Isadora Duncan

El 27 de Mayo de 1878 nace en San Francisco (Estados Unidos) Dora Angela Duncan, más conocida como Isadora Duncan, una bailarina atea, revolucionaria, bisexual y transgresora; con un estilo radical, novedoso, fresco y en constante búsqueda de nuevos cauces y caminos alternativos para profundizar en la danza y su expresión artística.

Su baile será la exteriorización de sus sentimientos, de su alma y en definitiva, de su manera de ver y sentir la vida y sus actos; pues no solo llamaba la atención por todo lo que hacía en los escenarios, sino también por todo lo que hacía fuera de ellos.

Desde pequeña sintió la atracción por la danza, según cuenta la propia Isadora inspirada por “el movimiento de las olas”, además de la Grecia clásica, más concretamente de las figuras danzantes de las vasijas y recipientes de esta época, y que se pasó años observando y estudiando.

 

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Comenzó a bailar como entretenimiento y pronto empezaría a tener clientes que querían aprender a moverse como ella, pasando el juego a convertirse en una manera de generar ingresos.

Tras pasar por Chicago junto a su familia se marcha a Nueva York, donde forma parte de la representación de “Sueño de una noche de verano” de William Shakespeare (1898), aunque pronto sentirá la necesidad de marchar a Europa (1900), donde pasará por Londres, París, Viena, Berlín y Budapest demostrando sus capacidades y adquiriendo fama.

Su baile era atrayente y sugerente al mismo tiempo, eso lo hacía especial y atractivo, pues se alejaba de convencionalismos (como la propia Isadora) y lo acercaba al público no solo por la estética, sino por la curiosidad y lo novedoso del mismo.

En 1902 cumple uno de sus sueños, viaja a Grecia, donde quiere abrir una academia de baile en una colina, algo que nunca podría realizar debido a problemas económicos…. pero que conseguirá años más tarde en Alemania.

Su vida personal cada vez es más “complicada”, pero eso no le impide triunfar, hasta que un aciago día de 1913 sus dos hijos fallecen en un accidente de automóvil, al precipitarse al río Sena el coche que conducía la institutriz de los mismos.

 

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Tras la muerte de sus pequeños Isadora renuncia a las representaciones públicas de su baile y se dedica a la enseñanza, aunque sumida en una profunda depresión que la arrastra a la noche, el consumo de alcohol y el escándalo.

Viajará por Italia, donde se vuelve a enamorar y dará a luz un bebé que fallecerá horas después del parto; otro duro golpe que hundiría aún más a la genial artista, que marcha a la Unión Soviética por petición de Stalin para abrir una serie de escuelas de danza.

Allí se volverá a enamorar, esta vez de Sergei Esenin, un poeta con una gran afición a beber y destrozar todo lo que se le ponía a su paso; y con el que acabará yendo a Estados Unidos, tratando de recuperar una senda artística que nunca volvería a ser la misma, pues donde antes la adoraban ahora bailaba ante salas frías y semivacías, recibiendo críticas nada favorables.

Decide Isadora regresar a Europa, abandonando su país y a su joven poeta (que regresa a la URSS y se suicida tiempo después), concretamente a Francia, donde le espera un fatal desenlace digno de cualquier película dramática, o en definitiva, de su vida; pues muere ahorcada por el largo echarpe de seda que protege su cuello y que se engancha en los radios del vehículo en el que circulaba el 14 de Septiembre de 1927.

 

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