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El liderazgo exige lograr
una visión común, que sea compartida por toda la organización.
Todo el grupo debe conocer muy bien
cuales son las metas fijadas.
Pero esta visión común no es incompatible con un estructura
descentralizada, en la que cada departamento disfrute de cierta
autonomía en la organización de su trabajo.
Ellos son los que mejor conocen su
función y cómo realizarla de la manera más eficiente.
La organización dará lo mejor de si misma cuando dispone
de cierta libertad para desarrollar su trabajo.
Además es una muestra de confianza
por parte del líder, algo que los empleados saben valorar.
Lo contrario ocurre cuando el líder
se inmiscuye hasta en los últimos detalles, coartando la libertad
de las personas, generando un ambiente muy tenso. Con esta actitud
tan sólo se consigue anular la creatividad de los empleados,
su ilusión por innovar (el empleado se limitará a hacer le que
le digan).
Entre las ventajas que ofrece un sistema descentralizado
se pueden señalar las siguientes:
Los empleados se responsabilizan
más, se favorece la toma de decisiones y el responder de
los resultados.
Es una estructura más ágil,
que reacciona con mayor rapidez ante los acontecimientos, que
puede afinar mejor sus respuestas.
Se fortalece el sentimiento de
formar parte de la empresa (cuando a las personas se les
trata con madurez responden dando lo mejor de si misma).
Para que la descentralización no sea incompatible con una
cultura común en toda la organización, el líder debe fomentar
la comunicación en todas las direcciones (descendente, ascendente
y horizontal).
Tiene que fomentar que los empleados
se conozcan, que no existan departamentos estancos. Tiene que
conseguir que el grupo comparta valores comunes.

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