La inteligencia de los cuervos

Los cuervos son uno de los animales más inteligentes de la naturaleza, los científicos los estudian ya que sus cerebros han evolucionado de manera distinta a la de los mamíferos y sin embargo han llegado a un punto muy alto, no dejan de sorprendernos con los resultados de cada experimento.

Proporcionalmente a su peso tienen el mismo cerebro que el de los chimpancés.

Son capaces de esconder comida en 200 lugares diferentes y recordarlos, saben que alimentos se pueden almacenar mucho tiempo y cuales no. Cuando creen que son observados hacen como que esconden la comida en varios lugares para engañar.

Hace diez años se observó en una ciudad japonesa que un cuervo lanzaba una nuez en un paso de cebra para que los vehículos la partieran, el cuervo esperaba pacientemente a que el semáforo cambiara y cuando los vehículos se habían detenido iba tranquilamente a por su comida. Ahora este comportamiento se esta extendiendo por los cuervos de la zona y se los enseñan a sus hijos.

Solucionan problemas complejos como el del siguiente vídeo en el que un cuervo consigue sacar la comida fabricando un gancho cuando nunca había visto como se hacía.

Los cuervos también reconocen caras y las recuerdan durante mucho tiempo como bien saben los estudiantes de la universidad de Washington que atraparon a unos de ellos para pesarlos, medirlos y luego soltarlos. Resulto que estos cuervos les graznaban cada vez que los volvían a ver, los perseguían y molestaban, incluso tiempo después de graduarse cuando regresaron.

Una muestra de su inteligencia es que juegan de adultos como este cuervo que hace snowboard.

En este otro experimento se comprueba la capacidad de razonar. La idea era saber si eran capaces de deducir las causas de un acontecimiento aunque no pudieran verlas. El científico Alex H. Taylor y sus colaboradores montaron una lona con una abertura desde la que podían mover un palo, cuando lo hacían el cuervo podía acercarse y extraer la comida mediante un palito. La diferencia estaba en que unas veces después de blandir el palo el experimentador salía de detrás de la lona y en otras no. El resultado fue que cuando no salía, el cuervo no se fiaba y no dejaba de mirar a la abertura por si se volvía a mover el palo y lo golpeaba, mientras que si veía al experimentador salir sabía que no había peligro.

 

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