Qué aportamos con determinadas informaciones

En el tema anterior, dimos dos informaciones que traían a colación aspectos diferentes de una misma persona: Pedro. Las dos informaciones eran las siguientes:

 

Qué aportamos con determinadas informaciones

 

En la segunda información, “tiene sentido” rescatar uno de los rasgos de Pedro de los muchos que —como persona— Pedro puede llegar a tener: el de la discapacidad.

Esto es así porque la información que queremos rescatar a través de nuestro lenguaje está en relación directa con esta característica específica. 

Sin embargo, en la primera información la opinión de Pedro no tiene ninguna relación con la cuestión de la discapacidad.

Por tanto, el hecho de que sea una persona con discapacidad física no aporta nada a la información más allá de querer colocar a Pedro dentro de una categoría determinada que lo defina: “la de persona con una discapacidad” y que, de alguna forma, también limita su identidad entre esos términos.

¿Cómo podemos evitar este tipo de discriminaciones en nuestra producciones  habladas o escritas? La pregunta que debemos hacernos es “si determinados rasgos o situaciones de una persona aportan algo a la información que estoy abordando y si ese rasgo es imprescindible para que mi información se entienda”. 

En caso de que no aporte hechos relevantes para hacer llegar mi mensaje, debemos prescindir de esos rasgos o situaciones que la rodean porque estaremos promoviendo generalizaciones discriminatorias.

Fijémonos en el siguiente ejemplo y cómo se crean estereotipos por destacar datos que son totalmente prescindibles:

 

Qué aportamos con determinadas informaciones

 

¿Aporta la procedencia de esta persona algún dato verdaderamente relevante para la información? En un primer momento podemos afirmar que no, ya que la noticia y lo importante es un robo en una joyería de Madrid y los hechos que allí sucedieron.

Decir que el hombre es de origen colombiano no nos dice nada (no aporta nada) al hecho en concreto. Marcar e incidir en el origen es relacionar de forma directa a las personas de origen colombiano con acciones delictivas.

Ahora bien, habrá ahora quien sí crea que el origen de esta persona sí aporta a la información ya que desean tener datos sobre quién cometió el robo; pero ¿realmente decir que alguien es de origen colombiano nos revela datos sobre la persona en cuestión? No, a no ser que creamos que este origen implica a personas determinadas por lo que, una vez más, estaremos ante una idea discriminatoria.

De hecho, la propia construcción lingüística “de origen colombiano” no aporta ningún dato verdaderamente objetivo que apunte a una única dirección ya que una persona puede ser de origen colombiano porque su abuela lo fue, o puede ser de origen colombiano pero de padre y madre española o puede ser de origen colombiano pero ser residente y nacional en el país.

En definitiva, insistir en este “rasgo” no aporta nada a la información que estoy transmitiendo.

Mar Gallego Espejito

Licenciada en Periodismo | Máster en Género, Identidad y Ciudadanía

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