Charlotte Perkins Gilman

Charlotte Perkins Gilman fue una de esas mujeres adelantadas a su tiempo, lo que le granjeó gran incomprensión y no pocos problemas; pero que con el paso de los años ha servido de fuente de inspiración para otras mujeres que han recogido su testigo y continuado su lucha, en este caso hacia una reforma social que influyese en el papel de la mujer, los derechos humanos y la ética.

Nace a principios del mes de Julio de 1860 en Connecticut (Estados Unidos), donde llevará una infancia dura y alejada de cualquier fuente de afecto.

Acudiría a estudiar a la Escuela de Diseño de Rhode Island, para posteriormente casarse.

Fruto de su matrimonio tuvo una hija, y sufrió una terrible depresión postparto, una nefasta experiencia que sin embargo fue la puerta de una posterior vida plena.

 

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A consecuencia de la depresión tan terrible que sufría se le recomendó por parte de una especialista al que acudió para obtener ayuda, que descansara recluida en su hogar, que se dedicase a las labores domésticas, que comiese en abundancia… y que no tuviese ningún tipo de contacto con la pluma o los pinceles; evidentemente todo lo contrario a lo que ella necesitaba, de manera que su estado se vio agravado con periodos que rozaban la locura.

Esta vivencia la recrea en una de sus más conocidas obras, “El empapelado amarillo” donde relata su experiencia y sensaciones, así como el papel de la mujer en una sociedad en la que su opinión no era tenida en cuenta (debido a que la propia Gilman creía que el tratamiento que le habían prescrito no era el más adecuado).

Fue, como dijimos anteriormente, un punto y aparte en su vida, pues tras el lanzamiento de la obra adquirió fama y ese punto de libertad que necesitaba tras separase de su esposo.

 

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Este último aspecto de su vida privada, además de que mandase a su hija a vivir con su padre hizo que la sociedad de la época la mirase con recelo y sus mensajes fuesen utilizados para desprestigiarla en cierto modo.

Pero esto no influyó excesivamente en su ánimo, siguiendo con su labor cultural, escribiendo y dando conferencias por Europa y Estados Unidos, siendo cada vez más conocida y seguida.

Volvió a casarse, escribió otra de sus obras más conocidas, “Las Mujeres y la Economía” (1898) a la que complementa otro escrito de título “El hogar” (1903), en las que ataca los roles predeterminados y establecidos que someten a la mujer.

Editó varias publicaciones donde expresaba sus diferentes puntos de vista sobre estos aspectos mencionados, aunque como era de esperar, no sin crear cierta polémica; como “The Impress” (1894-1895) que acabó cerrando por su pensamiento crítico y por el estilo de vida que llevaba Gilman; o “The Forerunner” (1909-1916), con mayor éxito que la primera debido a su consolidación en el panorama cultural y reivindicativo de la época.

Finalmente, le diagnostican un cáncer de mama (1932), causa que unida a la muerte de su segundo marido (1934) hace que a mediados de Agosto de 1935 decida poner fin a su vida mediante una sobredosis de cloroformo.

 

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