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Distintos enfoques de Responsabilidad Social Empresarial

Existen diversas posiciones teóricas que con algunos matices pueden incluirse dentro de las dos posiciones que vimos anteriormente, y otras que asumen una posición intermedia. En esta parte se describirán las principales posiciones teóricas, y se realizará una clasificación y comparación de las mismas.

 

  • Enfoque Libertario

Así como vimos en la concepción A de RSE, “…las empresas tiene una y solo una responsabilidad social, usar los recursos e involucrarse en actividades que incrementen sus beneficios…”, escrito por Milton Friedman, son representativas del enfoque de los fundamentalistas del mercado. El gran debate acerca de la responsabilidad social de los empresarios para con la sociedad, que surgió en los años 60s y 70s, esta resurgiendo nuevamente. Para los liberales como Friedman, la apelación a favor de una Responsabilidad Social Empresarial por encima de los intereses privados es una doctrina subversiva. Esta implica una sustitución del mecanismo de mercado, es decir, un reemplazo del sistema de precios como mecanismo de asignación de recursos y distribución del ingreso.

La exigencia de responsabilidad social implica coartar la libertad en la sociedad y reemplazar el mecanismo de mercado por la elección política. Friedman afirma que todas las veces que se intento reemplazar el mecanismo de mercado por otro sistema de asignación de recursos (por ejemplo, basado en decisiones políticas centralizadas), ha generado caos en la sociedad. El sistema de precios funciona de forma impersonal, automática, y continua, sin que nadie se percate de lo bien que funciona. Al olvidarnos de la utilidad de nuestro sistema de precios para la asignación eficiente de los recursos, queremos muchas veces reemplazarlo por otros mecanismos (como el político), que generalmente derivan en un fracaso.

Para Friedman, la solución a este dilema es tan antigua como el celebre teorema de la “mano invisible” de Adam Smith. A pesar de que no existe armonía entre el interés público y el interés privado, es posible que exista un contexto económico, social y moral donde cada individuo, persiguiendo su propio interés, promueva el interés general de una manera más eficaz que si quisiera promoverlo directamente.

En síntesis, Friedman afirma que la doctrina de la Responsabilidad Social Empresarial es una doctrina subversiva, porque ataca la libertad de elección de los agentes y distorsiona el funcionamiento del sistema de precios, provocando ineficiencias en la asignación de recursos. Es subversiva porque enfrenta a los empleados de la corporación ante el siguiente dilema: obedecer al objetivo empresario de maximizar beneficios o al propósito de mejorar el bienestar social. Ante este dilema, Friedman responde con el teorema de la mano invisible de A. Smith; el bienestar social se maximiza permitiendo el libre funcionamiento del mercado y evitando cualquier intervención del Estado.

 

  • Enfoque Iluminado del Self-Interest

Uno de los modelos teóricos de responsabilidad social en los negocios es el llamado modelo iluminado del self-interest. Este modelo sostiene que las acciones socialmente responsables que lleven a cabo los empresarios, recibirán una contra-prestación por parte de la sociedad en determinadas circunstancias. Esta contra-prestación se generará por los siguientes factores: mejora sustancial de la imagen pública de la empresa, que aumentará el número de compradores de los productos o servicios que esta provee; aumentará la probabilidad de que los bancos ofrezcan financiamiento a tasas más bajas; se incrementará la moral de los trabajadores, y obtendrá ventajas en atraer y retener a buenos empleados; se incrementará el número de colaboradores para la búsqueda de negocios lucrativos.

En el sentido previamente descrito, la responsabilidad social hacia la comunidad puede ser vista como una estrategia para el éxito empresario, o la maximización del beneficio.

A pesar de que las acciones socialmente responsables aumentan las tasas de ingresos esperada, éstas involucran una serie de gastos, que pueden forzar a los productores a incrementar el precio por encima del establecido por las empresas “no responsables”, o reducir el margen de beneficios, prácticas riesgosas en mercados competitivos. Es decir, la decisiones de llevar a cabo acciones socialmente responsables deben estar precedidas por análisis minuciosos de los beneficios esperados de las mismas, ya que la empresa nunca debe perder de vista el entorno competitivo dentro de la cual se encuentra inmersa.

También es importante notar que la condición esencial para que se produzca la reciprocidad comunitaria previamente mencionada, consiste en la publicidad de los comportamientos empresarios socialmente responsables. Si las acciones socialmente responsables de las corporaciones no salen a la luz, entonces es muy difícil que provoquen algún efecto en la población consumidora, y por ende, en las tasas de beneficio de las empresas.

