Lección 7ª

 

 

 

 

 

   

7. La  estimulación  PRECOZ.

Los primeros años de la vida de un niño, tanto si es trisómico-21 como si no, están impregnados de un constante desarrollo.

            Las estructuras físicas y psicológicas del niño en ese periodo están en la máxima flexibilidad y moldeado, y también su máximo de receptividad a estímulos educativos. Como consecuencia de todo esto, el niño está también en su máximo de posibilidades de aprendizaje.

            Debido a esto y porque el niño trisómico-21 nace sin alcanzar el desarrollo pleno, precisa de un programa que potencie las deficiencias que constitutivamente tiene y evite una hipertrofia en músculos y demás órganos afectados.

            Por otra parte, debemos decir que este programa es necesario para estos niños, ya que por  regla general, presentan unas reacciones más lentas que el normal, además su campo sensitivo y perceptivo están limitados y por último la fijeza de sus aprendizajes es muy inestable.  

            De todas formas la estimulación  precoz es básica para un  buen desarrollo posterior del niño,  y cuando nos referimos a  un desarrollo, lo hacemos pensando  en todos los aspectos, tanto motor, como cognitivo y afectivo-social.

            Esta  estimulación precoz le va a permitir al niño vivir unas experiencias enriquecedoras y adquirir constantemente nuevos aprendizajes. 

 

¿Cuándo se debe empezar esta estimulación precoz?

            La estimulación precoz es un tiempo que se le gana a la deficiencia, por eso es necesario empezar esta estimulación lo antes posible. Lo ideal sería comenzarla desde el mismo momento del nacimiento del niño.

            Una educación apropiada en las primeras fases de la vida, e decir, una educación que favorezca al desarrollo del niño trisómico-21 requiere que, tanto los educadores como los padres estén en continuo contacto y que los padres sean co-terapeutas.
 
            El programa de estimulación precoz  debe enfocarse a las áreas siguientes: psicomotricidad fina y gruesa, lenguaje y comunicación, sociabilidad y convivencia y nivel cognitivo, así como el cultivo de la afectividad. Todas estas áreas deben trabajarse de manera globalizada y nunca hacer un entrenamiento de funciones aisladas.

            En el siguiente capítulo analizaremos mejor esta estimulación precoz tan esencial para el niño trisómico-21.

 

7.1. La estimulación precoz del desarrollo en el niño con  Síndrome de Down.

Las limitaciones físicas e intelectuales del niño con síndrome de Down pueden verse modificadas bajo una dirección competente y una intervención temprana.

 

            Esto mismo, fue afirmado ya por Feurestein en muchas de sus publicaciones; concretamente, decía que “la inteligencia, valorada según las pruebas tradicionales, no es una  cualidad inmutable, sino que puede mejorar con intervención y mediación, en las cuales el adulto media entre el niño y su entorno.”

            Por tanto, lo que necesita un niño con síndrome de Down, es una situación de aprendizaje por mediación, en la que un progenitor o el cuidador seleccionen los estímulos apropiados y dejen de lado los que no interesen.  Para ello, se utilizan estrategias específicas para aumentar el interés del niño, su atención y nivel de destreza.

            Estas estrategias, en la mayoría de las ocasiones no son conocidas, por los padres de los niños con síndrome de Down, o no creen conocerlas. Por ello es muy importante que estos padres se informen de ellas o  sean  guiados por los profesionales dedicados al tema de la estimulación precoz en niños con síndrome de Down.

            Por otro lado, si nos fijamos en el desarrollo del aparato locomotor de los niños normales, podemos ver que sigue una secuencia muy típica:

  • Primero levantar la cabeza en decúbito prono,
  • seguido de darse la vuelta,
  • sentarse,
  • andar a gatas,
  • mantenerse en pie.
  • y, caminar.
  • Después observamos actividades más complicadas, como correr, subir escaleras, saltar y brincar.
  • Las habilidades manuales surgen también por secuencias determinadas, como sujetar, apretar, alcanzar, tirar, empujar y asir.

 

            Todas estas habilidades, junto con otras en el campo social y cognoscitivo, se convierten gradualmente en actividades que permiten al niño explorar su entorno más profunda y detalladamente.

 

            De todas formas, aunque la secuencia de las etapas del desarrollo locomotor está bien determinada, la utilización eficiente de situaciones de aprendizaje mediado y de práctica contribuye a la aceleración y calidad del aprendizaje motor.

            Debemos tener muy en cuenta, que si el aprendizaje de tales actividades en un niño “normal” requiere mucha práctica y experiencia, cuanto más trabajo, paciencia y entrenamiento necesitará el niño con síndrome de Down.

