Alfred Nobel

Alfred Nobel es conocido mundialmente por los Premios que llevan su nombre, pero además de esto, su fama viene precedida de una vida de éxito en el campo de la química, donde inventó y patentó la dinamita, y los negocios.

Alfred nace en Estocolmo (Suecia) el 21 de Octubre de 1833, en el seno de una familia de ingenieros y hombres de negocios que pronto harán una importante fortuna.

Cuando apenas cuenta con 5 años, su padre se marcha a San Petersburgo (Rusia), donde abrirá una fábrica de armamento; mudándose Nobel con su madre y hermanos a la citada ciudad en 1842.

Nobel recibirá una educación de gran calidad, pero sin acudir a la escuela, con profesores privados que iban a su casa.

Su formación será muy sólida en ciencias naturales y humanismo, además de en idiomas, pues con 17 años Alfred ya hablaba correctamente 5 lenguas.

En estos años le atraerán la filosofía y la escritura (fue autor de diversos poemas que acabaría destruyendo, aunque nos han llegado algunos que fueron publicados póstumamente y retirados del mercado por blasfemos).

 

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La familia Nobel vive holgadamente de momento en Rusia, la fábrica funciona perfectamente y recibe numerosos encargos del zar (incluso premios como la Medalla de Oro Imperial del Zar Nikolai por su contribución a la industria rusa en 1853), hasta que en 1856, tras la Guerra de Crimea, se ven obligados a cerrarla.

Es entonces cuando parte de la familia se marcha de regreso a Estocolmo, aunque Nobel se queda para seguir con sus investigaciones en el campo de los explosivos.

Por aquel entonces la nitroglicerina estaba inventada, pero su manejo se hacía excesivamente peligroso, provocando muchas muertes debido a la inestabilidad del explosivo.

Alfred mezcla la nitroglicerina con un polvo negro (tierra de infusorio o serrín), obteniendo lo que vendería como “chorreado de aceite”, un explosivo algo más estable.

Regresa a Suecia en 1863, año en el que consigue controlar su explosivo mediante un detonador, perfeccionando su invento en los años posteriores para hacerlo más manejable e inventando en 1867 la dinamita.

El invento de la dinamita supuso un enorme avance para el campo de la industria, la minería, la construcción… y la guerra.

 

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Pronto abrió fábricas por diferentes ciudades alrededor del mundo, recibió el Premio honorífico de la Real Academia de Ciencias Sueca en 1868, y patentó sus numerosos inventos (más de 355), lo que le reportaría pingües beneficios.

El uso de la dinamita y otros de sus inventos en el campo de batalla y las muertes que causaba hizo que despertase opiniones en su contra en ciertos sectores de la sociedad, que le llamaban “El mercader de la muerte”; algo que al parecer caló profundamente en su conciencia.

Se mostraría numerosas veces contra la guerra y el militarismo (de una manera un poco extraña, ya que deseaba crear un arma tan destructiva, que una vez visto su poder por la humanidad ésta no hiciese la guerra por el temor a usarla y la devastación que ésta podía generar), pero la riqueza que obtenía con este negocio le restaba credibilidad, de manera que en su testamento decidió dejar parte de su fortuna para la creación de unos premios que llevasen su nombre, en los que se galardonasen a aquellas personas que hubiesen destacado por su contribución a la humanidad en los campos de la medicina, física, química, literatura y paz.

En 1901 verá la luz la primera edición de los premios, justo 4 años después del fallecimiento de Alfred Nobel a los 63 años de edad, el 10 de Diciembre de 1896 en San Remo (Italia).

 

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