Cajas de sus Productos

Va de cuento: Me imagino que usted querido-a lector-a cuando niño-a fue casi seguro que Santa Claus o el Niño Dios, o ambos, le trajeron regalos en las fechas propias para tales eventos. ¿Recuerda cómo encontraba sus regalos? ¿Cerrados en cajas adornadas y con un bello moño? o ¿estaban “pelones”; sin caja, ni papel de celofán, ni etiquetas, ni nada; era el puro juguete o regalo solitario?

La mayoría de las veces estos míticos personajes dejan sus regalos en amplias cajas cerradas; forradas con lindos papeles de colores brillantes, con un moño precioso y con una linda tarjeta que dice más o menos así: De Santa para Dieguito; Del Niño Dios para Claudita.

Pues así sucede con los productos o servicios que compramos o que nos regalan. La mercadotecnia aconseja que todo lo que usted venda (o casi todo), lo entregue dentro de una caja o en un envase especial según el producto. Porque así como el niño que recibe su regalo dentro de una caja, el cliente también se emociona a la hora de abrirla, sacar el producto comprado, leer los folletos y etiquetas que le acompañan y ratificar que hizo una buena compra de un producto que está nuevo y sólo es para él.

No me salga que las cajas, los empaques, las etiquetas, los frascos, los tapones y demás insumos salen caros y que por lo tanto es mejor no ponerles cajas a sus productos; ya que el cliente no los pagaría porque su precio se tendría que elevar por la mentada cajita.

Esta manera de pensar es un paradigma y de los más feos que hay en la mercadotecnia. Hay un viejo aforismo (sentencia) que dice: “Como es afuera, es adentro”, y esta añeja sentencia es también una gran verdad en la mercadotecnia de los productos.

Algunos fabricantes, al tener este conocimiento, se esmeran en ponerle a sus productos hermosas y llamativas cajas, aunque el producto no sea de calidad óptima: pizzas, quesos, galletas, etc.

No hay necesidad de hacer “trampas”; que su producto sea de primera por fuera (caja), como por dentro (producto). Las cajas, etiquetas y embalajes en general, deben ayudar a proyectar una imagen de confianza, seguridad, calidad, experiencia, servicio, frescura, autoridad técnica (entre otras cosas), de sus productos o servicios. ¿Cómo se viste la gente joven (y ya no tanto) los domingos en provincia? Se ponen sus mejores vestimentas, se arreglan, se peinan, se perfuman, se acicalan; zapatos limpios y con sus mejores sonrisas.

Pues sus productos o servicios siempre deben de estar en un domingo permanente, para que los clientes los compren con más facilidad en comparación de los productos competidores que, por estar pensando en ahorrarse la caja, la etiqueta, el tapón, la botellita, etc., ponen a la venta productos miserables que ni ellos usan.

 

Va de cuento: Allá por los gloriosos años 70´s, me ofrecieron un buen puesto en un conocido laboratorio farmacéutico que se ubicaba en la calentita ciudad de Monterrey, N.L.

La entrevista fue en la ciudad de México, con el gerente de mercadotecnia; la entrevista se desarrolló sin mayores problemas, pero cuando le pedí que me mostrara físicamente las cajas, frascos y etiquetas de la línea de medicamentos ahí fue donde “la puerca torció el rabo”.

Toda la línea de cajas eran de diferentes tamaños aunque varios frascos eran de igual tamaño; lo mismo pasaba con las etiquetas. No existía un diseño master (patrón) que diera una imagen de compañía; los colores también eran un desastre.

Concertamos una segunda entrevista para ver si me darían el puesto o no. Antes de despedirme, le pedí que me prestara unas 3-4 cajas de productos de venta, con la promesa de que algo le podría presentar en la próxima junta.

Y así fue, me di a la tarea de ir con mi profesor putativo (no se alarme, putativo es alguien que se comporta como tal, sin serlo en realidad) de diseño gráfico y le dije que plasmara mis ideas en los medicamentos y le pedí que lo hiciera a la voz de “ya”.

Al tercer día mi querido amigo y profesor, me entregó los dummies (bocetos finos) de las cajas, frascos y etiquetas de 3 medicamentos. El cambio resultó extraordinario (bueno, la transformación de la Cenicienta fue sólo un pequeño cambio). De ser simples medicamentos tipo seguro social en sus peores momentos, cambiaron a medicamentos dignos del mejor laboratorio transnacional.

Cuando llegó el momento de presentarle mis sugerencias de la nueva imagen para los medicamentos al gerente de mercadotecnia (que por cierto no me había aceptado para el puesto), casi se le saltaron los ojos de sus órbitas y me dijo con voz casi suplicante: "préstemelos para que los vea el dueño del laboratorio y se los regreso en una semana".

Por supuesto que no le dejé nada, me di la media vuelta y mientras salía de la oficina y en voz baja suscité “lástima Margarito, pero sigue participando”.

No conseguí el puesto, pero conseguí algo más importante: pude probarme a mí mismo que una buena imagen en cajas y etiquetas de los productos pueden incrementar las ventas por su sola presencia.

 

Colofón de este capítulo: No ahorre en cajas, frascos, etiquetas, tapones y otros insumos. Sus productos son su presente y su futuro. “Si ahora usted ve por sus productos, mañana ellos verán por usted”.

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Conoce al autor

Reynaldo Andres Serrano Becerril

Profesor de Mercadotecnia, ventas y atención y servicio al cliente en Universidad Anáhuac 1985-2010

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