El sueño de la caja

Si, por todo lo expuesto, hemos sabido entender la inmensa importancia del lenguaje como un factor que atraviesa toda nuestra vida, habremos concluido fácilmente que el lenguaje es un factor importante de nuestra identidad y que, sin él, no podemos conseguir una proyección íntegra como personas.

Un filósofo tan importante como fue Heidegger, se pasó toda una vida intentando descubrir cuál era la esencia del ser y en qué lugares el ser se manifestada.

Heidegger lo tuvo muy claro llegando a considerar que era el lenguaje la herramienta por la queel ser se hacía presente. El autor afirmó que “el lenguaje es lo primero, y también lo último, que, con una seña dirigida a nosotros, nos lleva a la esencia de una cosa” (Heidegger, 2001, p. 141).

Evidentemente el pensamiento de este filósofo no puede ser deconstruido en su totalidad con las frases que hemos elegido para hacerlo visible. Pero sí podemos quedarnos con la idea de lo importante que es la dimensión lingüística para la realización personal de una persona. Imaginemos la siguiente situación o que tenemos el siguiente sueño o pesadilla:

 

El sueño de la caja

 

Si hemos logrado introducirnos en esta situación, hemos podido sentir un poco cuál es la situación de una persona cuando es excluida o discriminada del lenguaje. Lo que se produce aquí es una diferencia entre quién soy y cómo me perciben las demás personas.

Por ejemplo, soy una persona con una discapacidad que conoce todo su potencial como persona aunque el resto (a través del lenguaje) sólo vea en mí a una “minus-válida”. Esto, además, limitará mi vida sin límites ya que, aunque yo intente expresarme y darme a conocer, mi lenguaje no es el normativo y, por tanto, “mi voz” no sería reconocida en igualdad de condiciones ya que mi visión no es la que se impone a través del lenguaje.

Así, vemos cómo el lenguaje excluye a determinadas personas o las incluye de una forma discriminatoria. Esto es así porque, si el lenguaje nos excluye de su sistema de representación desde la inclusión, nos está dejando también sin voz y sin la posibilidad —y esto es lo más importante— de ser personas reconocidas y con los mismos derechos por el sistema donde nos insertamos.

Así, en nuestro ejemplo, aunque yo parecía saber muy bien quién era para el sistema que me rodeaba no era más que cualquier juguete de un bebé cualquiera.

De nada servía que yo hubiera sabido quién era ya que el lenguaje normativo —representado en el sueño por el bebé— parecía ser mucho más grande y poderoso que yo. El lenguaje, por ello, además de todo lo expuesto, es aquel útil desde el que reconocemos a las otras personas. El reconocimiento es, por otra parte, la única forma de lograr una vida con posibilidades.

 

El sueño de la caja

Mar Gallego Espejito

Licenciada en Periodismo | Máster en Género, Identidad y Ciudadanía

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