La Inclusión

Desde nuestra introducción, hemos ido profundizando más y más en diferentes dimensiones del lenguaje. Así, hemos establecido la importancia de palabras como “reconocimiento” e “identidad” y su intrínseca relación con el lenguaje.

Ahora bien, ¿qué entendemos por inclusión? Y ¿qué se entiende, por tanto, por lenguaje incluyente?

Para hablar de inclusión, es mejor hablar primero del término contrario (el cual hemos mencionado mucho en el tema anterior): la exclusión. Este término, en la dimensión lingüística atiende a dos cuestiones.

Por una parte, puede existir una exclusión por no incluir una determinada realidad en el lenguaje. Es decir, por no nombrarla y visibilizarla.

En otras palabras, por no incluirla de ninguna de las maneras. Un ejemplo de estas exclusiones es la censura o los temas tabú.

El no visibilizar estas realidades genera muchas discriminaciones y situaciones límite para algunas personas que no pueden verbalizar ni hacer públicas cuestiones determinadas que forman parte esencial de su identidad como persona: de lo que es o de quién es (como aquel ser que se encontraba dentro de la caja de nuestro ejemplo).

 

La Inclusión

 

En otras ocasiones, la razón de excluir determinadas realidades se produce por desconocimiento o por no poder ponerlas en relación con otras ya conocidas.

Pero ésta no es la única forma de exclusión que realizamos. De hecho, en ocasiones sí presentamos determinadas realidades en nuestros discursos pero  lo hacemos, siempre, de forma estereotipada y limitada (también discriminatoria), por lo que las otras dimensiones de eso que traemos a colación quedan en la sombra y, por tanto —una vez más— excluidas (no reconocidas).

Asimismo, realizamos acciones que discriminan a determinadas personas. Pongamos un ejemplo de esto último:

 

La Inclusión

 

Nuestras exclusiones empiezan en nuestro lenguaje y se extienden a nuestra concepción del mundo y a nuestra acciones y sistemas por lo que no estamos hablando únicamente de hechos simbólicos que no tienen su traducción en el plano real.

Un lenguaje incluyente es una apuesta por incluir todas aquellas realidades que no se muestran en nuestros discursos o que solo se muestran de forma parcial y estereotipada. Es un lenguaje que no excluye y que persigue mostrar la totalidad de la realidad que se describe sin prejuicios y bajo el propósito del reconocimiento.

 

La Inclusión

Mar Gallego Espejito

Licenciada en Periodismo | Máster en Género, Identidad y Ciudadanía

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