La Hipótesis

            Etimológicamente, el término hipótesis tiene su origen en las palabras griegas: thesis, que hace referencia a “lo que se pone”, e hipo, que significa “por debajo”.

Por tanto, hace referencia a lo que se pone debajo o se supone.

La definición de hipótesis recogida por el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia refleja dos acepciones: la primera, la de suposición de una cosa posible o imposible para sacar de ella una consecuencia; la segunda, hace referencia a las hipótesis de trabajo como la que se establece provisionalmente como base de una investigación, que puede confirmar o negar la validez de aquella.

            Las hipótesis, por tanto, son tentativas de explicación de los hechos y fenómenos a estudiar, que se formulan al comienzo de una investigación mediante una suposición o conjetura verosímil destinada a ser probada por la comprobación de los hechos.

Las hipótesis son las piezas elementales del método científico y un enunciado fáctico general susceptible de ser verificado. Tal como expresa

Manhein (1982, pág. 69): “Una hipótesis es una proposición que afirma una supuesta relación entre dos o más cosas. Expresa pues, una relación provisional, conjetural, supuesta o posible. Es posible que se crea o no que es verdadera, pero esto es ajeno a la definición. Tampoco es necesario que existan pruebas que apoyen la hipótesis. Simplemente se suponen con vistas a una investigación posterior”.

Se trata, por tanto, de la afirmación de un resultado o relación que guía la investigación y puede ser mantenida o rectificada una vez obtenidos los resultados de la investigación.

Ciertos aspectos a considerar, pueden guiar la formulación de hipótesis científicas:

1. Lingüísticamente bien formulada. No debe ser vacía desde el punto de vista semántico.

2. Consistencia lógica. Entre varias opciones, se debe elegir la hipótesis que posea una fuerza lógica mayor, seleccionando la de mayor contenido informativo y la que sea más contrastable o falsable.

3. Se fundamenta en el conocimiento previo. La formulación se hace dentro de un contexto teórico, y por tanto, se relaciona con todo un sistema anterior de conocimientos organizados y sistemáticos.

Debe ser compatible con el cuerpo de conocimiento científico preexistente.

4. Carácter provisional. Una hipótesis aceptada y bien fundada, puede ser rechazada por la investigación en el futuro.

La hipótesis puede ser corregida como resultado de la experiencia y como consecuencia del progreso científico.

El científico tiene que reconocer el carácter provisional del conocimiento científico, puesto que las más consolidadas teorías del pasado han sido refutadas.

5. Empíricamente contrastable. La hipótesis debe ser verificable como requisito del método científico.

Su contenido conceptual debe ser confirmable o rechazable como resultado de la experiencia.

            Es necesario que la hipótesis sea formalmente correcta, es decir, que tenga significación en algún lenguaje, lógicamente, consistente y contrastable.

El enunciado de la hipótesis debe ser tal, que su contenido conceptual pueda ser, como resultado de la experiencia, refutado o rechazado.

            Es por consiguiente, una característica esencial de las hipótesis, su necesidad de contrastación para verificar su veracidad.

Para dicha contrastación comenzamos por inferir de ellas algunas consecuencias, utilizando nuestros conocimientos básicos y confrontando las consecuencias lógicas de las hipótesis con la información empírica.

Las hipótesis son un tipo especial de conjeturas o suposiciones, constituyendo el punto de partida para comprender un objeto o un fenómeno.

Tratan de explicar algo, intentando proporcionar respuestas al problema que las origina.

Las hipótesis se suelen formular dentro de un contexto teórico que se relaciona con el sistema anterior de conocimientos.

De esta forma, se conecta con el conocimiento anterior, de veracidad admitida, y con las conclusiones que de él se infieren. 

Una hipótesis, dependiendo de su mayor o menor relación con el conocimiento anterior, puede ser sistemática o aislada.

Las sistemáticas están insertas en algún sistema de conocimiento anterior. Denominamos hipótesis aisladas, a aquellas que no forman parte de una teoría, generalmente, porque nos encontramos al comienzo del desarrollo de una nueva parcela de conocimiento.

El que sea una hipótesis aislada, no quiere decir que esté absolutamente desconectada del cuerpo general de conocimientos de la ciencia.

El científico no dispone de fórmulas infalibles para la formulación de hipótesis con aceptables visos de veracidad. No hay reglas infalibles que garanticen por anticipado el descubrimiento de nuevos hechos.

No hay una manera única de sugerir una hipótesis, sino que existen diversos procedimientos de aproximación.

Las hipótesis se construyen con inferencias de todo tipo, por lo que debemos hablar de hipótesis construidas predominantemente por un tipo de inferencia.

Entre estos procedimientos de formulación se encuentra la analogía, la deducción y la intuición:

1. La analogía es el procedimiento mediante el cual se buscan parecidos o puntos comunes.

La analogía es una poderosa herramienta que el hombre utiliza constantemente en su discurrir, y que tiene una importante participación en la elaboración de hipótesis y en el comienzo de las elaboraciones mentales.

2. Las deductivas son las que se deducen de proposiciones más fuertes. Son inferencias que realizamos a partir de premisas de orden superior.

3. Llamamos hipótesis intuitivas, a aquellas que parecen que surgen de modo natural y obvio, sin elaboración ni investigación previa. 

 

Pero esto es relativo, toda hipótesis debe ser contrastable y suele conectarse con el conocimiento previo.

Por otra parte, lo que parece obvio suele tener una gran carga de conocimiento y experiencia previa.      

 

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