Dominio, agresividad y nivel de actividad

En lo que respecta al dominio y la seguridad, los estereotipos que representaban a hombres en este estudio, los plasmaban como personas con deseos de poder, ambiciosos, amantes del mando, seguros de sí mismos y autoritarios. Las mujeres, sin embargo, aparecían como débiles.

La agresividad se incluía como parte de la personalidad masculina: combativos, amantes de la lucha… Las mujeres eran representadas como astutas y diplomáticas (algo que ya se señaló arriba).

En el nivel de actividad, mientras que los hombres eran impetuosos, las mujeres eran pasivas.

En lo referente a la adquisición, los hombres eran egoístas y materialistas; las mujeres, curiosas.

En las cualidades intelectuales puede verse una gran diferencia también. Mientras los hombres eran representados como creadores, lúcidos, objetivos, teóricos, científicos y razonadores; las mujeres eran intuitivas y tenían aptitud para las lenguas. Volvemos a ver aquí la relación que se intenta imponer entre la naturaleza y las mujeres ya que la intuición se considera un instinto natural.

Se destaca este hecho tanto en las mujeres porque interesa que se dedique a cuestiones que se han relacionado directamente con la naturaleza como la maternidad y la reproducción; mientras que se pretende que los hombres se dediquen a su rol proveedor a través de la creatividad, la inteligencia y los emprendimientos. Detrás de cada rol, encontramos una estructura económica bien definida: las mujeres trabajarán en lo privado (y por ello se potencian esas aptitudes intuitivas en los estereotipos) y los hombres trabajarán en lo público.

Ni qué decir que estas cuestiones se plasman en una realidad donde las capacidades para realizar trabajo en casa son infravaloradas: como si no hiciera falta inteligencia para administrar un hogar. Podemos ver también la diferencia de trato cuando las mujeres realizan una tarea a cuando la realizan los hombres: cuando las mujeres cocinan dentro de la casa, no existe creatividad (son mera amas de casa). Sin embargo, cuando son los hombres quienes cocinan en la calle, se les consideran chefs y genios creativos.

El trabajo de las mujeres nunca se valora en la misma medida o bien porque se considera que están capacitadas por naturaleza para hacerlo (por lo que no tendría mérito según el sistema hetero-patriarcal) o porque simplemente su trabajo no es valioso para la sociedad hasta el punto de darle reconocimiento.

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Conoce al autor

Mar Gallego Espejito

Licenciada en Periodismo | Máster en Género, Identidad y Ciudadanía

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