Los abonos

        A.    ABONOS ORGÁNICOS.

Los abonos orgánicos pueden ser de varios tipos, comprendiendo desde los estiércoles frescos, hasta los compostados (que son un tipo especial de abono orgánicos), o de la agroindustrias, en diferentes mezclas, enriquecidos o no y bajo diferentes procesos de fermentación.

En la siguiente tabla (utilizada por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos de América) puede apreciase el contenido de nitrógeno, fósforo y potasio de varios de los abonos orgánicos más comúnmente utilizados:

ABONO

NITRÓGENO

FÓSFORO

POTASIO

VACA

0,94

0,42

1,89

OVEJA

2,82

0,41

2,62

CERDO

1,77

2,11

0,57

CONEJO

1,91

1,38

1,30

CABRA

2,38

0,57

2,50

CABALLO

1,98

1,29

2,41

AVE

2,72

2,23

2,26

AVE PISO

2,89

1,43

2,14

AVE JAULA

2,92

2,14

1,62

PURÍN BOVINO

0,30

0,20

0,30

NOVILLO

2,00

0,80

1,50

GUANO ROJO

1,80

18,00

1,65

 

        B.    ABONOS VERDES.

Se denomina abono verde (o abonado en verde) al aprovechamiento de la vegetación espontánea, o a la siembra de ciertas plantas, con el objetivo de incorporarlas al suelo (enterrarlas) en un estado vegetativo, generalmente después de la floración y antes de la fructificación, y en el mismo lugar donde se sembraron en su día. Tan importante como acertar al elegir las especies a utilizar es hacerlo con el momento de enterrar, ya que las plantas no deben dejarse florecer y menos fructificar.

En el caso de las especies cultivadas, suelen sembrarse entre las calles de las plantaciones frutales o (en el caso de las rotaciones de cultivos) intercaladas entre los dos cultivos principales de la rotación. Su principal función es aumentar la actividad microbiana del suelo, y mejorar su estructura.

El abonado en verde es una práctica agrícola muy antigua, en la cuenca del Mediterráneo, ya era utilizada por los griegos (que utilizaban lupinos y habas) desde alrededor del año 300 a. C.

Las cubiertas vegetales son un tipo de abono verde en el que la incorporación de la materia orgánica, y los nutrientes al suelo, se realizan con la siega. Debido a que las plantas se siegan en un estado vegetativo joven su descomposición es alta, otorgando una gran cantidad de nutrientes a los cultivos.

Los principales efectos beneficiosos para el suelo, del abonado en verde, son:

  1. Mejora la estructura del suelo: la adhesión superficial del abono verde sobre el sustrato, tiene un efecto inmediato sobre la estructura de este, se incrementa la porosidad y permeabilidad, esponjándolo y mejorando la circulación del agua, y facilitando a su vez las condiciones de desarrollo radicular.
  2. Enriquece el suelo con elementos fertilizantes: especialmente llamativo es el aporte de nitrógeno que producen las leguminosas, debido a la simbiosis que forman con las bacterias nitrificantes. Estas bacterias penetran en las raíces de la planta y transforman el nitrógeno atmosférico en nitrógeno orgánico, que fijan en las raíces, a cambio las bacterias obtienen nutrientes directamente de las raíces.

Las crucíferas, por su parte, recuperan zonas profundas de suelo gracias a su avidez por el potasio y su potente sistema radicular, y se incorporan en superficie tras su muerte, lo que produce un aumento de la disponibilidad de este elemento para los siguientes cultivos.

  1. Ayuda a reducir las pérdidas de nutrientes por lixiviación: es el caso de aquellas plantas que presentan una elevada avidez por el nitrógeno, como la espinaca, que al fijarlo en sus tejidos evita el arrastre de este elemento por el agua. Así, por ejemplo, en los climas mediterráneos, en los que se produce mineralización de la materia orgánica durante el verano, pudiendo lixiviarse posteriormente, la siembra temprana de un abono verde puede retener los nutrientes, que después se aprovechan en forma de materia orgánica (antes de la siembra del cereal). Véanse a continuación las “características agronómicas de abonos verdes o cultivos de cobertura” (Monegat, 1991):

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  1. Reduce la erosión: La presencia de una cubierta vegetal sobre el sustrato lo protege de la acción de los diferentes agentes atmosféricos, principalmente del viento, la lluvia, las heladas invernales, y la insolación estival, con lo que se evita el encostramiento superficial y la degradación estructural por impacto de las gotas de agua. La magnitud de este efecto está relacionada con la cantidad de residuos que se depositen sobre el suelo, obteniéndose muy buenos resultados cuando está en torno a 1 Tn/Ha.
  2. Mejora la infiltración del agua en el suelo: tras su muerte, las raíces de leguminosas y crucíferas (que penetran a profundidad en el sustrato) se descomponen, y los huecos que dejan en el suelo son una excelente vía de entrada para el aire y la humedad, mejorando así la infiltración y la permeabilidad del terreno, además de abrir camino a los cultivos sucesivos y facilitar la acción de las lombrices. Por ejemplo, las raíces fasciculadas de las gramíneas ejercen un efecto disgregador sobre los suelos pesados, confiriéndoles una textura granulada muy apropiada para su puesta en cultivo. Véase a continuación, el “efecto de la cobertura de residuos vegetales obtenidos de diferentes cultivos en el escurrimiento superficial, infiltración de agua y pérdida del suelo con pendiente del 5%” (Monegat, 1991):

Residuos

Efectos sobre el agua y el suelo

Tn/Ha

Escurrimiento de agua (%)

Infiltración de agua (%)

Pérdida de suelo (Tn/Ha)

0,000

45,30

54,70

13,69

0,275

40,00

60,00

3,57

0,550

24,30

74,70

1,56

1,102

0,50

99,50

0,33

2,205

0,10

99,50

0,00

4,410

0,00

100,00

0,00

 

  1. Limita la aparición de malas hierbas: la mezcla de habas y centeno practicada en la cuenca mediterránea es un buen ejemplo de ello, la siembra se realiza en otoño  y se entierra a final de marzo o principio de abril, para evitar la aparición de las malas hierbas en el próximo cultivo. El abundante y rápido crecimiento del abono verde no permite la proliferación de otras plantas y, además, el centeno libera compuestos alelopáticos al suelo, que intoxican a la maleza. Como complemento las habas (como leguminosas que son) fijan el nitrógeno al suelo, lo que favorece al siguiente cultivo.
  2. Controla la presencia de hongos, nematodos e insectos en el suelo: Por medio de tres mecanismos:

a.    Incremento de la actividad biológica: hace crecer la población de organismos en el sustrato y su actividad (bacterias, protozoos, hongos, insectos…). La mayor parte de estos seres vivos son beneficiosos para los cultivos, puesto que hacen frente a otros organismos dañinos que puedan aparecer, tanto de forma directa (al competir con los otros por los recursos disponibles) como indirecta (porque son depredadores, parásitos o producen sustancias tóxicas que impiden la aparición de plagas).

b.    Formación de sustancias tóxicas durante la descomposición: los restos vegetales incorporados al sustrato son transformados en otros más simples por los organismos presentes en el mismo. Como resultado de dicha degradación, se generan algunas sustancias orgánicas intermedias potencialmente tóxicas para otros organismos que pueden dañar los cultivos.

c.    El abono verde utilizado como planta trampa: el control de nematodos se puede realizar usando plantas hospedadoras que estimulen su crecimiento, eliminándolas antes de que los nematodos completen su ciclo vital.

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