Publio Clodio Trasea Peto

Publio Clodio Trasea Peto fue un senador romano recordado porque se opuso abiertamente a los excesos ridículos y autoritarios de Nerón.

"... durante el reinado de Nerón,  el íntegro Publio Clodio Trasea Peto salió del Senado hecho una furia tras escuchar una carta del emperador que justificaba el (finalmente consumado) asesinato de su madre, se negó a hacer los votos anuales de lealtad al emperador y mostró un decidido rechazo  a aplaudir las representaciones teatrales de Nerón. A consecuencia de estos y de otros "delitos", fue juzgado por traición "in absentia", declarado culpable y obligado a suicidarse..." (pag. 450, "SPQR, Una historia de la Antigua Roma", Mary Beard).

Valga esta referencia para enmarcar este artículo en los valores de la integridad y la decencia en política. Precisamente porque en los últimos días lo he echado en falta en el panorama político catalán (salvo en el caso de honrosas excepciones).

Ciertamente no se puede pasar de puntillas por la situación que está viviendo España. O se está de un lado, o se está de otro. No hay término medio. Yo tengo claro de qué lado estoy. Me resulta casi indecente tener este foro abierto y no expresarme sobre el tema. Soy consciente de que no voy a decir cosas nuevas. Pero sí voy a repetir las cosas que quiero y pienso.

Utilizaré este espacio para proclamar bien claro que Democracia no es votar.  Democracia es votar con garantías constitucionales y bajo una ley que une y obliga a todos. Denuncio el atropello de un grupo de políticos que, de una semana a esta parte, se sitúan por encima de la ley como si fueran unos iluminados tocados por el dedo de la Historia y que se ven enviados a cumplir una misión en ella que no es más que el fruto de su locura (o de sus ambiciones).

Reivindico que el Estado de Derecho tiene que defenderse frente a los que quieren destruirlo. Y reivindico que, aún con todas las diferencias, hay que "estar a una" para hacerlo. Tal y como ha dicho algún político, no hay aquí siglas que valgan.

Quiero sumarme con este artículo, también, a las voces de aquéllos que, pasando más  desapercibidos, están indignados y pasmados contemplando cómo se da un golpe de estado incruento. Y, lo que es más serio, cómo muchos lo aplauden o, en el mejor de los casos, lo ven como un mal menor.

No hay actividad parlamentaria, no importa: la ha habido pero se la han cargado por unos días. Se paraliza la vida universitaria, no importa: ya están los "cachorros de la causa" en las calles. Hay resoluciones judiciales, no importa: el fin justifica los medios. Hay una parte de población amedrentada, no importa: se les convierte en residuales.

Cuando los amotinados manchan  la inocencia de escolares y adolescentes adoctrinándolos en las aulas al grito de expresiones incendiarias de otros tiempos, algo se ha corrompido y ya no importa ni la ley, ni la democracia, ni el estado, ni la verdad. El ídolo "causa" ha podrido cualquier límite ético. 

No me sumo a las voces que reclaman diálogo. Ahora no. Porque hay una parte que ha decidido no tenerlo. Cuando el código de comunicación no es el mismo, no hay entendimiento posible: pasión y raza frente a razón y ley. El diálogo, el acuerdo y la negociación sólo pueden tener lugar cuando se plantean sin imposiciones de partida y cuando el código es el mismo.

Una cosa quiero agradecer a los "héroes de la causa catalana": que, a fuerza de hablarnos al resto de España desde sus emociones, han conseguido que yo también apele a las mías y haya rescatado, desde lo más profundo, mi amor por mi patria España, por su bandera y por su historia. Hoy la redescubro más luminosa, gloriosa, heróica y bella que nunca. Gracias.

 

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Conoce al autor

Marta Tamayo Loyo

Habilitada en Educación Social y licenciada en Filosofía y Letras (Geografía e Historia)

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