La preparación de los exámenes
no se limita a los días previos sino que comienza el primer
día de curso y hay que irla realizando de manera continuada
durante todo el curso.
Dejar la preparación para
los últimos días es tener muchas probabilidades de fracasar.
Ya se ha comentado en lecciones anteriores
que el estudiante debe fijarse un ritmo de estudio (su "velocidad
de crucero") que comenzará a poner en práctica el primer
día de curso.
Lógicamente cuando se acerquen
los exámenes tendrá que intensificar este ritmo.
Si durante el curso basta
con dedicar diariamente 2 / 3 horas al estudio (en algunas
carreras más), en las fechas previas a los exámenes habrá
que encerrarse "literalmente" en casa y dedicarse de lleno.
Si durante el curso es suficiente
los fines de semana dedicar una mínima parte al estudio, ahora
el sábado y el domingo serán días exclusivamente de estudio.
El haber llevado una buena planificación
durante el curso permite llegar a los exámenes sin agobios,
con una buena preparación, con los conocimientos asimilados.
Esto permite que, aunque en estas
fechas haya que intensificar el ritmo de estudio, se pueda
(y se deba) respetar el descanso.
El estudiante podrá mantener sus
horas de sueño, algo que es esencial para estar en plena
forma y rendir al máximo en los exámenes.
Una planificación acertada permitirá
que en tiempos de exámenes el estudiante se pueda centrar
en repasar, en afianzar los conocimientos ya aprendidos,
y no en tratar a última hora, de prisa y corriendo, de estudiar
aquello que no se hizo en su momento.
En fechas de exámenes el estudiante
debe dar al menos 2 repasos a la asignatura.
El penúltimo repaso llevará
algunos días, dependiendo de la dificultad de la materia,
mientras que el último repaso se debe realizar en los dos
días anteriores al examen.
¿Cómo se planifican estos dos últimos
repasos?
Veamos un ejemplo: si entre un
examen y el siguiente hay 7 días por medio, este será el
tiempo disponible para los dos últimos repasos. Si al
último repaso hay que dedicarle 2 días, se dispondrá de
5 días para el penúltimo repaso, por lo que el estudiante
deberá cada día revisar al menos un 20 por ciento de la
materia que entra en el examen.
Lo primero que se deberá hacer
cada día es revisar rápidamente lo que vio el día anterior,
con vistas a ir consolidando los conocimientos. Si un día
puede avanzar más de lo establecido mejor (más desahogado
estará al final), lo que no se puede es incumplir el
objetivo diario.
Estos plazos sólo se podrán cumplir
si durante el curso se ha llevado la asignatura al día;
si no ha sido así resultará materialmente imposible.
En su planificación a comienzos
de curso el estudiante debe estimar de cuantos días dispondrá
antes de cada examen y en función de ellos llevar las asignaturas
convenientemente preparadas.
En los días previos al examen el estudiante
debe hacer un esfuerzo por combatir la ansiedad.
Un buen método es despreocuparse
por el posible resultado de la prueba y en cambio sí
preocuparse por hacer todo lo posible.
Debe tratar de pensar en positivo:
he trabajado, me he esforzado, he preparado el examen con
rigor, probablemente apruebe y en caso de que no sea así,
siempre tendré otra oportunidad.
Si el estudiante detecta que le
"ha pillado el toro" es preferible que el tiempo disponible
(respetando los descansos) lo distribuya de forma que pueda
revisar toda la materia que le queda, aunque sea superficialmente,
antes que estudiar muy bien una parte y no ver nada del resto.
De esta forma siempre tendrá
la posibilidad de contestar algo de cualquier pregunta, evitando
tener que dejar alguna pregunta totalmente en blanco, lo que
para muchos profesores supone directamente un suspenso.
El día anterior al examen hay que
preparar todo el material que se va a necesitar: un par
de bolígrafos (uno de ellos de repuesto), lápices, goma, sacapuntas,
calculadora, juego de reglas y compás, etc.
Hay que evitar sorpresas de
última hora (la calculadora no funciona, el bolígrafo se ha
terminado en mitad de la prueba, etc.) que aumenten el nerviosismo.
En la noche previa al examen es
fundamental descansar. No se debe "robar" ni una sola hora
al sueño ya que el cansancio puede ser un enemigo terrible durante
el examen.
Aunque el estudiante pueda
pensar que con un par de horas más aumentan sus probabilidades
de aprobado, el efecto es justamente el contrario: una hora
menos de sueño conlleva ir menos fresco, con la cabeza cargada,
lo que dificultará nuestro rendimiento.
Es conveniente la noche previa y la
misma mañana del examen realizar ejercicios de relajación.
El día del examen no se debe repasar
nada, como mucho mirar por encima las fichas resúmenes con
los esquemas de las distintas lecciones.
Ese día se debe llevar un ritmo
relajado: levantarse temprano, tomar tranquilamente un buen
desayuno, ir con tiempo al examen, sin prisas, etc.
Si el examen es por la tarde hay
que cuidar la comida, que sea suficiente pero no excesiva;
por supuesto nada de alcohol. También hay que cuidar el consumo
de café: tomar lo necesario para ir despejado, pero sin abusar.