¿POR QUÉ A VECES NO NOS COMPORTAMOS DE MODO SOCIALMENTE COMPETENTE?
En el punto anterior se ha explicado cómo las habilidades sociales se aprenden a través de varios mecanismos de aprendizaje, desde que somos muy pequeños. Es lógico pensar, por tanto, que las dificultades en la relación con los demás se deben a que el aprendizaje no ha sido el más adecuado. Se pueden dar diversas situaciones que explican las dificultades de las personas en competencia social:
Que no sepamos resolver una determinada situación de forma satisfactoria porque no hayamos aprendido a hacerlo . Por ejemplo, una persona puede no lograr defender sus propios derechos u opiniones en una reunión de trabajo por no haberlo hecho nunca antes, no haber recibido indicaciones de cómo hacerlo, o no haber visto a nadie hacerlo antes.
Que tengamos en nuestro repertorio conductual una o varias habilidades sociales, pero no sepamos cuándo utilizarlas para que la otra persona se muestre receptiva: las dificultades en las relaciones sociales radican en ocasiones en no saber buscar el momento adecuado. Pensemos, por ejemplo, en la expresión de sentimientos; si no lo hacemos en el momento adecuado, los demás pueden sentirse violentos o incómodos. Una crítica a un compañero de trabajo, o a nuestra pareja, llegará a mejor puerto si la hacemos cuando esas personas están receptivas (relajadas, de buen humor…) A veces el error lo cometemos por defecto: los demás nos envían señales de querer comunicarse con nosotros (una mirada, nos hacen preguntas, etc.) y no las interpretamos como interés hacia nosotros.
Que nos pongamos excesivamente nerviosos en determinadas situaciones de interacción social y eso nos impida pensar y actuar como quisiéramos. La ansiedad en las relaciones sociales es un problema para muchas personas; la ansiedad suele ser situacional, es decir, generalmente nos ponemos nerviosos/as en unas situaciones y no en otras. Para muchas personas el nivel de activación se eleva muchísimo cuando tienen que hablar con un superior en el trabajo, y sin embargo, no les supone ningún problema relacionarse con sus amigos. Aprender a relajarse, pues, es la solución más adecuada para algunas personas que se encuentran con dificultades de relación social.
Que no estemos motivados para comportarnos de otra manera , porque no sean reforzantes para nosotros las relaciones interpersonales. Generalmente esta cuestión no es del todo cierta; salvo en excepciones, cercanas a la psicopatología, las personas siempre deseamos mantener uno o varios vínculos. La falta de motivación suele ser selectiva; pensemos en jóvenes que tienen verdaderos problemas de relación con sus familias; es posible que con sus amigos sí que traten de mantener una comunicación fluida, aunque sea con sus propios códigos y estilo.
Que dispongamos de un sistema de creencias erróneas acerca de la competencia social y/o acerca de nuestros derechos : algunos ejemplos de ideas incorrectas que suelen estar relacionadas con las dificultades de relación son:
“Yo no valgo para pedir favores”
“Los jefes nunca hacen caso”
“No suelo caer bien. No merece la pena que trate de conocer gente nueva en esa fiesta”
“No debería equivocarme, así no tendría que pedir tantas disculpas”
“Es absurdo que esté sintiendo esto”
“Las personas no cambian; cada uno dice las cosas a su manera”