Residuos urbanos

En las grandes ciudades de nuestro planeta se consumen cantidades ingentes de materias primas, debido a la alta concentración de habitantes y a las actividades que estos desarrollan, lo que da lugar a una producción de desechos proporcional. Por este motivo, la gestión de los residuos es prioritaria para la práctica totalidad de los ayuntamientos y corporaciones locales de las grandes urbes, ya que de ello depende la salubridad y habitabilidad de su entorno.

El problema de los residuos urbanos aparece a la vez que las ciudades, e inicialmente se resolvía reutilizando o reciclando lo que se podía a nivel particular, y arrojando el resto a la vía pública o, en el mejor de los casos, poniéndolo a disposición de los servicios públicos de limpieza que, de forma incontrolada, depositaban los desechos en las afueras de las poblaciones.

Este modelo de gestión originaba frecuentes problemas de higiene urbana, favorecía la propagación de plagas y enfermedades, obligaba a ocupar nuevos territorios una vez que los espacios donde se producían los vertidos se encontraban colmatados (lo cual transformaba el medio perceptual originando paisajes repugnantes), contaminaba el aire, el agua y el suelo, aumentaba el riesgo de incendio y otros accidentes, hacía perder valor a grandes extensiones de terreno y, en definitiva, causaba numerosos impactos ambientales.

Hasta finales del siglo XIX no aparecen las primeras medidas de higiene, una vez que la generación de residuos en las grandes concentraciones urbanas, originadas con la revolución Industrial, empieza a preocupar a sus habitantes. 
A mediados del siglo XX, con la aparición de los vertederos como depósitos controlados de residuos, se abre el camino hacia la gestión inteligente de los residuos urbanos en las ciudades; y a partir de la segunda mitad de dicho siglo, es cuando la gestión de los residuos empieza a concebirse de forma integral.

Las tareas de limpieza viaria y recogida de basuras (realizadas por servicios municipales o empresas concesionarias) van ahora acompañadas de técnicas como la separación selectiva, la reutilización en origen, el reciclaje en instalaciones tecnológicamente equipadas para ello… que han venido a sustituir a los sistemas de eliminación de residuos más perjudiciales para el medio ambiente (vertederos incontrolados, escombreras, etc.).

Según la ciudad de la que se trate, la importancia en cuanto a cantidad producida de cada tipo de desecho, sobre el total de residuos urbanos generados, puede variar. Sin embargo, en casi todas las grandes ciudades se puede observar la siguiente clasificación:

1º. Materia orgánica (fundamentalmente restos de alimentos): supone el porcentaje mayoritario de las basuras domiciliarias.

2º. El papel y el cartón: aunque dependerá del tipo de embalaje predominante y de otros factores como la correspondencia, la publicidad, etc.

3º. Los plásticos y vidrios: que un tipo supere al otro dependerá de las embotelladoras y envasadoras que abastezcan de productos consumibles a la ciudad en cuestión.

4º. Oros residuos: como metales, restos textiles y otros, que cierran la lista de componentes de la basura domiciliaria.

En relación a esta última categoría, cabe mencionar algunos residuos que dentro de los urbanos merecen un tratamiento singular debido a sus características. Así tenemos:

a) Aceites vegetales usados: El elevado potencial contaminante de estas sustancias hace que sean varios los municipios que ya han prohibido su vertido al alcantarillado e implantado su recogida selectiva en contenedores.

b) Baterías agotadas (pilas usadas): Las baterías producen energía eléctrica a partir de ciertas reacciones químicas que ocurren en su interior, por lo que pueden contener cadmio, plomo, zinc, mercurio, litio… elementos que deben ser adecuadamente gestionados.

c) Medicamentos usados: El amplio espectro de medicinas que se acumulan en los hogares de los países con sistemas de salud avanzados, hace que se produzcan residuos con composiciones químicas singulares que requieren de un tratamiento especial.

d) Calzado y ropa usada: Son el tipo de residuos donde la reutilización es posiblemente más fácil y por eso es también la práctica más asentada (por las familias, por las organizaciones benéficas, por las órdenes religiosas, etc.).

e) Residuos voluminosos: Son los residuos de muebles, colchones, electrodomésticos, aparatos electrónicos, escombros de pequeñas obras domésticas… que debido a sus dimensiones necesitan una gestión diferenciada.

Pueden ser considerados también residuos especiales, por los motivos que se van a ver en el siguiente apartado.

Así, una particularidad que define a los residuos urbanos es su heterogeneidad, debido a esta característica es más complejo establecer un sistema de gestión eficiente para los residuos domésticos y asimilables, que para los industriales, agrícolas o ganaderos. Esta afirmación no es difícil de entender si se considera el ejemplo de una fábrica en la que, durante el proceso de fabricación, se producen diferentes tipos de rechazos.

La empresa debe conocer que cantidad de cada tipo de residuo se genera para un periodo determinado, simplemente por motivos económicos, y no le costará integrar en su modelo operativo un proceso para la gestión de los desechos que produce (otra cosa es que la dirección de la organización decida no hacerlo). Sin embargo, la composición y la cantidad de los residuos urbanos, varían en función de la estación del año, el día de la semana y la hora, el barrio de la ciudad en el que nos encontremos, el tipo de viviendas que haya en una determinada zona (no produce lo mismo un bloque de pisos que un chalé con jardín y piscina), etc.

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