Contaminación radioeléctrica

Es el tipo de contaminación que tiene origen en los campos electromagnéticos (CEM) que nos rodean. Los CEM son una combinación de ondas magnéticas y eléctricas que se desplazan simultáneamente y se propagan a la velocidad de la luz. Cuanto más alta sea su frecuencia mayor será la cantidad de energía que transporte la onda.

Dentro de ellos se pueden distinguir las radiaciones ionizantes (capaces de romper los enlaces que existen entre las moléculas) y no ionizantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) divide a su vez estas últimas en:

  • CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS ESTÁTICOS: es decir, no variables en el tiempo. Están presentes en los sistemas electrolíticos de aplicación industrial experimental, los trenes de levitación magnética y los sistemas de resonancia magnética de los hospitales. Los campos magnéticos estáticos de alta intensidad pueden introducir leves trastornos en los latidos del corazón y un incremento anormal del ritmo cardiaco (arritmia), pudiendo llegar en ciertos casos a poner en peligro la vida de las personas (fibrilación ventricular).

 

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  • FEB ó ELF: también conocidos como campos electromagnéticos de frecuencia extremadamente baja (hasta 300 Hz.). Están presentes en los equipos utilizados para la generación, transporte y distribución de energía eléctrica de frecuencia industrial (50 Hz), en los  electrodomésticos (lavadoras, neveras, secadoras…), etc. Hay confirmadas muy pocas pruebas experimentales de la afección de estos campos, sobre la fisiología y al comportamiento humano, a las intensidades que se pueden medir en cualquier domicilio.
  • FI: son los campos de frecuencia intermedia (300 Hz - 10 MHz) que emiten las  cocinas de inducción, los dispositivos antirrobo y sistemas de seguridad, las bombillas de bajo consumo, las pantallas de ordenador, etc. Pueden inducir corrientes eléctricas en el organismo humano, produciendo excitaciones nerviosas y musculares, a partir de una cierta intensidad. Aún no hay datos sobre los efectos que tendría la exposición a largo plazo a este tipo de campos, debido a que el número de estudios elaborados hasta hoy es muy escaso.
  • RF: son campos de radiofrecuencia (10 MHz - 300 GHz.) e incluyen las ondas de radio y de televisión, las antenas y radares, la telefonía móvil e inalámbrica, los dispositivos Wi-Fi y bluetooth, los hornos microondas, etc. No hace falta decir que actualmente el uso de estas fuentes de radiofrecuencia esta muy extendido, pero si que cabría diferenciar los que operan cerca del cuerpo humano (teléfonos móviles) de los que lo hacen lejos (antenas y radares).

Los principales efectos biológicos que producen estas radiaciones no ionizantes son el calentamiento, la alteración de reacciones químicas y la inducción de corrientes eléctricas en el interior de los tejidos. La dificultad para medir las consecuencias biológicas de esta contaminación radioeléctrica, no está en saber por encima de que umbrales se producen tales efectos (esto ya se conoce), sino en esclarecer si la exposición a bajos niveles de radiación durante largos periodos de tiempo puede o no provocar determinadas respuestas biológicas e influir sobre la salud de las personas.

A la exposición doméstica a campos electromagnéticos de baja intensidad, algunas personas le han atribuido un conjunto heterogéneo de síntomas como dolores de cabeza, ansiedad, depresión, nauseas, etc. En el sector industrial, han aparecido casos de irritación ocular y cataratas en los trabajadores expuestos a altos niveles de radiación, de radiofrecuencia y microondas. Existen igualmente casos extremos de hipersensibilidad en los que pueden producirse hasta migrañas, alteraciones del sueño, crisis epilépticas, etc.

Un tema muy polémico en los últimos años ha sido la existencia o no de efectos cancerígenos por exposición a esta radiación. Ciertos estudios epidemiológicos apuntan hacia un leve incremento del riesgo de leucemia infantil, asociado a la exposición a campos magnéticos de baja frecuencia en el hogar. En el año 2001 la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer de la OMS (IARC), basándose en estudios epidemiológicos en niños, recogió sus conclusiones y clasificó los campos magnéticos de frecuencia extremadamente bajas (ELF) como posibles agentes cancerígenos, incluyéndolos en el Grupo 2B. Posiblemente cancerígeno para humanos. En el año 2011 la IARC incluyó en ese mismo grupo los campos electromagnéticos de radiofrecuencia (RF), prestando una especial atención a la telefonía móvil e inalámbrica.

Las mejoras tecnológicas que introduce continuamente el mercado de las telecomunicaciones y los electrodomésticos, y los avances introducidos en la red eléctrica y en los aparatos que consumen esa electricidad, hace que  sea cada vez menor la exposición de la población a las llamadas CEM.

Los campos de RF a la que puede exponerse una persona a la hora de hacer uso de su teléfono móvil, depende del tiempo de uso, del modelo, de lo cerca que se lo coloque de la cabeza, de la distancia a la antena mas cercana (el aparato empleará más energía cuanto más lejos se encuentre la antena, para conseguir una señal adecuada), de la cantidad de trafico de señales de telefonía que se genere habitualmente en el entorno…

Los intereses (a veces confrontados) de los diferentes agentes socioeconómicos implicados en el mundo de las telecomunicaciones, ha provocado que en los últimos años se hayan realizado bastantes estudios (experimentales, clínicos y epidemiológicos) para valorar los efectos sobre la salud de las radiofrecuencias emitidas por la telefonía móvil.

La disparidad de contenidos ha hecho que diversos organismos se hayan centrado en realizar revisiones sobre estos estudios, a objeto de valorar sus resultados, y las principales conclusiones que han sacado son:

  • Los resultados clínicos y epidemiológicos detectados, no permiten establecer una clara relación causa-efecto entre las enfermedades estudiadas y la exposición a las radiofrecuencias de telefonía móvil.
  • Tampoco los estudios realizados sobre personas que se declaran hipersensibles a los campos de radiofrecuencia que genera la telefonía móvil, han demostrado la existencia de una relación causa-efecto entre la sintomatología que presentan y su exposición a este tipo de ondas electromagnéticas.
  • Se han detectado numerosas deficiencias en la calidad de las estimaciones de exposición a los CEM, como para realizar estudios fiables, consistentes y comparables.
  • Aunque en algún estudio se detectado un leve incremento del riesgo de padecer tumores, entre los grupos de usuarios testeados con más horas de uso del teléfono móvil, las carencias y errores detectados en estos estudios impiden establecer relaciones causales. Interpretados en su conjunto, los resultados de los estudios epidemiológicos publicados hasta hoy sobre la aparición de tumores cerebrales ligados al uso de telefonía móvil, no demuestran ningún incremento del riesgo de padecer este tipo de enfermedades para un período de uso continuado de 10 años.
  • Los cortos períodos de exposición a la telefonía móvil, con los que se cuenta actualmente, y los elevados períodos de latencia de los tumores cerebrales, aconsejan continuar con los estudios a largo plazo sobre sus posibles efectos.
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