje (NIMH, 1999). La tasa de conductas disruptivas, es decir, conductas inapropiadas, en los niños es el doble que en las niñas (Ruiz Sánchez de León, 2016). 

Menos conocido es el hecho de que los niños con TDAH tienen dificultades en el control de la postura y en la motricidad gruesa, en el equilibrio y en la motricidad fina (Martín-Lobo y Vergara-Moragues, 2015).

 

Un poco de historia.

Existe todavía mucha controversia alrededor de este trastorno, de manera que todavía hay voces que niegan su existencia. Sin embargo, podemos encontrar referencias al TDAH ya en el siglo XVIII.

Durante muchos años, se creyó que el primero en describir el trastorno fue A. Crichton, médico escocés que denominó a este trastorno "Agitación o Inquietud mental" (INTEF, 2012).  Sin embargo, parece ser que fue el médico alemán M.A. Weikard, quien lo denominó Attentio Volubilis o Déficit de atención (Barkley y Peters, 2012). Más conocido es el psiquiatra alemán H. Hoffmann, ya en el siglo XIX, que además era escritor e ilustrador de cuentos. Entre sus obras, se cuenta el libro "Pedro el Melenas", donde el autor relata un mal comportamiento infantil que recibe un castigo al final, a través de distintas fábulas en verso: "Federico el Cruel", "Paulina y las cerillas", "Gaspar el Melindroso", etc. Hoffmann describe el TDAH en su cuento "Felipe el Nervioso".  

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Pero quien sin duda se llevó durante mucho más tiempo el crédito por haber descrito este trastorno de manera similar a lo que se conoce actualmente fue el médico británico G.F. Still. Describió a 43 niños que tenían serios problemas de atención y, de cuerdo con la visión de William James (fundador de la Psicología Funcional), la atención era un elemento importante del control moral del comportamiento. La mayoría de los casos de los que informó Still fueron descritos como agresivos y desafiantes, de tal manera que la disciplina no parecía afectarles; excesivamente emocionales y con poca "inhibición volitiva" sobre su comportamiento. Estos niños, por tanto, debían padecer un déficit en el control moral, de manera que la atención estaba supeditada a aquello que proporcionase una gratificación inmediata (Berkley y Peters, 2012). Prácticamente desde este autor hasta los años 50, el TDAH se consideró el resultado de un daño cerebral (INTEF, 2012). 

En el DSM-II, que data de 1968, se introdujo con el nombre de hipercinesia de la infancia. De hecho, en la Clasificación Internacional de Enfermedades, hasta su versión actual (CIE-10), sigue llamándose trastorno hipercinético. No fue hasta la edición de 1980 (DSM-III) cuando empezó a denominarse TDA+H o TDA-H, es decir, trastornos por déficit de atención con o sin hiperactividad (INTEF, 2012). 

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Conoce al autor

María del Mar Alonso Hoyas

Licenciada en Psicología y Neurobiología

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