Las Leyes

             Etimológicamente el término “ley” procede del latín lex, que designa la regla, norma o modelo.

Definiendo el Diccionario de la Real Academia de la Lengua el término ley, como la regla y norma constante e invariable de las cosas.

Las leyes científicas constituyen enunciados universales que afirman una conexión esencial o una conjunción constante, simple o estadística, entre ciertos fenómenos, situaciones, propiedades o cosas, científicamente comprobadas a través de la investigación.

Son proposiciones formuladas según un modelo de representación abstracta, y definen previsiones que tienen una cierta probabilidad.

Por su parte, Bunge (1989, pág. 342)* define la ley científica como: “Una hipótesis científica confirmada, que afirma una relación entre dos o más variables, cada una de las cuales representa (al menos parcial e indirectamente) una propiedad de sistemas concretos”.

Las leyes científicas constituyen, por tanto, elementos esenciales del método científico.

La formulación de leyes científicas, requiere la aplicación del método científico que parte de la observación de los hechos, el establecimiento de hipótesis que tratan de explicar los hechos, y la deducción de consecuencias que puedan ser puestas a prueba por la observación.

Imponiéndose unos requisitos a las hipótesis para que puedan ser consideradas como leyes científicas, Bunge (1989, págs. 365 y 393)*:

1. Generalidad. En algún aspecto, de forma que se cumpla en todos los casos, o en su defecto, para casi todos. Por lo menos una de las variables de la formulación debe tener el prefijo “para todo” o bien “para casi todo”.

Cuando la variable en la ley se refiere a “para todo”, nos encontramos en presencia de lo que se denomina una ley estrictamente universal.

En numerosas ocasiones, al formular leyes científicas se prescínde de explicar esta condición, aunque es difícil precisar si esa generalización sin límites es admisible. 

Por otra parte, una gran cantidad de leyes se formulan con ciertas restricciones, de forma que se establecen “para casi todo”. Esta restricción no implica que no pueda ser una ley valiosa.

Las fórmulas legaliformes cuasi universales son tan valiosas como los enunciados estrictamente universales.

2. Sistematicidad. Pertenecer a algún sistema científico, desarrollado o en sus primeras fases, y se asiente en las bases del conocimiento científico.

3. Corroboración empírica. Es precisa una satisfactoria contrastación para poder declarar una determinada hipótesis como ley.

 

             Por tanto, la ley científica es una hipótesis que ha sido confirmada y que refleja una pauta o regularidad. Por ello, el objetivo fundamental de la investigación científica es el descubrimiento de pautas o regularidades.

            Un rasgo principal de toda ley es ser una relación entre variables que se refieren, a su vez, a propiedades de objetos reales. Dentro de las distintas variables, podemos distinguir:

  1. Proposicionales: son símbolos que denotan proposiciones.
  2. Individuales: son símbolos que representan individuos concretos.
  3. Predictivas: son símbolos que designan propiedades.

 

            Podemos por tanto afirmar, que las leyes no son resúmenes de experiencias.

Las leyes tienden a reconstruir esquemas o estructuras de carácter objetivo, es decir, las leyes científicas no afirman conjunciones de hechos, sino relaciones entre variables seleccionadas.

            Bunge diferencia entre leyes de alto nivel a las que denomina postulados y axiomas, y leyes de bajo nivel o teoremas.

Mientras que las leyes de alto nivel son independientes del sistema de referencia, del observador y son absolutas, las de bajo nivel son relativas al marco de referencia.

            Las leyes tratan de relacionar variables, pero obviamente, dada la complejidad de la realidad, las leyes científicas sólo relacionan un número finito de variables seleccionadas.

            De todas las posibles variables a seleccionar, se hace preciso seleccionar unas determinadas que creemos podemos correlacionar mediante alguna fórmula.

Una vez seleccionadas las variables, será preciso formular una relación precisa que nos permita establecer una hipótesis. Posteriormente, debemos someter a contrastación exigente la hipótesis.

            Es preciso reconocer que no existen fórmulas establecidas que de forma mecánica nos asegure la fácil localización de leyes científicas.

La observación cuidadosa, junto con alguna hipótesis que la guíe, es un camino que lleva a leyes de bajo nivel, es decir sólo a hipótesis observacionales.

El establecimiento de leyes de alto nivel, requiere ir más lejos.
            
Podemos, por tanto, afirmar, siguiendo a Bunge, que los hechos son tan complejos, que para poder hallar leyes tenemos que empezar por analizarlos y hacer abstracción de la mayoría de sus propiedades para no centrarnos más que en unas pocas.

Un sólo hecho va a requerir varias leyes para su explicación.

 

* BUNGE, M. (1989)  La investigación Científica . Editorial Ariel. Barcelona.

*BUNGE, M. (1989)  La investigación Científica . Editorial Ariel. Barcelona.

 

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