Partida magistral (2)

(63) Ljubomir Ljubojevic - Walter Browne
IBM Ámsterdam, 1972
(Comentarios por Horacio Sistac)

Walter Browne

Los comentarios de éste final de peones han sido retomados de Cuadernos de Ajedrez, Año 4, No. 41, Mayo de 2011, del maestro Horacio Sistac.

Llegados al final de una partida, mientras el reloj se convierte en un real verdugo, y en momentos en que más necesitamos de nuestra capacidad de cálculo, de pronto producimos esa movida que luce absolutamente lógica y..., de pronto, estamos perdidos o hemos dejado escapar la victoria. Esa sutil movida que nos hubiese deparado una sonrisa y la final satisfacción de la lucha volcada a nuestro favor, se nos esfuma. Cuando menos, esa sutil movida que se nos escapó podría habernos eximido del bochorno de una posición perdidosa.

Nos referimos a esa movida que, estando perdidos, nos hubiese otorgado las tablas o que, estando aparentemente parejos, hubiese coronado nuestros esfuerzos con el triunfo. Éste parece haber sido el destino del GM norteamericano Walter Browne en su enfrentamiento contra Ljubomir Ljubojevic en el torneo IBM Ámsterdam de 1972. En este crucial momento, y siendo el turno del GM Browne conduciendo las piezas negras, dejó escapar esa sutil movida que hubiese significado la gloria. Veamos qué hubiera ocurrido si, en lugar de la del texto, Browne hubiese practicado la siguiente: 1...Rd5!! ¿Parece una locura, no? Sin embargo, el rey negro, alejándose, controla toda aspiración del primer jugador. (En la partida original se continuó más débilmente con 1...f5? La jugada parece lógica: lanzar el peón suelto hacia la coronación mientras el peón rival parece estar totalmente controlado por el rey negro. Sin embargo, la simple aplicación de la REGLA DEL CUADRADO demuestra que, a pesar de la aparente lejanía del rey blanco, éste da alcance al criminal suelto. El desarrollo que sigue, y correspondió a la partida real, da muestra de ello.

Veamos: 2.Rb4 f4 (también se conseguían tablas luego de 2...Rb6 3.Rc4 Rc6 4.Rd3 Rd5 5.b4 f4 6.b5 f3 7.b6 f2 8.Re2 Rc6=) 3.Rc4= Tras esta secuencia, el rey blanco da alcance al peón negro que se dispone a coronar, no restándole energías para retomar en defensa de su propio peón. Decretado: tablas.) ¿Cuál es la clave de toda esta secuencia? Simplemente el hecho de que las blancas se ven forzadas, en algún momento y en aras de dar sostén a su peón, a ubicar a su rey en el escaque a6, de forma tal que la coronación del peón negro, ya devenido en dama, le propina un jaque que descompensa toda aspiración blanca. 2.Rb4 (si 2.b4 entonces se proseguiría con 2...f5 3.b5 f4 4.b6 Rc6! 5.Ra6 f3 6.b7 f2 7.b8D f1D+ 8.Ra5 Da1+ 9.Rb4 Db1+–+ y las negras ganan) 2...Rd4! Brutal concepción de final. El rey negro corta el camino a su par (no puede ir a c3) quien ahora, además, se interpone al avance de su propio peón. 3.Ra5 f5 4.b4 f4 5.b5 Rc5! ¡Crucial movida de las negras que no impide la coronación del peón blanco pero obligará al rey blanco a instalarse en la casilla a6 y sujetarse al jaque de dama desde el escaque f1! 6.b6 Rc6! 7.Ra6 Necesaria para darle sostén al peón que se encamina a la coronación, pero ubicándose en la fatídica casilla a6 en la que recibirá el letal jaque. 7...f3 8.b7 f2 9.b8D f1D+–+ Tras lo cual las blancas, a pesar de haber coronado primero, están condenadas, gracias a ese jaque clave, a perder la dama, primero, y la partida luego. Seguramente, Walter Browne, excelente jugador norteamericano, debe recordar aún las diferencias entre esa jugada que parece lógica y esa movida sutil que, para el caso que nos ocupa, hubiese significado su indiscutible victoria.

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