Residuos peligrosos

La integración normativa del concepto de “residuo peligroso” es necesaria, en cuanto que el derecho positivo no ofrece más que definiciones generales. Por ello existen tres enfoques para la clasificación de los residuos peligrosos (Yakowitz, 1988):

a. A través de una descripción cualitativa, por medio de listas que indican el tipo, origen y componentes del residuo.

b. Según la aparición de ciertas características, que se manifiestan tras la aplicación de pruebas normalizadas.

c. Mediante el establecimiento de unos límites de concentración, para determinadas sustancias peligrosas, dentro del mismo residuo.

Cada una de estas tres alternativas tiene sus ventajas y desventajas. Mientras que la primera es más fácil de administrar, las otras dos presentan una descripción más clara y precisa de los residuos.

En general, hasta la Convención de Basilea de 1989, no se encuentran más que definiciones parciales en las que se incluye a los residuos peligrosos en los textos reglamentarios de carácter amplio, o bien definiciones, como la elaborada en el seno de la OMS, literales e inoperantes a falta de un método de designación científico apropiado.

Cabe resaltar, que hasta ahora el Derecho Internacional no se ha preocupado más que por esta clase de residuos pues son los que más amenazas presentan para el medio ambiente y el ser humano. Las Directrices y Principios de El Cairo, sobre la gestión ambientalmente racional de los desechos peligrosos (Decisión 14/30 del 17 de junio de 1987, PNUMA), define los residuos peligrosos como “todos aquellos que a causa de su reactividad química, de sus características tóxicas, explosivas, corrosivas o de otro tipo que constituyen o pueden constituir un peligro para la salud o para el medio ambiente por sí solos en contacto con otros” y “son jurídicamente definidos por el Estado en el que se producen” (por lo que traspasa al derecho interno de los Estados la decisión de lo que es un residuo peligroso y lo que no).

En el marco de la Unión Europea, la Directiva 2008/98/CE define residuo peligroso como todo aquel “residuo que presenta una o varias de las características peligrosas enumeradas en el anexo III”. Estas son, que sea: explosivo, oxidante, fácilmente inflamable, inflamable, irritante, nocivo, tóxico, cancerígeno, corrosivo, infeccioso, tóxico para la reproducción, mutagénico, sensibilizante o ecotóxico (definiendo cada una de estas categorías por separado).

Queda patente, que la Unión Europea se ha basado en la definición del PNUMA, para establecer de una manera más precisa que considera como residuo peligroso y que clasificación le merece cada tipo dentro de esa categoría. Aunque no exista uniformidad terminológica a nivel mundial, en todos los Estados donde existe regulación al respecto, se tiene una idea parecida de lo que es (o puede llegar a ser) un desecho peligroso.

La elevada generación de residuos peligrosos tiene su origen principal, en la ineficiencia de determinados procesos industriales que no aprovechan adecuadamente las materias primas y la energía que los alimentan. Hay que conocer pues los flujos de residuos que se producen en esas actividades, dado el peligro que presentan para la salud humana y el medio ambiente.

El problema principal deriva de que el volumen de residuos a eliminar aumenta cada año. Los países disponen cada vez de menos terreno apto para su depósito controlado. El último recurso es su vertido al mar o incineración, y lo más probable es que se produzca al final el depósito incontrolado de tales desechos a las corrientes de agua o su confinamiento en países en vías de desarrollo, donde las condiciones de eliminación son casi inexistentes.

Dentro del ciclo de la contaminación, los residuos peligrosos vienen a ser concentrados activos de sustancias contaminantes, cuyo mayor peligro reside en su capacidad de introducirse en el medio dañando los recursos de forma aguda o crónica, volviéndose éstos inaprovechables debido a la muerte de sus componentes bióticos, lo que causa a su vez la degradación de los componentes abióticos.

Los residuos peligrosos generan problemas fundamentalmente a la hora de su depósito o eliminación (la incineración es una práctica muy agresiva para determinados factores ambientales), pero también pueden causar daños en el entorno durante las fases de transporte y almacenamiento.

La contaminación no sólo se produce por una mala gestión, abandono o vertido incontrolado, también puede aparecer incluso con la implantación de buenas prácticas. Un ejemplo ilustrativo es el caso de Estados Unidos de América, donde se estima que existen 75.000 vertederos industriales en funcionamiento, junto con más de 200 instalaciones especiales de eliminación de residuos líquidos y sólidos, además de varios miles de lagunas de deposición de residuos de todo tipo, que sin embargo han contaminado el 2% de los acuíferos subterráneos de la nación. En el ámbito europeo también existen casos dramáticos de contaminación del suelo y aguas subterráneas por vertido o deposición de residuos peligrosos.

Raramente estos residuos presentan un estado físico-químico estable por lo que es necesario concretar una definición científica apropiada y operativa para luego agregarle el calificativo de peligrosidad, que ha de distinguirse del de riesgo. El riesgo se define como la probabilidad de causar un daño al hombre o al medio causada por un agente físico, químico o biológico, expresado mediante la ecuación:

R = f(I) x f(P) – f(D)

Donde:

- f(I) es el “factor intrínseco del riesgo” según las características propias del contaminante.

