El examen oral presenta un nivel de dificultad mayor
que el examen escrito.
En el examen escrito el alumno
dispone de todo el tiempo del examen para organizar sus respuestas;
puede comenzar contestando aquellas que mejor sabe, y utilizar
el resto del tiempo para reflexionar y tratar de desarrollar
aquellas otras que le resulten más difíciles.
En el examen oral no dispone de
este tiempo de reflexión; el profesor pregunta y hay que contestarle
inmediatamente.
La presión anterior, unido al hecho de estar en presencia del profesor,
puede aumentar considerable la tensión nerviosa dificultando
la exposición.
Como contrapartida, el examen oral también presenta ventajas.
Supone una oportunidad de lucimiento ante el profesor, de
demostrarle cómo se domina su asignatura.
En un examen oral se pueden desarrollar
las preguntas con mayor profundidad que en un examen escrito (no
es lo mismo hablar que escribir): se podrá ahondar en los detalles,
relacionar la pregunta con otros puntos del temario, exponer una
opinión personal al respecto.
El estudiante debe tratar de desmitificar el examen oral como un momento temido y verlo más como una gran oportunidad.
En definitiva, el examen oral
favorece al estudiante que prepara bien la asignatura y perjudica
al que no se la toma en serio.
La mayor dificultad del examen oral, y la oportunidad que representa,
obliga al estudiante a una preparación más concienzuda. La
asignatura tiene que estar perfectamente dominada.
El examen oral exige rapidez mental,
contestar sin vacilación, y esto sólo se consigue con un conocimiento
profundo de la materia.
A veces los exámenes orales no consisten en una(s) pegunta(s) cerrada(s),
sino en un diálogo que el profesor establece con el alumno para
conocer su nivel de conocimiento.
El alumno tiene que ser capaz de desarrollar
con sus propias palabras los distintos puntos del temario.
Su aprendizaje no se puede basar (ahora
menos que nunca) en una memorización mecánica.
Con un conocimiento sólido de la asignatura el estudiante difícilmente
se quedará en blanco: si desconoce alguna pregunta al menos podrá relacionarla con otras partes del temario, contestar con algunas
ideas generales.
Además, una excelente preparación contribuirá en gran medida
a rebajar la tensión nerviosa lo que redundará en una mejor
exposición.
Como puntos adicionales señalar que en un examen oral hay que cuidar
la apariencia: afeitado, peinado, vestido más formal que un
día normal, zapatos limpios, etc.
Se trata de transmitir una imagen
de seriedad y de respeto hacia el profesor o tribunal.
Hay que evitar dar una imagen de persona
despreocupada ya que de forma inconsciente el profesor la podría
asociar con el modo de preparar su asignatura.