Autoestima

La autoestima está determinada con la realidad que vivimos y nuestras metas, por ello se puede expresar con la siguiente ecuación, autoestima= éxito/pretensiones. Por esta regla una persona que no obtenga mucho éxito pero que tampoco tenga muchas pretensiones en la vida puede tener una adecuada autoestima. La podemos también definir como la percepción emocional de nuestras virtudes y nuestros defectos.

 

La relación de afecto desde las edades más tempranas entre padres e hijos es decisiva en la construcción de la autoestima del niño y del futuro adulto, además de la percepción de la imagen que tienen los demás sobre nosotros. En los primeros años los padres tienen una influencia mayor sobre sus hijos, pero con el paso del tiempo van cogiendo un mayor protagonismo los compañeros de clase y sus propios amigos.

Lo ideal no es tener una autoestima muy elevada como puede parecernos, lo mejor es tener una autoestima ajustada a sí mismo, ni mejor ni peor a la que nos corresponde. Existen casos de niños con un alto ego, que creen ser los más listos, o los mejores deportistas, más guapos...

Deben saber que la perfección no existe y que todos tenemos limitaciones, pero que no nos hacen peores, nos definen como lo que somos, personas. A continuación encontramos algunas pautas educativas de utilidad:

  • Aceptar a los niños tal y como son, no como nos gustaría que fueran. La perfección no existe.
  • Atender las cosas que les preocupan, a qué les gusta dedicar su tiempo, cómo son las relaciones con sus amigos, dificultades y dudas. De esta manera le escucharemos con atención y le haremos saber que es especial.
  • Establecer metas accesibles a sus posibilidades.
  • Transmitirles la importancia de ser constantes y no darse por vencido a la primera.
  • Acercarles a entornos donde puedan encontrar el éxito, actividades para las que tengan una buena habilidad.
  • Ayudarles a aceptar la derrota y a valorar el esfuerzo aunque no exista triunfo.
  • Hacerles ver que no tenemos que buscar la aprobación constante de los demás, ya que si hacemos que nuestra autoestima dependa de ello creará ansiedad, y la idea irreal de intentar agradar a todo el mundo.
  • Aprender de los errores es algo sano y por tanto no debemos de tenerles miedo.

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