En la actualidad, las compañías son mucho más responsables y comprometidas con el bienestar social que hace veinte años atrás. Sin embargo, esta actitud responde al interés privado de las corporaciones, y no lo hacen teniendo en cuenta el bienestar general. Este comportamiento es consecuencia de un cambio en la mentalidad en la sociedad, que le exige al mundo empresario un balance más armónico entre el crecimiento económico y el bienestar social.

A medida que en el mundo fue profundizándose y extendiéndose el capitalismo y el libre mercado, la sociedad como un todo se volvió más consciente del medio ambiente, el trabajo en la niñez, y los derechos humanos. Se puede afirmar que en un mundo más próspero, resultado del capitalismo y el libre mercado, comienzan a importar los asuntos que afectan a la sociedad como un todo, y que son muy difíciles de resolver en un país subdesarrollado.

Un ejemplo del cambio mencionado en el párrafo precedente es la actitud de los consumidores y los trabajadores. En la actualidad, los consumidores se preocupan mucho más acerca del origen de los productos que compran, y en qué medida los empresarios dueños de las marcas son responsables socialmente acerca del medio ambiente, los derechos humanos, etc. Asimismo, los trabajadores, especialmente los más jóvenes y talentosos, buscan un sentido de pertenencia con la empresa de la cual formarán parte. Por lo tanto, necesitan saber que lo que hacen en la empresa es bueno y correcto en un sentido amplio.

De manera tal que aquellas compañías que deseen tener la mejor dotación de capital humano, desearán llevar a cabo todas las actividades necesarias para ser apetecibles por los jóvenes talentos, ya que el capital humano de la empresa es uno de los factores más importantes de los cuales depende el beneficio empresarial.

En conclusión, el enfoque del self-interest iluminado afirma que las empresas deben ser socialmente más responsables, ya que la ética empresarial demostró ser en los últimos años, una variable de gran importancia en la determinación del beneficio empresarial.

 

  • Enfoque de la Moral Personal

Uno de los métodos utilizados por los teóricos para la determinación de la Responsabilidad Social Empresarial, consiste en el análisis de la estructura y la “naturaleza filosófica” de la corporación en sí misma.

Es decir, la posición con relación a la responsabilidad social de la empresa descansa, en gran medida, en lo que uno entienda acerca de la naturaleza básica de la misma y el grado en que puede ser responsable por sus acciones.

Algunos autores, basados en alguna noción de las empresas como agentes o personas morales, argumentan que las mismas pueden ser responsables morales por las acciones que llevan a cabo. Por ejemplo, DeGeorge supone que las corporaciones definidas como colectividades, “actúan”, “implícitamente”, de una manera similar a cualquier individuo. Una vez que se asume que las corporaciones son capaces de “actuar”, y que las acciones que llevan a cabo son comparables a la de cualquier persona natural; se concluye que en su accionar las corporaciones pueden ser moralmente culpables de una forma similar a las personas naturales.

Una de las principales dificultades que se presentan en este enfoque, es la determinación del nivel o grado de moralidad que conlleva una corporación, ya que sobre la base de este atributo se determinará el grado de responsabilidad social que la misma soporta. Peter French afirma que las empresas deben ser tratadas como personas morales completas, y, por lo tanto, poseen todos los privilegios, deberes y derechos acordados a las personas morales. El autor argumenta que se debe admitir a las empresas como miembros completos de la comunidad moral, y se las debe colocar al mismo nivel que un ser humano.

En oposición a los autores anteriormente mencionados, Roger Gibson y John Danley, rechazan la teoría que define a las corporaciones como personas morales. En primer lugar, Gibson afirma que no se pueden imponer sanciones morales a las corporaciones como corporaciones; es decir, se puede culpar y castigar a los individuos que trabajan, son propietarios o administran la empresa, pero no a esta en sí misma. En segundo lugar, Gibson afirma que las corporaciones no pueden ser miembros de la comunidad moral, ya que carecen de la capacidad para responder moralmente; es decir, las empresas pueden responder moralmente ante los daños sociales, pero en virtud de su estructura y funciones, actúan basadas en el interés propio, y no en el comunitario. Danley afirma que la empresa se parece más a una máquina que a un organismo, donde organismo se refiere al organismo biológico o la persona humana.

Como las corporaciones son creaciones humanas, debemos dirigir los reclamos morales hacia los operadores y diseñadores de la máquina, que son los verdaderos responsables morales, no a la máquina en sí misma. Patricia Werhane adhiere a una posición intermedia acerca de la naturaleza moral de las empresas. Werhane afirma que las corporaciones son entidades únicas, y las define como sistemas intencionales a los cuales se les puede adscribir como agentes morales secundarios.