- f(P) es el “factor presencia” en función de la cantidad introducida en el medio, los parámetros físico-químicos del residuo y los propios del medio.

- f(D) es el “factor defensa” en función de las acciones que se pueden realizar para contrarrestar los efectos perjudiciales.

Así, definidos los residuos peligrosos como concentrados de sustancias peligrosas, basta con agrupar en una lista las sustancias peligrosas o productos en los que existe una evidencia científica sobre su peligrosidad.

En cuanto a la generación de residuos peligrosos, se puede recurrir a su origen a partir de tres fuentes:

a. Residuos de producción: son los generados en la extracción de materias primas y los que se producen a lo largo del proceso de fabricación.

b. Residuos de consumo: habitualmente de productos químicos domésticos que contribuyen a la difusión de contaminantes peligrosos desde el momento en que son depositados en los vertederos.

c. Residuos de la gestión de la contaminación: esta actividad en sí también genera desechos agresivos para la salud y el medio ambiente pues todo filtro de canalización capta materiales residuales peligrosos reforzando la toxicidad de sus sustancias.

Resulta imposible decir a ciencia cierta la cantidad total de residuos peligrosos generados en el mundo. Hay estimaciones que oscilan entre las 325-375 MTn/año, el 90% de los cuales procede de países industrializados los cuales monopolizan casi la totalidad del sector de producción de contaminantes.

En función de los diferentes sectores económicos, cabe resaltar la producción de residuos agrícolas en el sector primario, así como la diversidad de desechos peligrosos en el sector terciario (limpieza, hospitales, imprentas…). El sector secundario es el más importante en la generación de materiales peligrosos, siendo la industria química, metalúrgica y la de tratamiento en superficie las que van a la cabeza. Dentro de la industria química destaca la petroquímica, la del cloro, la fabricación de productos oleosos, etc.

En cuanto a los tipos de residuos peligrosos, los grupos más importantes serían:

a. Residuos procedentes de la preparación y tratamientos de superficies: que tienen su origen en operaciones de deposición de metal sobre las piezas a tratar para conferirles propiedades como resistencia a la corrosión, acabado estético o aptitud para la pintura.

b. Disolventes y residuos que contengan disolventes: destacar los halogenados por su alta toxicidad y estabilización en el medio.

c. Residuos líquidos oleosos: producidos por el sector metalúrgico, eléctrico, automoción y electrodomésticos de la línea blanca.

d. Residuos de pinturas, barnices, tintas: que se encuentran en forma de lodos y que son generados con la fabricación de recubrimientos, barnices, lacas, tintas y colorantes.

e. Fangos de apresto y de trabajos con metales.

f. Residuos minerales sólidos de tratamientos metálicos y térmicos.

g. Residuos de cocción, fusión e incineración cuyo origen se encuentra en diversos procesos térmicos.

h. Residuos de síntesis orgánica, minerales líquidos y fangos de tratamiento líquidos, residuos minerales sólidos de tratamiento químico, procedente de múltiples procesos de producción.

i. Residuos de preparación de aguas y de procesos diversos de descontaminación que se originan en la depuración cuyo objeto es la concentración de productos que se desea eliminar de los efluentes iniciales.

j. Materiales sucios, básicamente fangos de perforación resultado de este tipo de operaciones absorbentes y materiales sucios de productos orgánicos e inorgánicos, así como tierras, embalajes y otras escorias.

Por otro lado al tratarse de concentrado de sustancias y, por tanto, mezcla heterogénea de las mismas es necesario el conocimiento de ciertos datos para obtener la caracterización precisa del residuo. Esta investigación responde básicamente a dos objetivos principales:

1º. Evaluar los riesgos para el medio ambiente, en función de la naturaleza de las sustancias que contienen residuos, con lo que se pretende identificar el peligro que éstos presentan.

2º. Prevenir problemas en relación con las operaciones efectuadas, para lo que es necesario determinar previamente el objetivo de toda caracterización. Se deberán examinar los siguientes parámetros:

i. Estado físico del residuo.

ii. Composición química y mineralógica: naturaleza y contenido de elementos naturales.

iii. Propiedades termodinámicas y físico-químicas: se refiere a propiedades energéticas de los residuos como inflamabilidad, punto de ebullición, tensión de vapor, pH.

iv. Propiedades mineralógicas, físicas y mecánicas: sobretodo en residuos sólidos como densidad aparente, granulometría, superficie específica, propiedades eléctricas, magnéticas, reológicas, mecánicas, índice de plasticidad, compactibilidad.

v. Otras características como radiactividad, evolución en el tiempo, envejecimiento, permeabilidad, aptitud de lixiviación, características biológicas y bacteriológicas, contenido energético, corrosividad.

El control sobre la producción de residuos peligrosos (desde el lado de la prevención y la minimización) y sobre todo el proceso subsiguiente de clasificación, almacenamiento, transporte y tratamiento, hasta su eliminación definitiva, es prioritario, por encima de la gestión de cualquier otro tipo de residuos. Pues la naturaleza y características de estos desechos hace que, la falta de previsión de medidas preventivas y correctoras sobre su generación, pueda desencadenar en auténticos desastres para la salud y el medio ambiente.

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