Dilemas teóricos en la investigación: ¿qué dar a conocer? Ilegalidades

Ahora imaginen que, en el transcurso de su investigación, encuentran que hay directivos que aceptan dinero de los padres a cambio de una atención "preferencial" a la hora de definir las calificaciones finales. Usted no tiene pruebas físicas (naturalmente no se llevará un registro de sobornos en directorios oficiales, ni con firmas que acrediten identidad) pero ha tenido la oportunidad de presenciarlo o escucharlo, no tiene duda alguna de que está sucediendo. ¿Qué hacer?

La opción de darlo a conocer a la policía, a la prensa o algún medio local es francamente irrisoria. Repito hasta el cansancio y entienda el futuro investigador: no somos justicieros ni moralistas, somos investigadores y como tales no estamos por encima de los protocolos que nosotros mismos implementamos. En caso de querer ir a la prensa y hacer amarillismo, aténgase a las consecuencias.

Por otro lado, incluirlo en el informe final de investigación o en una publicación es poco útil: ninguna revista científica o portal de información académico que se precie de tal publicará un artículo en el cual se acuse a una persona particular de un crímen sin ningún tipo de pruebas.

A su vez, si por una de esas casualidades llevaba un grabador o algo similar, olvídese inmediatamente: revelar información obtenida de esa forma sin una orden judicial es un crímen con todas las letras. Hablarlo con los actores involucrados tampoco es una buena idea: puede salir bien como puede salir mal, puede usted quedar como un héroe que restituye las buenas costumbres o como un metiche desterrado para siempre de la institución.

La opción más moderada (y quizá la recomendable) es comentar dichas prácticas con la pequeña comunidad institucional. Esto solo debe hacerse a partir de una lectura positiva del impacto que generaría: no olvide que se trata de seres humanos, no máquinas. Puede pasar desde que le crean, se haga una denuncia colectiva y se genere conciencia y las prácticas mejoren; hasta que descrean de usted y no le permitan más el acceso por injurioso. O que se generen rivalidades entre facciones de la misma institución, cuyo causante principal será usted y por ende el primero en sufrir las consecuencias.

Ya se habrá dado cuenta el lector que no hay recetas ni caminos claros a la hora de enfrentar dilemas éticos. No por nada se llaman dilemas. 

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