Los políticos y el proceso decisionario (Continuación)

De regreso a Weber, podemos decir que todos somos “políticos ocasionales”, cuando votamos, opinamos y participamos, sin embargo existe una clase especial de políticos, y son aquellos que viven “para” la política, o bien que viven “de” la política. Y la distinción no es menor.

 

Quién vive “para” la política tiene, de alguna manera, ingresos ajenos a los que le brinda la política, ésta únicamente le proporciona mayores redes de contactos e influencias.

 

Quién vive “de” la política se encuentra sujeto a los vaivenes de la misma y sufre sus embates cuando los gobiernos cambian.

 

Hoy tiene ingresos, pero mañana no sabe y la supervivencia en tal elemento es sumamente dificultosa.

 

Estos últimos, por lo general, aspiran a vivir “para” la política y, en el mejor de los casos, se transforman sólo en buenos funcionarios, fusibles del político de turno.

 

Decía Maquiavelo sobre quienes podemos considerar que viven “de” la política:

"Pero hay un modo para que el príncipe pueda conocer al ministro, y que no falla nunca: si ves que el ministro piensa más en sí mismo y no en ti, y que en todas las acciones busca su propia utilidad, tal individuo nunca será buen ministro, y jamás podrá confiar en él, porque el que tiene tu estado en sus manos, no debe pensar nunca en sí mismo, sino en el príncipe, y no recordarle tampoco nada que no le pertenezca".Quién vive “para” la política asume posturas temerarias, riesgosas; su proceso decisionario es irreverente y veloz y, en ocasiones, no mide la magnitud de sus decisiones en el largo plazo. El largo plazo es dejado para evaluar su impronta.

Sucintamente:

estilo político

 

La consigna y el secreto del político es mantenerse, y no quedar expuesto, sino hacer uso de sus fusibles para seguir “midiendo” en el imaginario colectivo.

 

Sus armas: el discurso, las influencias y los medios de comunicación. Sus enemigos: la falta de gestión y de carisma, y las restricciones presupuestarias.

 

Es por ello, que existen cada vez más corrientes intelectuales que insisten en la necesidad de fortalecer las instituciones. Entendidas éstas últimas como “normas y valores” que ponen un freno a las ambiciones de quienes viven de ejercer el poder.

 

Si las instituciones vigentes tienen controles y castigos débiles, será alto el beneficio de sortearlas para apropiarse de los ingentes recursos que dispone el Estado.

 

A estas circunstancias se suma que existen sociedades alrededor del globo que ven al Leviathan como un actor benévolo y por ello insisten en darle mayores funciones.

 

La persona que aspire a vivir “para” la política debe asegurarse cuatro “virtudes”: influencia, pragmatismo (estómago dicen algunos), ingresos sustanciosos constantes, y bajas restricciones presupuestarias.

 

Agradecemos a Don Pablo Carballal el envío de este curso.

pablo carbajal

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