Las Beguinas

Las Beguinas son un caso más de esos relatos de mujeres geniales que son silenciadas para la historia y el conocimiento de las posteriores generaciones.

El beguinato es un movimiento que nace en el siglo XII pero experimentará su máximo apogeo entre los siglos XIII-XIV.

Tiene su origen en Flandes, aunque se extenderá con más o menos intensidad por el sur y norte de Europa, especialmente en Alemania, España, Italia, Francia y Polonia.

Lo podemos definir como un movimiento de mujeres que al margen de las concepciones machistas y religiosas de la época pretenden vivir de una manera libre y según sus convicciones.

La mujer en este periodo simplemente podía optar a vivir como ama de casa dentro del matrimonio, meterse a monja para vivir su espiritualidad o dedicarse a la prostitución (según los conceptos de la época).

 

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Pues bien, estas mujeres deciden vivir su espiritualidad sin entrar en conventos, sin asumir los votos de permanencia o clausura (pudiendo abandonar el beguinato cuando lo consideraran oportuno), practicando la caridad (orfanatos, hospitales, leproserías…), la oración y el estudio, fomentando la cultura entre las mujeres contemporáneas (abandonan el uso del latín para sus escritos, pues este sólo lo sabían las clases pudientes, y escriben en lengua vulgar, para que el pueblo pudiese tener acceso también a la cultura; enseñan a leer a mujeres)  y en definitiva, otra forma de vida que se traducirá en los beguinajes, pequeñas “ciudades” dentro de las ciudades compuestas por varias casas alrededor de un patio central que podía servir de huerto y que se rodeaban de un muro para mantener la intimidad y el retiro; donde sólo residían estas mujeres, llegando a ser realmente numerosas.

Prescinden de la figura masculina, no necesitan la protección del hombre, se valen por sí mismas y obtienen un grado de independencia y autonomía inimaginable para la sociedad en la que viven, promoviendo la creatividad e iniciativa femenina.

Formarán una auténtica red de solidaridad, rompiendo los esquemas de la época entre otros motivos por sus interpretaciones de las Sagradas Escrituras, su forma de vida, y por cuestionar los planteamientos oficiales de la Iglesia.

 

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Gran beguinaje de Lovaina (Bélgica).

 

Revolucionaron la Europa medieval con sus pensamientos, por lo que empezaron a estar muy mal vistas por la élite masculina, tanto eclesiástica como laica, pues suponían una ruptura con el sistema preestablecido y podían destruir esos cimientos que durante siglos habían consolidado.

Es por ello que el Papa Clemente V empezó una cruzada contra ellas (y contra los Templarios), siendo declaradas herejes en el Concilio de Vienne en 1311, por lo que empezaría su persecución acusándolas de herejía, prostitución, subversión e incluso holgazanería, llevando a algunas de ellas a la hoguera, tratando evidentemente de poner freno a una forma de vida y pensamiento totalmente contraria a sus intereses; pues simplemente trataban de vivir su espiritualidad fuera de las imposiciones de las estructuras establecidas y de mejorar las condiciones de vida de los que les rodeaban mediante el cuidado de enfermos, enseñando a leer a las personas sin recursos, y tratando de hacer de su sociedad una sociedad más avanzada y justa.

Estas persecuciones harán que este grupo entre en declive, e incluso que sea “absorbido” por otras órdenes religiosas regladas en torno al siglo XVI.

Algunas de las figuras más destacadas de este movimiento fueron Hadewijch de Amberes, Marguerite Porete, Matilde de Magdeburgo y María de Oignies, entre otras.

13 de los 26 beaterios de beguinas de Flandes fueron declarados patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998.

 

 

También existió el mismo movimiento pero en la vertiente masculina, los begardos.

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