            El niño con síndrome de Down tiene que superar, además,  una serie de obstáculos que retrasan la marcha de la adquisición de las habilidades motoras.

            Estos obstáculos son, por ejemplo, la debilidad muscular y el tono bajo del músculo, ya que dificultan más al niño con síndrome de Down el uso de sus miembros y de su tronco. Otro obstáculo, podría ser la mayor amplitud de movimiento de las articulaciones, que es causa a menudo de la inestabilidad de éstas.

            Por todo esto, podemos deducir la gran importancia que tiene la estimulación precoz  no sólo para estos niños con síndrome de Down, en concreto, sino también para sus familias, ya que el impacto y la angustia subsiguiente al nacimiento de un niño afectado, se aminoran y se ve superado por la precocidad del dinamismo terapéutico que la estimulación precoz supone.

 

7.2. La importancia del desarrollo motriz en el niño.
           
            La posibilidad de movimiento se inicia en el periodo fetal, hacia el tercero o cuarto mes de embarazo, donde se registran los primeros movimientos causados por los reflejos cervicales, laberínticos, diagonales, plantares y tendinosos. En el nacimiento, la vida del niño y su movimiento se caracteriza por ser inconsciente e incoordinado, producto de la actividad cortical. Estos movimientos reflejos, 70 reflejos primarios durante el periodo neonatal, constituyen respuestas adaptativas del niño a su medio, que van desapareciendo a medida que se inicia la integración de sistemas más evolucionados de movimiento. La existencia de estos reflejos son el preludio de las nuevas  funciones de movilidad, pero para que éstas aparezcan, los reflejos deben desaparecer.

El interés por el desarrollo motor  y la educación del movimiento en los niños se ha incrementado rápidamente en los últimos años. Las aportaciones de teóricos como Piaget, Wallon, Erikson, etc., han despertado un considerable interés en las contribuciones del movimiento al desarrollo cognitivo y socioafectivo del niño.

            Según Piaget (1981), la inteligencia sensoriomotriz o práctica caracteriza el primer estadio del desarrollo, y es la base sobre la que se elabora el pensamiento lógico y racional que caracteriza la cognición adulta.
            Para Wallon (1941), el movimiento y la relación tónica son la base del desarrollo infantil.

 

7.3.  El desarrollo sensoriomotriz en los niños con síndrome de Down.

            La literatura existente sobre el desarrollo psicomotor de los niños y niñas  con este síndrome, ha puesto de manifiesto una serie de peculiaridades inherentes a la trisomía-21 que pueden dar explicación a la demora que experimentan estos niños.

            La característica más relevante cuando se habla del desarrollo psicomotor del niño con síndrome de Down es la hipotonía:

            Aunque los efectos y el grado de hipotonía son variables, se ha visto relación entre ésta y los problemas para el reconocimiento táctil, cutáneo y kinestésico, como consecuencia de las alteraciones que dicha hipotonía produce a nivel del sistema nervioso central, fundamentalmente en las áreas sensoriales.

            En este sentido, se observan problemas perceptivos visuales, auditivos y kinestésicos que afectan a todas las conductas que implican movimiento, tales como la coordinación dinámica y óculo-manual, así como la percepción espacio temporal.

La laxitud de las articulaciones es otra de las características más comunes debido a la hipotonía muscular, y que repercute tanto en el movimiento como en la postura.

 

            La inestabilidad atlanto-axial y los problemas de la rodilla son factores que contribuyen a las dificultades para mantener el equilibrio y la inseguridad e inmadurez de los patrones locomotrices.

 

            Otra de las peculiaridades que podría explicar las dificultades y diferencias motrices de estos niños ha sido la morfología del pie, cuyas alteraciones, si no son tratadas, pueden ocasionar problemas en la coordinación y el equilibrio.

 

            Las diversas investigaciones sobre el desarrollo psicomotor de los niños y niñas con síndrome de Down (Harris, 1981, 1988; Block, 1991), destacan como resultados en sus estudios que:

  • Algunos niños con síndrome de Down presentan una demora considerable en el desarrollo motor comparado con los niños son dificultades. Por ejemplo, la adquisición de la marcha en el niño con síndrome de Down no se suele producir antes de los dos años.
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  •  En los diferentes estudios llevados a cabo en el primer año de vida, los niños con síndrome de Down manifiestan patrones de movimiento y estrategias diferentes. Asimismo, estos niños presentan mayor lentitud en la aparición y disolución de reflejos y modelos automáticos de movimiento.

 

            Por último y para concluir éste apartado, queremos resaltar la necesidad de más investigaciones  acerca del desarrollo psicomotor así como la intervención en ella.