Identidad de género

En el tema anterior explicábamos por qué no recomendamos hablar de “comunidad LGBT”. Otra de las razones que no queremos dejar de nombrar es que la palabra “comunidad” atiende a un grupo de personas que, o bien comparten costumbres, valores o significados comunes; o bien se encuentran viviendo en un mismo lugar y espacio.

El hecho de que exista gente que se hayan construido fuera de la norma no implica que entren en esta definición. De hecho, es clave visibilizar que —tras orientaciones sexuales e identidades de género no normativas— existen personas plurales y totalmente diferentes entre sí.

Otro uso que desaconsejamos es el que habla de “personas diversas” únicamente cuando se está haciendo referencia a personas con identidades de género y orientaciones sexuales no normativas.

Si bien la humanidad es diversa en sí, usar esta expresión únicamente en estos casos no ayuda a darle ese sentido y significado ya que sólo apuntamos “la diversidad” cuando se señalan estas construcciones concretas, o como si las personas que se “amolda” al patrón hetero-patriarcal no fueran diversas.

Hemos hablado de identidades de género y de orientaciones sexuales no normativas pero ¿qué es la identidad de género y qué la orientación sexual de una persona?

La identidad de género hace alusión a la forma en que una persona construye la imagen de sí misma (su identidad concreta) de acuerdo a lo que significa ser “hombre” o “mujer”. Es decir, es la forma en que nos construimos en relación a estos conceptos.

Así, una identidad de género normativa implica que mi construcción identitaria es acorde a la norma; es decir, si he nacido con un sexo femenino, me construyo como mujer con los rasgos que se espera de lo que significa “ser mujer”.

Sin embargo, tener una identidad de género no normativa implica que no me construyo como la sociedad espera que lo haga y que mi identidad y cómo las demás personas me perciben no es “lo que se espera de mí” ni del sexo que se me ha asignado.

Por tanto, esa identidad concreta suele ser discriminada por el resto. Por ejemplo, puedo nacer con un sexo femenino pero querer desarrollarme como hombre (o viceversa) o puedo nacer con un sexo determinado pero no querer construirme ni como hombre ni como mujer.

Estos son algunos ejemplos de identidades de género no normativas. En el próximo tema hablaremos de qué es la orientación sexual.

 

Identidad de género

Mar Gallego Espejito

Licenciada en Periodismo | Máster en Género, Identidad y Ciudadanía

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