Revolución de los claveles

En Portugal, Oliveira de Salazar ocupaba el cargo de jefe del gobierno desde 1932 (aunque en 1968 será sustituido por Caetano, que seguirá su estela), estableciendo un régimen de corte fascista y autoritario que llegó incluso a organizar una policía al estilo nazi llamada “Policía Internacional para la Defensa del Estado” (PIDE), y que entró en colapso debido a las guerras que se mantenían en las colonias africanas (Angola, Mozambique, Guinea Bissau, etc…).

Estas guerras que desgastaban al ejército portugués por su inutilidad, la situación económica que presentaba el país (grave polarización social entre unos ricos excesivamente ricos y unos pobres demasiado pobres) y la cada vez más frecuente salida de jóvenes valores portugueses hacia otros países en busca de un futuro mejor (se calcula que 1 millón y medio en apenas 9 años), hizo que algunos militares decidiesen agruparse en 1973 en el denominado “Movimiento de las fuerzas armadas” con el objetivo de hacerse con el control del país… pero sin derramar ni una sola gota de sangre en el proceso.

 

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Control de paso en una colonia portugesa en África.

 

La situación era extremadamente delicada y se podían presentar diferentes escenarios durante el desarrollo de los acontecimientos, desde el derrocamiento del régimen de una manera “limpia”, pasando por la creación de dos bandos opuestos en el país y que podía degenerar en un confrontación civil hasta incluso una intervención militar de España en defensa de la dictadura derrocada.

El 25 de Abril de 1974 se emite por radio la canción “Grândola, vila morena”, una grabación prohibida por el régimen y que era el pistoletazo de salida para el alzamiento del ejército.

Los acontecimientos se precipitan de una manera limpia, el alzamiento no tiene apenas oposición y el pueblo sale a la calle a acompañar a los golpistas y expresar su júbilo.

Es un movimiento pacífico, especialmente cuando los militares deciden poner claveles en sus fusiles como señal de que no los van a usar, pasando a ser un gesto adoptado también por la masa popular, que les regala dicha flor a su paso hacia los lugares emblemáticos de Lisboa.

Se había logrado la caída de la dictadura en unas horas, sin producirse enfrentamientos graves, y Antonio Spínola sería el elegido para liderar la transición.

Presos políticos fueron liberados, se trató de ejecutar una reforma agraria, se nacionalizaron propiedades y empresas, y se intentó introducir novedades en casi todos los aspectos cotidianos del país… pero esto no mejoró la situación, pues Portugal seguía sumida en el caos y el desorden.

 

 

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Como consecuencia se produjo otro golpe de estado por los militares en noviembre de 1975, que acabó con Mario Soares (socialista) en el cargo de primer ministro y un nuevo texto constitucional en 1976, abriéndose la senda democrática que ya no abandonará el país luso hasta la actualidad.

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