Víctor Jara

Víctor Jara Martínez nace el 28 de septiembre de 1932 en “La Quirina”, un pueblito cerca de Chillán Viejo, en Chile.

Víctor será director teatral, actor, pero fundamentalmente compositor y cantautor, con un gran sentido de la justicia y un fuerte compromiso social con su pueblo.

Sus orígenes son muy humildes y su padre querrá que trabaje desde joven, aunque su madre, consciente de la importancia de la educación, querrá que aprenda al menos las letras.

No mucho después su padre abandona el hogar y junto a su madre y hermanos marchan a Los Nogales, cerca de la capital.

En 1957 va a ingresar en la escuela de teatro de la universidad de Chile, donde conocerá a Violeta Parra, cantautora chilena hermana de Nicanor Parra que ejercerá una profunda influencia en la obra musical de Víctor; para, al año siguiente entrar como folklorista en el grupo “Cuncumén” (durante esta etapa entrará a formar parte de las juventudes comunistas).

En 1960 obtendrá el título de director teatral, empezando a dirigir obras con gran éxito y componiendo al año siguiente su primera canción “Paloma quiero contarte”.

En la década de los ´60 seguirá dirigiendo teatro, recibiendo premios y componiendo, realizando giras internacionales;  participará en conciertos organizados para apoyar la candidatura de Allende a las elecciones presidenciales de 1964, pero empieza a sentir de cerca la presión de la censura cuando canta “La beata” en la radio (1966) o cuando es despedido de la Casa de la Cultura de Ñuñoa por razones de tipo político (1968).

“(...) Estoy deprimido y amargado, la censura que de hecho se ha establecido contra ‘La Beata’ es una medida moralista anticuada, antojadiza y que rebela falta de conocimiento de nuestro folklore. Se está desconociendo nuestra tradición musical, en donde la malicia y la picardía –y no la maldad- revelan una parte fundamental del carácter popular de los chilenos”  declarará Parra tras el revuelo formado con la emisión de la canción “La Beata”.

Está surgiendo un nuevo modelo cultural en Chile que defiende la identidad cultural propia del país, de artistas comprometidos, de cantautores revolucionarios, entre los que Víctor destaca sobremanera, siendo admirado y querido a partes iguales por el pueblo, por los obreros, los estudiantes, las clases trabajadoras y populares en definitiva.

En 1967 va a escribir “El aparecido” dedicada a Ernesto “Che” Guevara y en 1969 “Preguntas por Puerto Montt” una canción fruto de la rabia y la indignación por el desalojo por parte de las fuerza gubernamentales mediante el uso de armas (murieron 8 personas) de un grupo de familias sin recursos que habían ocupado unos terrenos en esta ciudad.

La situación en Chile se está volviendo insostenible en esta época.

Estamos en los años ´70, Allende es presidente, se nacionalizan algunos bienes del país en manos de empresas extranjeras, esto no gusta en Washington  y se empiezan a percibir tensiones y movimiento “oscuros” para desestabilizar el país.

Todo esto desembocará en el Golpe de estado perpetrado por Augusto Pinochet el 11 de Septiembre de 1973, con el asalto y bombardeo al Palacio de la Moneda, la muerte de Allende y el comienzo de la dictadura.

Víctor Jara será apresado por las tropas golpistas, será llevado al estadio de Chile donde lo torturarán y asesinarán; es el 16 de Septiembre de 1973.

Tumba de Víctor Jara. Cementerio General de Santiago (Chile)

Durante el tiempo que estuvo en el estadio escribió el siguiente poema que entregó a un compañero para que lo sacara de manera clandestina de allí:

 

Estadio Chile

Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Sólo aquí, diez mil manos que siembran
y hacen andar las fábricas.

¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!

Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.

Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores
uno saltando al vacío,
otro golpeándose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija de la muerte.
¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera
sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo?
En estas cuatro murallas sólo existe un número
que no progresa,
que lentamente querrá más la muerte.

Pero de pronto me golpea la conciencia
y veo esta marea sin latido,
pero con el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona
lleno de dulzura.

¿Y México, Cuba y el mundo?
¡Que griten esta ignominia!
Somos diez mil manos menos
que no producen.
¿Cuántos somos en toda la Patria?
La sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.

¡Canto que mal me sales
cuando tengo que cantar espanto!
Espanto como el que vivo
como el que muero, espanto.
De verme entre tanto y tantos
momento del infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto.
Lo que veo nunca vi,
lo que he sentido y lo que siento
hará brotar el momento...

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