Althea Gibson

Althea Gibson nació en una pequeña localidad de Carolina del Sur (Estados Unidos) el 25 de Agosto de 1927, en el seno de una humilde familia afroamericana que vivía de los beneficios que obtenían con su modesta plantación; hasta que una serie de malas cosechas arruinó la misma y tuvieron que marcharse a distintos lugares, recalando finalmente en el barrio de Harlem, en Nueva York.

Aquí Althea vivió una niñez y adolescencia en la que se dedicaba a practicar deporte (en cualquiera de ellos conseguía destacar) en las calles, hasta que un buen día, Buddy Walter descubrió su talento innato con la raqueta y decidió darle una oportunidad a aquella joven afroamericana con gran talento para el tenis, comprándole 2 raquetas y consiguiendo que entrase en el Harlem River Tennis, donde recibiría clases de este deporte.

Empezó a jugar en torneos y ligas menores, donde demostraría su calidad y saber hacer con la raqueta, pero sin poder dar el salto a metas mayores por culpa del racismo y la segregación racial.

Tal era su superioridad en estos torneos menores creados para afroamericanos que solicitó la posibilidad de participar en el US Open, pero su federación le negó tal posibilidad simplemente por el color de su piel.

 

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Ante esta injusticia apareció una aliada inesperada para alzar la voz, Alice Marble, una de las tenistas estadounidenses punteras del momento, que escribió una carta a la prensa “dando luz” a tal abuso.

A partir de entonces fue invitada a participar en diversos torneos de Grand Slam, convirtiéndose en la primera afroamericana que competía en ellos… y que ganaba; en total acabó su carrera con 11 de estos títulos “mayores” (entre los que se encuentran los prestigiosos US Open, Roland Garros, Australian Open y Wimbledon) obtenidos entre 1956 y 1958, tanto en categoría individual como en dobles; además de otros 56 torneos.

A pesar de sus éxitos no lo tuvo más fácil, pues en algunos torneos le impedían alojarse en los hoteles habilitados a tal efecto para los participantes, e incluso cambiarse en los vestuarios de las pistas.

Llegó a ser la principal jugadora del circuito femenino, aunque a los 33 años cambió de deporte y se pasó al golf, donde también fue la primera mujer afroamericana en participar en un torneo, jugando 171 de ellos.

Escribió su autobiografía titulada “I always wanted to be somebody” y varios problemas de salud, unidos a la falta de recursos económicos fueron restándole protagonismo (aunque durante su vida recibió diversos reconocimientos y homenajes) hasta su muerte el 28 de Septiembre de 2003; habiendo sido la tenista que abrió y mostró el camino a otras grandes estrellas afroamericanas posteriores de este deporte.

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