La importancia de cuidar nuestros pensamientos

Educar aprendiendo hoy, es una propuesta que considera importante observar la importancia de cuidar nuestros pensamientos, y poner la mejor intención a la hora de constituirnos en modelo para el aprendizaje de niños y jóvenes.

Cuando se habla de contexto, no solo se piensa en el espacio físico, sino también en el clima creado por nuestras intenciones respecto al Ser que tenemos frente.

Es decir, puedes confiar en su capacidad o no, puedes proponer que asimile los conocimientos según sus posibilidades o pretender que sólo incorpore contenidos memorizando y respondiendo luego a evaluaciones para que obtenga calificaciones satisfactorias, o puedes estar dispuestos a conocerlo interactuando con El, mirar más allá de sus conductas observables y compartir tus conocimientos intercambiando experiencias, hipótesis, etc.

 

Ejercicio nº 6

  1. Toma tus elementos para realizar los ejercicios (hojas, cuaderno, libreta de anotaciones, y lápiz o pluma).
  2. Piensa en un alumno, hijo o cualquier persona con la que consideres haber compartido algún conocimiento desde el lugar de quien tiene más experiencia y comienza a escribir confeccionando una lista sin censura de todo aquello que sientes (es bueno hacer uso de este recurso, sabes que solo lo verás tú, que nadie evalúa tu sentir, esto es puro autoconocimiento).

Una vez tengas la lista responde:

  • ¿Confías en “XX” y sus posibilidades?
  • ¿Expresaste tu confianza o desconfianza con palabras o gestos en algún momento?
  • ¿Se te ocurrió en algún momento una etiqueta tal como: travieso, celoso, distraído, disperso, holgazán, canchero, charlatán, cansador, tranquilo, atento, aplicado, etc.?

Es muy probable que en tu lista figuren algunas de estas palabras.

No te preocupes, hemos sido en general educados desde la competencia con los demás, la crítica y la comparación, entonces cuando somos maestros, profesores, padres o simplemente adultos que comparten algún tiempo con generaciones más jóvenes, tenemos tendencia a juzgar, criticar, censurar, antes que valorar, observar habilidades, descubrir su estado anímico, sentir con él.

De este modo te ubicas en el lugar del saber sin dar posibilidad de expresión sincera, sino que induces a que te den respuestas esperables para agradar y ajustarse a los códigos sociales y culturales, más que a lo que surge en verdad desde su interior.

La no expresión de las emociones y sentimientos de manera transparente, va generando conexiones neuronales que fijan esas conductas como veraces, aunque no tengan que ver con nuestra Esencia, y así llegamos luego a Educar haciendo lo mismo que nos hicieron a nosotros.

 

Ejercicio nº 7

Toma la lista que elaboraste en el ejercicio anterior y:

  1. Elabora una historia o cuento donde el personaje eres tú en edad temprana y un maestro, profesor o un adulto que elijas, tiene esa lista en sus manos y la elaboró pensando en ti (siente como esas palabras “pensadas” por esa persona te hacen sentir, ¿qué ves en su mirada?, ¿cómo se conduce contigo?)
  2. En la historia imagina un contexto, una historia antes y durante ese momento, y también lo que sucede después. Puedes dejar volar la imaginación incluso hasta 5, 10 o 20 años hacia el futuro.

 

 

Ejercicio nº 8

Si la historia anterior te agrada o no, da igual, cambia su final, lleva todo al lado opuesto y en todo momento detente a sentir y percibir las sensaciones.

Es probable que tengas ganas de abandonar este ejercicio con la excusa de que estas perdiendo tu tiempo, no hagas caso, es una mala jugada de tu Ego, que huye cuando comienza a verse a sí mismo, o bien está tan convencido de conocer, saber, tener, etc. que te induce a no detenerte a analizar sentimientos y sensaciones porque las considera triviales.

Ese análisis, esa mirada hacia ti mismo es justo lo que te ayudará posicionarte en un lugar de respeto hacia los otros, en la medida que te ves, que te descubres a ti mismo, también puedes comprender que somos diferentes, no malos, ni vagos, ni cancheros, ni buenos o tranquilos, o bien inteligentes.

 

“Somos diferentes y a la vez iguales”

¿Podrías explicar para ti mismo/a esta última frase?

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Si en este momento no lo tienes claro, deja para más tarde, levántate de tu silla, o simplemente retírate del escritorio, o donde estés escribiendo. Estira tu columna, bosteza, realiza los movimientos que tu cuerpo te pida, sal de donde estés, respira profundo, observa la naturaleza disponible a tu alrededor, tal vez es sólo el cielo soleado, nublado o estrellado, quizás estas rodeado de construcciones y ruido, no interesa, cierra los ojos y percibe que estás envuelto/a por la atmósfera, e imagina un lugar de ensueño, relaja tu mente y quédate allí muy quieto/a, cómodo/a, en silencio por un minuto o más si puedes.

Tal vez sólo puedes unos segundos, es perfecto (practica esto cada vez que sientas tu mente saturada)

 

Luego vuelve al ejercicio o déjalo para más tarde, cuando sientas que es el momento, comienza a no forzar lo que haces, dentro de lo posible.

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Conoce al autor

Isabel Gonzalez

Licenciada en Psicopedagogía- Profesora de Yoga

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