Biotecnología

Según el Instituto Biotecnológico de la universidad de Granada, “la biotecnología se puede definir como la aplicación de organismos, componentes o sistemas biológicos para la obtención de bienes y servicios”.

Pero al contrario de lo que se cree, el hombre lleva poniendo en práctica técnicas biotecnológicas desde que comenzó a domesticar fieras (el lobo y el perro pertenecen a la misma especie canis lupus, sólo que el segundo pertenece a la variedad familiaris, al igual que el acebuche y el olivo que son olea europaea perteneciendo el primero a la variedad sylvestris) y a cultivar (el plátano por ejemplo es un híbrido sin semilla que no existiría de manera natural si la humanidad no lo cultivara por medio de esquejes).

No es necesaria la mediación de un laboratorio para hacer biotecnología, los seres humanos aplican la llamada selección antrópica a sus producciones agrícolas, ganaderas y forestales, beneficiando el crecimiento y el desarrollo de aquellas especies que le generan mayor beneficio o que se adaptan mejor a su desarrollo (piénsese por ejemplo en las especies nitrófilas como las cucarachas o las malas hierbas, que se alimentan de materia orgánica en descomposición y que se reproducen continuamente a partir de las materias fecales lanzadas por el hombre al medio ambiente).

Pero este tipo de biotecnología no genera controversia, la que produce polémica es la actual, apoyada sobre una serie de disciplinas científicas que en resumen son la biología celular, la genética, la microbiología, la química, la ingeniería, la electrónica y la informática. Conjugadas de tal forma que puedan ser aplicadas con resultados prácticos para la obtención de bienes y servicios en general, entre los que destacan los siguientes:

 

medio ambiente

 

Entonces surge la cuestión de si tiene sentido toda esa polémica cuando está demostrado que aporta tantos beneficios a la humanidad. El conflicto social surge por la aparición de numerosos casos en los que la ingeniería genética ha cometido errores, que han hecho que los más puristas la califiquen de cómo “jugar a ser Dios”. Está el caso de los Premio Nobel de Química de 2009, Martin Chalfie, Roger Tsien y Osamu Shimomura, condecorados de esta forma por ser capaces de aislar el gen que da luminiscencia a la medusa aequorea victoria y ser capaces de introducirlo en el genoma de otros organismos, esto ha conseguido importantes ventajas en medicina como la posibilidad de observar como se propaga el cáncer o como se desarrolla la enfermedad de Alzheimer, pero también es cierto que desde entonces también ha tenido usos frívolos como las nuevas mascotas fluorescentes o el ganado luminoso, que facilita la tarea de vigilancia al ganadero.

Este tipo de actuaciones son las que dan mala fama a la biotecnología, y la que apuntan a ella como una de las principales causas de pérdida de genoma junto a las especies exóticas invasoras, que destruyen ecosistemas y rompen el equilibrio con el medio ambiente.

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