Las empresas funcionan sólo como resultado de las acciones primarias de los individuos, sin embargo, las acciones de las mismas no puede describirse como el resultado agregado de las acciones de los miembros que la componen. Por lo tanto, ya que las empresas son capaces de llevar a cabo una actuación secundaria, son agentes morales secundarios pero no moralmente autónomos, y en algún grado, responsables de sus acciones.

En resumen, y de acuerdo a este enfoque, si las corporaciones son definidas como “personas” y “agentes morales”, entonces son responsables morales por las acciones que lleven a cabo en el ámbito social, de la misma forma que lo son las personas reales y los agentes morales.

Asimismo, Patricia Werhane adhiere a una posición intermedia afirmando que las empresas son agentes morales secundarios, y por lo tanto, no completamente responsables. Sin embargo, si las corporaciones no son definidas como personas, como afirman Roger Gibson y John Danley, los reclamos a favor de una Responsabilidad Social Empresarial requerirán de un campo distinto al de la moral personal para su correspondiente justificación.

 

  • Enfoque de las Instituciones Sociales

Las posiciones a favor del tratamiento de las corporaciones como personas tienden a trabajar, explícita o implícitamente, sobre el supuesto de que las actividades empresariales se desarrollan dentro de un “contexto social”. Este nuevo enfoque se fundamenta en la investigación acerca de la naturaleza social de los negocios, en general, y de las empresas, en particular, a fin de determinar el carácter y grado de Responsabilidad Social Empresarial. Define a la corporación como una “institución social” con responsabilidades sociales; sin embargo, el grado exacto en el cual la empresa es “social”, difiere entre los distintos adherentes a este enfoque.

Algunos pensadores parten de la tradición filosófica de la teoría del contrato social para determinar la naturaleza social de la empresa, tomando a Hobbes, Locke, Rousseau y Kant. Para Melvin Anshen, el contrato social en los negocios es un acuerdo social implícito que determina, para un tiempo y lugar determinado, los derechos y deberes de los individuos y los grupos dentro de la sociedad. Según el autor, en los primeros tiempos, este contrato social implicaba que las corporaciones debían esforzarse para la maximización de su beneficio en un mercado abierto y de libre competencia, ya que de esa manera aumentaban el bienestar de la sociedad como un todo. Sin embargo, a medida que el crecimiento económico y el progreso social se incrementaban, se generaban efectos negativos paralelos, como el daño al medio ambiente. Por lo tanto, en los años 50s, la sociedad comenzó a presionar a las corporaciones para que en su accionar, mejoren el balance entre la búsqueda de beneficios y la responsabilidad social. Es decir, se produjo un cambio en la mentalidad social acerca del entendimiento de la relación entre el crecimiento económico y el bienestar social.

Las mejoras en la salud y seguridad de los consumidores y los trabajadores, el compromiso para preservar el medio ambiente, y otros fines sociales se han convertido en objetivos empresariales casi tan importantes como la maximización de beneficios. Anshen describe esta evolución de la sociedad como el cambio en el contrato social para los negocios en Estados Unidos, es decir, el acuerdo social implícito se había modificado.

Para Norman Bowie, el contrato social es un acuerdo bilateral legítimo con términos explícitos e implícitos, sujeto a renegociaciones sucesivas, necesarias para mantener el buen funcionamiento de la sociedad. La evolución del contrato social en los últimos años, implicó una renegociación a fin de atender los problemas sociales que se generaban en el ámbito empresarial.

Otra de las ramas dentro del enfoque de la empresa como institución social, es el denominado enfoque ideológico o histórico. Para estos pensadores, a medida que la sociedad se desarrolla se generan nuevas necesidades y demandas sociales, produciéndose modificaciones en los valores sociales. En este contexto, las empresas como instituciones sociales deben contribuir positivamente, llevando a cabo modificaciones para adecuarse a este nuevo contexto histórico. Según George Cabot Lodge, la ideología basada en valores como el individualismo, los derechos de propiedad, la competencia, un estado limitado, la fragmentación y especialización científica han sido desplazados gradualmente por nuevos valores, como el bienestar comunitario, los derechos y deberes de los miembros, las necesidades comunitarias, un estado más activo en los planes de la comunidad, y la interdependencia de todas las ramas científicas.

Estos nuevos valores han exigido un cambio en el comportamiento empresarial, para adecuarse a las nuevas necesidades que históricamente experimenta la sociedad.

En conclusión, para los teóricos del contrato social, con términos implícitos (Anshen) o con términos explícitos (Bowie) así como para los partidarios del enfoque del desarrollo histórico o ideológico, la empresa es por naturaleza una institución social. Por lo tanto, como institución social, esta sujeta a los cambios que se produzcan en la sociedad, y como tal, tiene responsabilidades sociales que debe cumplir.

 

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